20 de abril 2016 - 00:00

“La adolescencia es un lugar complejo que asimila mundos”

Que la protagonista de “Tacos altos” sea una adolescente chino-argentina le permitió a Jeanmaire “el tratamiento de un castellano diferente, fácil de leer”, pero cuya gramática “fue construida artificialmente”.
Que la protagonista de “Tacos altos” sea una adolescente chino-argentina le permitió a Jeanmaire “el tratamiento de un castellano diferente, fácil de leer”, pero cuya gramática “fue construida artificialmente”.
"Si hay un momento en que una persona se enfrenta a la verdad, a la esencia del mundo, a la decisión profunda e intuitiva de lo que se desearía ser, es en la adolescencia", sostiene el escritor argentino Federico Jeanmaire, y lo demuestra en "Tacos altos", su nueva novela, que editó Anagrama. Jeanmaire elige la literatura como un riesgo, y en su "novela china" bucea en la identidad, la pertenencia, el choque cultural, el pasaje de la juventud a la adultez en un mundo violento, a la vez que manipula creativamente la forma de contar. Jeanmaire es licenciado en Letras, profesor universitario, especialista en el Quijote, lleva escritos casi una veintena de libros, entre novelas y ensayos, muchos de ellos premiados. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Le resultó difícil convertirse en mujer?

Federico Jeanmaire:
No, no, ya lo había hecho antes. Varias veces. A nivel literario. Creo que debe ser difícil a un hombre convertirse en mujer de verdad. Literariamente me gusta, la mujer es mucho más interesante que el hombre en todo sentido. En "Más liviano que el aire" fui una vieja de 93 años, ahora una chica de 15, y me gustaron ambas cosas. La mujer tiene un mundo más complejo, más pegado a la realidad, otra historia cultural, miradas más interesantes del mundo que un varón. Esto es lo que supe a través de las mujeres que conocí desde mi madre para acá.

P.: Además, esta vez, decidió ser una adolescente chino- argentina.

F.J.:
Escribir es tomar riesgos. Cuando surgió la idea de la novela me pareció que una jugada más arriesgada aún era poner la historia en una chica de 15. Ya no era el problema de contar de una mujer chino-argentina sino de una que está en plena adolescencia, viendo el mundo y decidiendo cosas sobre ese mundo. Era el modo de meterme en una cabeza china. La adolescencia es un lugar complejo que asimila mundos, y no hay diferencia entre un adolescente chino y uno argentino como puede haberla entre adultos donde la cultura, la tradición están más conformadas.

P.: La chica Su Nuam - Sonia pasa de Suzhou a un pueblo de acá con resonancias chinas: Glew.

F.J.:
La historia surge de un hecho que ocurrió. En diciembre de 2013 hubo un levantamiento de policías que hicieron una huelga que se extendió a todo el país. Como no controlaban las calles, comenzaron los saqueos. Hubo muchos muertos entre civiles, porque la gente se defendía a los tiros. En el Gran Buenos Aires hubo un solo caso, el de un supermercado de Glew, que la prensa casi ignoró. Salieron sólo dos artículos muy pequeños y con versiones contradictorias. En una, el dueño, cuando lo atacaron para saquearlo, se había incendiado a sí mismo para no dejarse robar; en otra, los saqueadores le habían tirado una molotov provocando el incendio y él no había podido salir, y fue así. El supermercado La Plaza, estaba frente a la plaza de Glew, como en la novela. Lo curioso es que yo conozco Suzhou, la ciudad en la que se va a vivir la chica con sus abuelos, y no conozco Glew. Iba a ir cuando empecé la novela, pero recordé la idea de Borges de que no es necesario ir a los lugares, que mucho mejor es imaginarlos, y entonces imaginé Glew.

P.: ¿Cómo es eso de que conoce más Suzhou que Glew?

F.J.:
Me gustan los chinos. He leído mucho. Fui con mi hijo a China. "Tacos altos" me permitió escribir la novela china que siempre había querido escribir. Y ahí está el humo, el fuego que es capital en la cultura china.

