22 de septiembre 2010 - 00:00

La ciencia, una aventura entretenida

La ciencia, una aventura entretenida
Pablo Capanna «Inspiraciones. Historias secretas de la ciencia» (Bs.As., Paidós, 2010, 235 págs.) 

«La ciencia y los científicos siguen inspirando cierto temor reverencial», sostiene Pablo Capanna, y agrega poco después que simplemente son seres humanos que ponen «toda su pasión en objetivos nada habituales y sufren una suerte de adicción a la curiosidad, y si acercamos el zoom a la historia descubrimos entre los científicos una galería de personajes mucho más fascinantes que reyes, guerreros, líderes y estadistas». Abrir en este libro una pequeña parte de esa galería es el logro de este filósofo y profesor universitario que fue hace 43 años el primero en investigar en español «El sentido de la ciencia ficción».

Capanna sostiene en el último texto de su libro «Bichos raros», que Borges, porque tenía una cultura literaria que lo ataba a la mitología, no pudo incluir en su «Manual de zoología fantástica» los animales fabulosos que salieron de la pluma de serios y prestigiosos biólogos. Capanna no descartará su amplia cultura literaria sino que la utilizará una y otra vez para iluminar descubrimientos o fraudes científicos, y a la vez partirá de hechos científicos para mostrar su atractivo narrativo, la película que está esperando la breve y aventurada vida del prodigioso matemático Evariste Galois. El autor de «Conspiraciones» hace deslizar sus ensayos como un apólogo, como un cuento divertido, aparentemente sencillo y, a la vez, estupendamente sapiencial. Puede comenzar reflexionando sobre la relación entre el «Facundo» de Sarmiento y «Las democracias en América» de Tocqueville, para pasar al gaucho, al baqueano, al rastreador, y encontrar en Calíbar el viejo oficio de buscar huellas, y esa curiosidad que lleva a detectives y científicos a hacer descubrimientos, como Roentgen los «rayos X» y Fleming la penicilina. Pero qué nos hubiera ocurrido si como Donald Johansen en 1973 encontrábamos un pedazo de fémur prehistórico en una zona rica de fósiles. Tal vez nada, tal vez patearlo y gritar gol, y a ese baqueano de la ciencia, capaz de hacer inducciones, analogías y conjeturas, le sirvió para descubrir que la posición erguida precedió al desarrollo cerebral, que dejar de ser agachados chimpancés nos llevó a convertirnos en humanos.

Capanna recuerda cómo un sueño hizo que Descartes diseñara una revolución científica. Cuenta de cómo el cero llegó a ser lo que es. Cómo un seguidor de Darwin convirtió la Teoría de la Evolución en ideología racista. Descubre algunos olvidados personajes secundarios sin los que los científicos famosos no hubieran llegado a nada. Muestra cómo el fundador de la cosmología moderna, Copérnico, previó en el siglo XV los Patacones, en un estudio sobre las seudomonedas. En síntesis, Capanna logra un libro entretenido y enriquecedor.

M.S.

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