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Julia Roberts se probó su sonrisa y salió al ruedo
La «Mujer Bonita» en tierras vascas: Julia Roberts recibió el Premio Donostia a la Trayectoria pero no quiso ponerse una boina por temor a despeinarse.
Ella también tardó en dejar ver su sonrisa. Cuando no sonríe es menos que la chica linda del barrio, es sólo una flaca que pasa inadvertida aunque la peluquera le haya hecho un peinado años 60 rarísimo como el de esta tarde. Pero sonríe y ahí está, es Julia Roberts, la «Novia de América», como le dicen, y mucho antes le dijeron a Doris Day, y muchísimo antes a Mary Pickford. Pero le dicen que esa sonrisa brilla como los ojos azules de Paul Newman, y se queja.
«Es curioso que lo digan. Tuve la suerte de conocerlo. Se fastidiaba si le elogiaban la mirada. Mi sonrisa es natural, no requiere ninguna destreza, no cultivo con ella el arte de la interpretación. Nací así, y forma parte de mi como los dedos de los pies o las orejas». Mentira: debió pasar horas practicando ante el espejo, pero no importa. Lo bueno es que ella misma hace reír, con chistes rápidos. Por ejemplo, sonó un celular y enseguida le dijo a Javier Bardem, que estaba a su lado, «es tu madre que te llama». O una chica le preguntó a él si estaba considerando algún cambio de planes, ahora que su mujer quedó embarazada, y ella intervino advirtiendo en castellano «¡Cuidado!».
Luego alguien quiso alcanzarle una boina vasca, regalo de la audiencia, y ella dijo «si, cómo no, pero dásela a alguien de la organización, porque éstos te atacan si te acercas demasiado». Igual no se la puso. «Después me la pruebo, debo consultar primero a la peluquera». Se perdió un aplauso.
El resto fueron casi todas respuestas estándar a preguntas estándar. «¿Crees que me han encasillado? Yo creo que he hecho una gran variedad de papeles». «Había leído el libro hace años, y un día me llamó el director para decirme que había hecho una adaptación y quería contratarme. Fuimos a comer, una comida muy rica». «No tengo estrategia, simplemente empiezo a leer un guión y ya tengo el sentimiento de querer hacer la película, o no, y cuando llego a la última página mi sentimiento no ha variado». «Lo que me hace feliz son las cosas pequeñitas, el compromiso creativo, abrazar a quienes quiero, cocinarles, filmar, esas cosas».
«De Comer, rezar, amar me encanta la escena del rezo en el baño», continuó. «Cada vez siento más responsabilidad como ser humano frente al medio ambiente. Y me obsesiona ver cómo nos tratamos, siempre con comunicaciones virtuales, ya no nos miramos a los ojos». «Entre Mujer bonita y Quédate a mi lado´me quedo con ´Mujer bonita».
Y un chiste. Cabe suponer que es un chiste: «En mis contratos siempre queda establecido que los hombres sean satélites a mi alrededor». Eso, y otra cosa que dijo cuando algunos empezaron a hacer preguntas a Bardem, Richard Jenkis y el director Ryan Murphy: «Puedo irme y volver cuando pregunten por mí».
Esa fue la conferencia de prensa de Julia Roberts como parte de la campaña de promoción europea de «Comer, beber, amar» que está haciendo en un avión de la Sony. La empresa también decidió el alojamiento en la suite real del Hotel María Cristina, con terraza propia para ella y su marido, una habitación doble para los tres hijos y las dos niñeras, y otra para el negro y el chino. Según dicen, Julia Roberts. humildemente, solo pidió que la suite estuviera comunicada con la habitación de los chicos.
A la noche recibiría el premio Donostia a la Trayectoria. Es la undécima norteamericana que lo recibe. Antes fueron Bette Davis, Claudette Colbert, Lauren Bacall, Lana Turner, Susan Sarandon, Anjelica Huston, Julie Andrews, Jessica Lange, Annette Bening y Meryl Streep. Para el acto de entrega del premio, las entradas generales salían 30 euros. Las de «zona reservada», para alcanzar a verle la sonrisa, 50. El precio habitual para cualquier función en esa misma sala es de 6.30, impuestos incluidos.
* Enviado Especial


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