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La línea “Merkozy”
José Siaba Serrate Economista
¿Qué tan bueno es el plan europeo? Si se quiere escuchar una voz de aprobación, que la digan los mercados. Es justo lo que necesitaban. De ahí la suba con la velocidad del rayo. Los mercados, a decir verdad, no precisaban mucho. No en esta particular ocasión. Bastaba con sacar a (la amenaza de) Europa del medio. Y el plan es una garantía creíble de que no habrá sorpresas desagradables en el corto plazo. ¿Aun sin apostar un cañón de bazuka? Seguro. Si bien se mira, tampoco está habilitada la artillería alternativa. Y las dos opciones propuestas para aumentar su impacto -la provisión de respaldo crediticio y la amalgama con fondos de terceros a través de vehículos especiales de inversión- tienen sus bemoles. ¿Alzará vuelo algún día alguno de estos prototipos de inversión? Viene a la memoria el famoso Megafondo (o SuperSIV) que Hank Paulson, cuando era secretario del Tesoro de los EE.UU. en lo peor de la crisis, intentó una y otra vez echar a rodar y nunca salió siquiera del tablero de diseño. Sólo voló en los anuncios, fuera de la tribuna nunca tuvo sustentación. La respuesta vibrante de los mercados, por supuesto, parecería sugerir otra cosa: que el plan europeo «abrumó» con su despliegue. En rigor, fueron las palabras de Mario Draghi, próximo a reemplazar a Jean-Claude Trichet al frente del BCE, las que oficiaron de contundente respaldo. Escuchar que continuarán las compras de bonos públicos del banco central es la música de fondo que permite desdeñar cualquier pifia -u omisión- que pueda achacarse al plan. Pero se sabe que no se logró el objetivo de máxima (por el que pugnaba Francia y, detrás de bambalinas, uno imagina, también todos los demás, los que la crisis golpeó dentro de Europa y fuera de ella): que el BCE deponga sus objeciones y se sume abiertamente a la cruzada (como lo hicieron sus pares en EE.UU., Gran Bretaña o Japón). Siendo así, tarde o temprano surgirá un interrogante insidioso: si ya la FEEF montó su base operativa, cuándo será el momento en que el BCE dé las hurras, le ceda la tarea y se retire a cuarteles de invierno. Recién ahí se notará la ausencia de la bazuka. Más vale que, para ese entonces, el andamiaje defensivo esté plenamente instalado.
Demora
La capitalización de los bancos es otro bocado que apetecían los mercados. Y que Europa demoró imprudentemente. Alcanza con observar la acción de Morgan Stanley, cuyo precio trepó el 15%, para entender la magnitud de los temores. Morgan Stanley no es un banco europeo. No será capitalizado: ya EE.UU. se ocupó de hacerlo en 2008 (le inyectó los recursos del plan TARP a la par que desembarcaba el grupo japonés Mitsubishi para quedarse con el 21% del paquete accionario). Pero como cualquier entidad de primera línea, Morgan Stanley tiene negocios y exposición en Europa. Y si hay una regla en tiempos difíciles es que todo banco es una caja negra. ¿Cómo saber en cuánto puede afectarle un traspié en la región? Que obraran distintas estimaciones según se tomaran distintas presentaciones públicas de la firma (en principio, una burda confusión entre exposición bruta y neta) le pasó factura a la acción. Que se sepa que los bancos europeos reforzarán su capital, contrario sensu, proporciona un gran alivio. Como lo recordó Lehman Brothers, las relaciones bancarias son un ovillo. Dejar de tironear en Europa obra en el bien de todos.
¿Qué tan serio será el programa de capitalización sabiendo que ésta es una vacuna a la que Europa le retaceó siempre la nalga? Hay un test muy sencillo. ¿Alguien ha visto a Warren Buffet poniendo un pie en alguna institución europea? Sí aterrizó en Bank of America con el esquema de inversión que ya usó con éxito en Goldman Sachs y GE. ¿Será que Buffet desconfía de Europa? Bueno. ¿Alguien escuchó que hubiera algún otro inversor interesado aunque se llame Williams o González? La banca europea se mece al borde del abismo, pero no hay transacciones. Ni siquiera para ilustrar una anécdota. Y, es curioso, el esquema de capitalización supone primero una búsqueda de inversores privados y recién después, si fracasa, la inyección de fondos públicos. Así que habrá que leer los diarios y estar atentos. Pero si nada aparece será como de costumbre. Una de dos: o la capitalización procederá de la generación de ganancias (cruzando los dedos para zafar de los accidentes, porque si ocurre un siniestro no hay espalda para responder) o surgirá de la liquidación de activos y crédito (hundiendo el nivel de actividad). Aquí también Europa economizó. Y ya se probó que lo barato cuesta caro.
¿Cuál es el balance? Obra un alivio fundamental: se esfuma la corrida que temió Tim Geithner -como para decir que había que apartar el cáliz de una crisis bancaria en cascada- y se gana una tregua que los mercados ya transformaron en plataforma de lanzamiento de un nuevo rally. Los inversores no creen en Europa ni en sus promesas. Pero sí creen en brujas, y ya están apostando a la estacionalidad favorable de fin de año.


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