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“Intenté generar una provocación desde un argumento nuevo”
Para Pierpaolo Barbieri, joven economista y escritor argentino residente en Nueva York, “a los nazis les interesaba muy poco la ideología del régimen emergente, lo que les importaba era lograr una penetración económica que se sustentara más allá de la Guerra Civil”.
Periodista: ¿Qué lo llevó a escribir "La sombra de Hitler"?
Pierpaolo Barbieri: Busqué unir dos corrientes historiográficas divorciadas. Una, la historia social, política y cultural de España, y de los conflictos que afloran en la Guerra Civil, y que sufren 30 años de silencio. Y la otra, la que en los últimos 20 años ha reinterpretado la historia del nazismo, pero que no se planteó lo que implicaba la intervención alemana en España. Había conexiones perdidas en el tiempo, entre otras cosas porque a Francisco Franco le convenía enterrar las deudas políticas, y especialmente económicas y financieras, que tenía con el régimen nazi.
P.: Muchas veces se consideró que el apoyo a la rebelión conducida por Franco tuvo que ver con la lucha común contra el comunismo, pero usted considera que para Hitler fue inversión económica.
P. B.: A los nazis les interesaba muy poco la ideología del régimen emergente, lo que les importaba era lograr una penetración económica que se sustentara más allá de la Guerra Civil. Hitler le decía a Mussolini que prefería ir al dentista antes que tener que ver a Franco. El Führer usó la Guerra Civil como vehículo para una dominación y una hegemonía económica que se mantuviera en el tiempo. El comercio exterior español, que hasta entonces dependían del Reino Unido y de Francia, pasó a estar en su inmensa mayoría atado al Eje, y especialmente a Alemania.
P.: ¿La intención alemana fue convertir a España en casi una colonia?
P. B.: Fue el proyecto de Hjalmar Schacht, genial economista alemán. Hubo un "guerra civil" en el gabinete de Hitler. Y mi libro trata de dos guerras civiles, la de España y la interna del Gobierno alemán. Hay dos bandos. Uno es el de Göring, Himmler, Goebbels, Rosenberg, ideólogos racistas que creían en la inevitabilidad de la guerra, de la invasión, del imperio formal hacia el Este, que incluye el genocidio y la recolocación de una nueva Alemania. Es esa idea del Lebensrum, del espacio vital, la que va a ganar. Pero yo resalto el que Hitler llega al poder con una coalición de revolucionarios y conservadores, de gente que estaba enojada con el mundo por el Tratado de Versalles. Los conservadores querían una respuesta fuerte ante un tratado que no es un tratado sino una imposición. En el gabinete de Hitler hay un sector que pierde que propone un fuerte poderío alemán que se ejerza desde lo económico y la influencia, y no desde la invasión. Piensa que un retorno al colonialismo formal llevaría a una guerra que nuevamente se perdería.
P.: El caso del economista Schacht remite a otros militantes de la Revolución Conservadora que se unen a Hitler, como el escritor Ernst Jünger, el sociólogo Werner Sombart, el filósofo Carl Schmitt.
P.B.: Y junto a ellos hay empresarios como Krupp, Thyssen o Porsche, que ven en el nazismo una forma de reaccionar al avance del comunismo. La intención era llevar a Hitler hacia un clásico conservadorismo. Cuando a Schatch le pregunta la periodista estadounidense Dorothy Thompson: ¿Cree que Hitler pude gobernar Alemania? Contesta: Hitler no, pero yo sí por él y los suyos. Veía a los nazis como unos parvenues a los que se podía controlar y dirigir. Entre 1933 y 1937 no hay en Alemania persona más poderosa que Schacht, dirige el Reichbank y el Ministerio de Economía. Todas las decisiones económicas pasan por él. Pero a partir de 1938 Hitler descarta Schatch y emprende la guerra imperial y la línea recta del nazismo al horror de Auschwitz.
P.: Schatch para bajar la inflación emprende una especie de populismo, medidas económicas para abrir posibilidades económicas a la población.
P.B.: Es keynesiano antes de Keynes. Keynes en una famosa introducción de su "Teoría General del empleo, el interés y el dinero" publicada en Alemania dice que frente a incomprensión de los ingleses, muy basados en los modelos matemáticos, un estado totalitario entendería mejor lo que él está proponiendo. Esto es muy criticado por los liberales. Alemania se recupera de la depresión gracias a los estímulos financieros y fiscales que crea Schacht. Lo hace desde el área monetaria, con los "bono MEFO", impulsando grandes obras, dando créditos para generar trabajo. Sobre todo involucrados con el proyecto armamentista. Para Hitler, Schacht fue el "Plenipotenciario General" para la economía de guerra.
P.: ¿Qué fue lo que más le sorprendió?
P.B.: Descubrir un proyecto de unión europea muy distinto del que existe hoy. Desde una perspectiva contrafáctica: si Schacht hubiera ganado, la integración europea sería un universo dictatorial donde los países periféricos no tendrían ningún nivel de decisión. Me sorprendió que ya hace 70 años el mundo político estaba conectado al instante por radios, diarios, cables, agentes diplomáticos y de inteligencia. El 25 de julio de 1936 todos los actores principales, Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, EE.UU., Rusia, habían decidido qué hacer, o no hacer, en la Guerra Civil. A Hitler sus colaboradores le dicen que no se meta, a los delegados de Franco no los reciben en el Ministerio de Relaciones Exteriores, los mercados apuestan a que ganaran los Republicanos que tienen la estructura del Estado, sin embargo Hitler decide intervenir, pase lo que pase. Es una etapa donde Hitler tiene la iniciativa, hace y el resto responde. Surge de allí una dramática enseñanza histórica. La Guerra Civil española fue algo más que un velado ensayo general de la Segunda Guerra, fue el primer paso de un imperialismo que se adueña de los recursos de un supuesto aliado para su beneficio, y la iniciación de un intensión expansiva.
P.: ¿Cómo evalúa hoy su investigación?
P.B.: Como el intento de generar un provocación a partir de un argumento nuevo. La idea me aparecido cuando estudiaba en Harvard, hará 7 años. En Harvard no se pueden alcanzar honores si no se tiene un argumento nuevo. Estaba investigando sobre la Guerra Civil española, sobre cómo los nazis habían proveído a los sublevados de aviones, tanques y armamentos, y de pronto me topé con documentos alemanes que no habían sido analizados desde la perspectiva de la Guerra Civil. Mostraban cómo Schacht había orquestado el cambio de dirección de la economía de España para adueñarse de las exportaciones, de los commodities que precisaban. La correspondencia de los diplomáticos alemanes en España se parece más a la de delegados de un empresa que a la de dirigentes nazis. Le importaban más los recursos que la ideología de los falangistas españoles que veían confusa con su mezcla de nacionalismo y catolicismo. A la vez Franco, inesperado conductor de la rebelión, estaba en busca de una identidad, y frente la irreligiosidad de los nazis veía a Mussolini que había logrado un modus vivendi con el Vaticano. Franco mantiene su postura nacionalista católica porque si hubiera honrado los orígenes monarquistas de la rebelión contra la República, tendría que haber entregado antes el poder a los Borbones.
P.: ¿En qué está trabajando ahora?
P.B.: Quiero escribir sobre la falta de integración latinoamericana, cómo a pesar de tener la misma lengua, las mismas raíces españolas, latinas, la misma religión, no se ha logrado la integración con que soñaron San Martín y Bolívar . En el caso de la Argentina la equivocación de haber elegido relacionarnos con los ingleses cuando la historia iba a elegir a los estadounidenses.
Entrevista De Máximo Soto


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