23 de marzo 2017 - 23:49

La marcha no cambiará la estrategia de Macri

Cambiemos registró ayer los efectos de la protesta docente con relativa calma. Prima estrategia por controlar la caja.

Abrazo. La marcha fue contundente en la Plaza de Mayo y alrededores. Siempre con tutela de Roberto Baradel.
Abrazo. La marcha fue contundente en la Plaza de Mayo y alrededores. Siempre con tutela de Roberto Baradel.
El Gobierno enfrentó ayer dos batallas que el propio oficialismo colocó como prioridades para comenzar el año: el inicio de la temporada de paritarias con el conflicto docente como testigo y la puja con los peronismos para terminar de definir su menú de enemigos.

La movilización de sindicalismos varios con Ctera a la cabeza a Plaza de Mayo -y sus alrededores- fue ayer masiva y contundente. No hay dudas de eso, como tampoco las hay sobre que la mayor parte de los discursos que se escucharon tuvieron poco de análisis sobre la situación docente (salvo el tema salarial) y mucho sobre la puja entre Gobierno y sindicatos que se inició con esta paritaria de los educadores.

Es lógico: Mauricio Macri, asociado con María Eugenia Vidal, no inició esta pelea porque a la provincia de Buenos Aires o alguna otra aliada le resulte imposible de financiar un aumento a docente superior al 18 % con cláusula de reajuste con inflación, como se ofreció a los bonaerenses, o porque se hubiera emperrado en no convocar a la paritaria nacional. La pelea del Gobierno es básicamente contra la inflación. Y el nivel de aumento salarial que se convalide tras esta disputa será clave para las demás negociaciones que vendrán.

Se apoyen o no los métodos del macrismo, la discusión que ayer terminó en la Plaza de Mayo y que se reiniciará con otro paro ya anunciado tiene ese objetivo clave, sobre todo para un año electoral en el que el Gobierno ha decidido que es más peligroso seguir minando el poder adquisitivo con mayor gasto e inflación que pelear por la fijación de salarios.

Tocó este conflicto en danza porque la paritaria docente no sólo es la primera, sino que tiene características únicas que la nacionalizan a pesar que los servicios educativos son prestados por las provincias, pero podría haber sido cualquier otra.

A pesar de la masividad de la marcha y la dureza de discursos como el de Sonia Alesso, secretaria general de la Ctera que desde el palco convocó al nuevo paro nacional el 30 de marzo, el Gobierno terminó el día con relativa tranquilidad en relación con el futuro del conflicto. El cotillón sindical que se vio en las calles quizás fue demasiado explícito para los padres, que por televisión siguen viendo cómo sus hijos aún no van a clases en algunas provincias, mientras que en otras sí lo hacen.

El impacto que genera la protesta es el mismo que una huelga cualquiera, en esto no debe haber confusión. Y toda huelga termina cansando a quien la padece. En este caso el Gobierno paga el costo político, pero los particulares son los principales perjudicados. Macri está confiado en que el desgaste lleva el conflicto hacia un final en el corto plazo. Los gobernadores peronistas, que en buena parte ya cerraron acuerdos y tienen las aulas abiertas, lo alientan a pensar eso.

La partidización extrema del conflicto (está claro que siempre son políticas estas batallas) también ayudó al macrismo. Mientras en la plaza se escuchaban los discursos, en la Casa Rosada se festejaban algunas declaraciones, como la del jefe de la Conadu, Carlos de Feo, cuando dijo: "No queremos que le vaya bien al Gobierno. Queremos que le vaya mal, pero que no se caiga".

El Gobierno sostiene que la ley no lo obliga a convocar la paritaria nacional, como lo piden los docentes, sólo debe fijar el salario mínimo. El año pasado se acordó fijar el salario docente con actualización automática de acuerdo al salario mínimo vital y móvil. Eso representó una suba de 20% y, a pesar de la marcha de ayer, no parece que Macri vaya a moverse de esa posición.

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