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Inflación descarnada y sin freno

La inflación núcleo, tal como hemos señalado en notas previas, creció fuertemente en los últimos meses, indicando que tampoco se trata de aumentos vinculados a cuestiones estacionales o de precios regulados. En promedio, la inflación núcleo fue del 1,3% mensual durante 2009 (16,8% anualizado), pero en los primeros dos meses de 2010 fue del 2,6%, es decir, el doble (mucho, en términos anualizados). Puede, sin embargo, surgir la cuestión de que la inflación núcleo contiene bienes o servicios con un comportamiento atípico que deberían segregarse del índice, porque «tarde o temprano esos precios regresarán a la media de inflación».
Si se piensa en la carne vacuna, se estaría diciendo que «en algún momento el precio de la carne va a bajar fuertemente», lo que probablemente es un error pues ignora la microeconomía del mercado de carnes. Pero, aun así, se puede «descarnar» el índice núcleo de inflación y evaluar qué es lo que resulta.
La respuesta es más o menos la esperada: la inflación núcleo «descarnada» es un poco más baja que la núcleo general en el primer bimestre (un 1,7% mensual versus un 2,6%), pero sigue siendo más alta que la del año pasado, y mide un 2% en febrero (27% anual).
Ahora bien, si la inflación «descarnada» es más baja, entonces la inflación de quienes consumen más carne y más alimentos que otras cosas es también más alta. En efecto, mientras la tasa general de inflación era en febrero del 19,7% (año/año), la tasa de inflación para Alimentos y Bebidas en el índice general era del 28,5%. Pero, a su vez, la tasa anual de inflación de la canasta básica (la que se computa para los índices de indigencia) era en ese mismo mes del 32,1%. Para marzo esperamos que la tasa anual de inflación toque el umbral del 21%, pero el capítulo de Alimentos y Bebidas superaría el 32%, y en línea con ello es de esperar que la canasta de indigencia muestre un incremento anual superior al 34%. La diferencia sería de 13 puntos anuales. Esto es lo mismo que decir que el poder de compra de las familias de menores ingresos está cayendo mucho más pronunciadamente que el del resto de los hogares.
¿Alguna conclusión respecto de las negociaciones salariales en curso? En primer lugar, que la aceleración de la inflación requiere -para mantener constante el poder de compra salarial- no sólo que los salarios crezcan al mismo ritmo, sino un poco más que la inflación para no deteriorarse (no olvidar que los salarios se cobran rezagados, y que los saldos monetarios que el asalariado tiene en su bolsillo pierden valor con la inflación). En segundo lugar, que los datos muestran con toda crudeza que la estrategia de inflar perjudica especialmente a la población más pobre, dado que los bienes de la canasta de alimentos suben más allá de las políticas de controles y prohibiciones de exportación (mejor dicho, suben a consecuencia de esas políticas de los últimos años).
Finalmente, la solución del deterioro en el poder de compra salarial no pasa por acelerar la suba salarial, sino por implementar una política antiinflacionaria. Esa solución no aparece hoy en la agenda política argentina.
* Economistas de FIEL


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