P.: ¿Fue lo del supermercado incendiado lo que le da un intriga casi de policial a su novela?

F.J.:
A mí no me gusta el policial. Es raro porque a los escritores de mi generación les gusta. Sin embargo casi todas mis últimas novelas tienen un trabajo con el enigma muy emparentado con el del policial. En el incendio del supermercado no hay demasiada intriga porque el lector se entera pronto. La intriga que recorre la novela, y se emparenta con el policial, es una suerte de thriller humano. Y está dentro de la narradora. Cómo en otras novelas mías, cómo en "Mas liviano que el aire", la protagonista va tomando decisiones que tienen que ver con el thriller, pero que son muy personales, muy intimas. No tienen que ver con lo policial, con la acción exterior, sino con acciones interiores. Es la intriga interna de qué va a hacer, cómo va a hacer lo que quiere hacer, y eso termina develándose en la última página, como en cualquier policial.

P.: "Tacos altos" parece a veces diario íntimo, otras un monólogo o un diálogo con el lector.

F.J.:
Tomé la estructura de un diario personal. Si por momentos se vuelve profundo es porque los adolescentes lo son. Toman posición. Y en ese tomar posición hay una profundidad que el paso del tiempo hace extraño para un adulto. En mi adolescencia un problema era todos los problemas. Cada problema es lo que sos o lo que no sos. Hay una dimensión ética que se juega en la adolescencia y ya nunca más se va a jugar. Por eso elegí que tuviera 15 años la protagonista. En mi recuerdo es una época tremendamente especial, aquella en la que se está más cerca de la esencia del mundo y nos complejiza como persona, se hacen preguntas fundamentales sobre la vida, la muerte, montones de cosas. De un modo no lineal, intuitivo, uno decide lo que va a ser su vida.

P.: ¿Para su "novela china" tuvo algún referente, más allá de Cervantes?

F.J.:
Cervantina lo es en algún punto. El Quijote está armado con lenguas artificiales, y "Tacos altos" tiene una lengua artificial: un castellano gramaticalmente chino. Es muy divertido porque eso hizo que la novela sea de intriga, dado que no hay tiempos verbales el lector no sabe si eso pasó, va a pasar o está pasando. Y creo que hay algo de las novelas cortas de Mo Yan, el Premio Nobel chino, no en "Sorgo rojo" sino en la con problemas muy chiquitos, donde el blanco de la página le gana al negro, hay mucha paz en la escritura. Y, aunque no sea chino, hay mucho de Di Benedetto, en cuanto a las oscuridades de lo blanco. Pero creo que lo más interesante de mi novela es el trabajo con la lengua, el tratamiento de un castellano diferente, fácil de leer y que, sin embargo, fue gramaticalmente construido artificialmente. La lengua es fundamental para la realidad, y si se la cambia en algún aspecto, si hace un poco artificial esa lengua, ya no hay tanta realidad, hay más fantasía. La lengua es lo más poderoso que tenemos, al menos los que escribimos, los que leemos pensamos eso. Por eso hay en todos mis libros un sustraerse de la representación del habla para ubicarse en otro sitio y llamar la atención sobre lo que somos. Porque es desde la lectura de lo otro, del otro, donde uno se conoce.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

F.J.:
Estoy terminando una novela en la que son todos enanos. Es un barrio cerrado en las afueras de Miramar. Una suerte de disparate. Estoy muy contento escribiéndola. La semana que viene, por los 400 años de la muerte de Cervantes, cuatro escritores, uno para cada función del Ballet del Teatro Colón, dirigido por Maximiliano Guerra, de "Don Quijote, el soñador de la Mancha", hablaremos al público sobre alguna parte de la novela. El 26 de abril estaré comentando los primeros capítulos de la segunda parte de Don Quijote, para mí los capítulos fundamentales de esa obra que ha ocupado buena parte de mi vida.

Entrevista de Máximo Soto

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