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La cruda realidad según Mankell

No es otra novela de ese inspector Kurt Wallander, que muchos han conocido con el rostro de Kenneth Branagh en la serie de TV que transmite Film & Arts, ni otra historia de su hija, la brillante oficial de policía Linda Wallander. Es de las que se ha bautizado como «Serie Africana» donde el valioso escritor y dramaturgo sueco Henning Mankell rinde tributo a Africa, y en especial a Mozambique, su país de adopción, donde dirige el teatro nacional Avenida de Maputo, y ratifica su espíritu anticolonialista y antisegregacionista.
Si bien no es una de sus extraordinarias novelas negras, la calidad narrativa de Mankell hace que de entrada capture al lector con una historia que algunos han criticado como una fantasía de telenovela porque no han llegado a leer la nota que cierra esta contundente novela. En ella Mankell explica que es la historia de esa sueca que se convirtió en la gran madama del mayor prostíbulo de la capital de Mozambique.
En julio de 2002 un tal José Paulo se dedica a arrancar del suelo pedazos de madera podrida, del que fuera antaño el lujoso Africa Hotel, para calentarse de un frío tan grande como hacia años que no se sentía. Y de pronto encuentra un cuaderno escrito en una lengua que desconoce y solo puede entender un nombre: Hanna, y una fecha: 1905.
Es así como se comienza a conocer de Hanna Lundmark, una muchacha del interior de Suecia, cuya madre deseándole una vida mejor la envía con unos parientes que viven en la costa, un lugar donde tendrá un mejor futuro. Y como en tantas historias de emigrantes, es con un primer afectuoso o desesperado empujón que comienzan las peripecias. Y así Hanna decide embarcarse como cocinera en un barco que tiene como destino la fabulosa Australia. Pero se enferma por el camino y la bajan en la ciudad de Lourenco Marques, que hoy es Maputo. Y así terminará en «El Paraíso», el prostíbulo más famoso del territorio, y se verá rodeada de un elenco subyugante donde está el amo Vaz, dueño del lugar, «chicas» como Felicia y Belinda Bonita, el feroz bóer Prinsloo, y otros que por momentos parecieran ser parientes de algunos personajes del brasileño Jorge Amado.
Pero Mankell siempre se guarda segundas intenciones que está en el lector descubrir, y hasta solidarizarse con ellas. Como era predecible, la sueca, con su exótica belleza en medio del mundo africano, llegará a ser la dueña del famoso burdel.
«Todo lo que escribo se basa en una verdad», explica Henning Mankell, y agrega: «puede tratarse de una verdad grande o pequeña, clara como el cristal o extremadamente fragmentaria, pero siempre existe una semilla enraizada en algún asunto real que da origen a la ficción. La de Hanna es una historia así, la de una sueca que no se sabe cómo llegó ni cómo desapareció, y que hizo lo que hizo en una época en que no podía cuestionarse el colonialismo ni la superioridad de la raza blanca, y menos aún vencer a los invasores, a los opresores. Una época, en que la suerte que corría una mujer durante su vida -sobre todo si era una mujer negra- era un auténtico infierno. En el prostíbulo «El Paraíso» se enfrentan el poder y la impotencia; allí la pasión es una mercancía. Pero también es un lugar donde las vidas se entrelazan, y que me ha inspirado una historia como ninguna otra de las que he llegado a escribir».
Mankell enfrenta al lector a la cruda realidad de un mundo donde la degradación es cosa de todos los días en el perverso comercio que ilumina tortuosas historias.
M.S.


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