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Importante dilema fiscal para el Gobierno

Además, al financiamiento del déficit debe agregarse el financiamiento para el pago de los servicios de deuda (capital e intereses). Para esto último ha jugado un rol clave la deuda colocada dentro del propio sector público, que en parte es uso de stocks (como, por ejemplo, los fondos acumulados por ANSES antes de la eliminación de las AFJP) y por lo tanto también tiene un límite.
En 2010 vencen unos 12.130 millones de dólares (a valores de hoy), cifra elevada para cubrir, si no se cuenta con superávit fiscal primario, acceso a mercados voluntarios de deuda y stocks de activos suficientes para cambiar por deuda pública. A este contexto debe agregarse el déficit fiscal provincial, que viene en crecimiento.
En efecto, el Gobierno nacional se enfrenta a un dilema mayor. Por un lado, para evitar el no cumplimiento de compromisos de deuda, debe recuperar superávit, pero mayor superávit implica menor inyección de recursos a la economía y, por ende, mayor caída de actividad económica como efecto directo. Hasta ahora no se habían planteado estos dilemas, ya que el superávit caía gradualmente en el marco de una economía que se expandía a tasas elevadas. Ése era el momento de constituir un fondo anticíclico, pero ya pasó la oportunidad y ahora hay que actuar ante la realidad.
Variable
Para asegurar un recupero del superávit fiscal primario, el gasto público parece ser la variable que habría que desacelerar. Por ahora, sigue siendo posible hablar de desaceleración del gasto y no de caída nominal.
Una no muy abrupta desaceleración, consistente en que durante el segundo semestre el gasto público primario incluida coparticipación crezca a una tasa anual del 15%, daría la posibilidad de finalizar el año 2009 con un superávit del 1% del PBI.
Si, en cambio, el gasto creciera a igual ritmo que los ingresos durante el segundo semestre, supongamos al 10%, significaría una sustancial desaceleración (creció al 23% durante los primeros cinco meses) que permitiría alcanzar un superávit primario del orden del 1,6% del PBI para todo 2009.
Éstos son algunos escenarios factibles y sus efectos. Decidido a recuperar superávit, el Gobierno deberá encarar un reacomodamiento del tamaño del gasto que lo haga financiable, sin poner en riesgo el pago de la deuda y sus consecuencias sobre la actividad económica a través de la suba de tasas de interés derivadas de un mayor riesgo-país.


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