1 de junio 2016 - 00:00

Irving, entre lo fantástico y el realismo mágico

Irving, entre lo fantástico y el realismo mágico
John Irving, "Avenida de los misterios" (Bs. As., Tusquets, 2016, 637 págs.).

Juan Diego decía que tenía dos vidas. Una mexicana y otra estadounidense. De esas dos vidas trata esta exuberante novela. Una comienza cuando tiene catorce años y es un "niño de la basura", un chico que revuelve el basural de Oaxaca buscando lo que tenga algún valor. Su madre, Esperanza, es una prostituta que por la tarde limpia en un monasterio jesuita. Su hermana, Lupe, un año menor, farfulla de modo incomprensible para la gente, pero no para Juan Diego, que traduce sus balbuceos. Lupe lee la mente de la gente, entiende el lenguaje de los animales, es telépata y clarividente. No tienen padre, pero se le atribuyen varios. Eso se siente Rivera, el jefe del basural, que los lleva a su casucha y los protege (siente culpa por haberle destruido un pie al chico al atropellarlo sin querer, dejándolo rengo). Otros los hacen hijos de un "gringo bueno", un desertor de la guerra de Vietnam, que murió allí, y al que Juan Diego le prometió ir al cementerio de Manila para cumplir con lo que él quería hacer. Juan Diego no tiene ninguna instrucción pero sabe leer. Fue aprendiendo de los libros que rescató de las fogatas del muladar. Y no sólo lee en español, también en inglés. Su fama cunde, y un jesuita va a llevarle libros, a conocerlo, y a rescatar a esos dos chicos y llevarlos al Hogar de los Niños Perdidos, y luego a formar parte del Circo de las Maravillas. Allí da clases el novicio estadounidense Edward, que se enamora de la travesti mexicana Flor, y juntos deciden ir a vivir a Iowa y adoptar a Juan Diego, que allí estudiará Letras, y se convertirá en profesor y destacado novelista.

Ese destacado novelista es el que 40 años después emprende el viaje a Filipinas, justificado por un ciclo de conferencias, que le permitirá cumplir con lo promesa al "gringo bueno". Juan Diego Guerrero (y a veces Rivera) tiene 54 años pero parece de 60, es hipertenso y toma betabloqueantes, los que le arrebatan la adrenalina y le impiden revivir sueños de infancia. Por el viaje se olvida los medicamentos, y vuelven sueños, alucinaciones, recuerdos. Es acosado por dos fanáticas de su obra: Miriam y Dorothy, madre e hija, súcubos y ángeles, que se dedican a darle viagra, acosar y violar a ese hombre melancólicamente feliz de recuperar fantasmas de su pasado.

En ese ir y venir, hay un derroche de historias con giros inesperados. Se pasa de una tierna crudeza al realismo mágico y de allí a lo fantástico, de la diatriba blasfema, del anticlericalismo a una fe profunda en los milagros. Confronta la Virgen de la Soledad con la amada Virgen de Guadalupe. La "Avenida de los misterios" del título homenajea a la "Calzada de los misterios" que lleva al santuario de la Virgen de Guadalupe en el D.F. de México. Y los Misterios del Rosario -gozosos, dolorosos, gloriosos- de forma agnóstica aparecen fondeando el relato.

El autor de "El mundo según Garp" logra otra novela con personajes inolvidables. Excesiva, liviana, divertida, abrumadora, entretenida, repetida en los sabrosos platos de la casa, el lector es enganchado por todo eso. Irving se quiere un Dickens contemporáneo, pero esta vez tiene de Murakami, de Rushdie, de García Márquez, y mucho de Luis Buñuel. Esta historia pensada en 1988 como guión de una película que transcurría en la India, tras visitar México Irving la transformó en novela, en su fascinación por el mundo latino, y un guiño de su militante oposición a Donald Trump.

Máximo Soto

Dejá tu comentario