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La OTAN exhibe una inquietante división
Hillary Clinton anunció durante la reunión del Grupo de Contacto sobre Libia celebrada ayer en Emiratos Árabes Unidos que su Gobierno planea entregar a los rebeldes los fondos congelados al régimen de Muamar el Gadafi.
Ni España, ni Holanda, ni Turquía, y mucho menos Alemania, se han mostrado dispuestas a participar en las operaciones ofensivas contra el territorio libio, cada una de ellas por diferentes motivos.
«La cuestión es lo doloroso que resulta que si otros países que tienen las capacidades, no las aumenten. Si hemos llegado al punto de nombrar a países específicos es porque son los países grandes los que disponen de capacidad militar en estos momentos», afirmó ayer Gates, al cierre de las dos jornadas de reuniones de ministros de Defensa de la alianza en su sede de Bruselas.
«La OTAN es una alianza que se basa en la solidaridad de todos, los que tengan capacidad deben ponerla a disposición», agregó Rasmussen. No obstante, ni Madrid, ni Ankara ni Berlín ni La Haya se dieron por aludidos.
La ministra española de Defensa, Carme Chacón, lo reiteró ayer: «España aporta los medios estrictamente necesarios» para llevar a cabo su misión, la cual, en el marco de la resolución 1973 de Naciones Unidas, se circunscribe a la protección de los civiles y el mantenimiento de la zona de exclusión aérea sobre el país norafricano, además del embargo naval, para que no entren armas destinadas a las fuerzas pro Gadafi.
«La solicitud que básicamente estaban haciendo los aliados en relación con Libia se llama sustentabilidad de la operación. Y España ha decidido apoyar esa capacidad crítica», comentó Chacón. España aporta, entre otros medios, aviones F-18 y un aparato cisterna para el suministro de combustible en vuelo. Pero ningún medio ofensivo.
Berlín también dio un sonoro «nein» a las peticiones de Rasmussen y de Gates, Turquía lo piensa mucho y Holanda dejó claro que, aparte de sus seis aparatos F16 y un dragaminas, no participará en misiones ofensivas contra el territorio libio.
Así las cosas, la operación «Protector Unificado» podría pasar a llamarse, extraoficialmente, «Protector desunido»: de los 28 aliados, sólo 14 fueron parte en el esfuerzo propiamente ofensivo, con el lanzamiento de bombas de precisión y cohetes guiados por láser. El resto participa desde un segundo plano, sin intervenir en las ofensivas.
«Aquellos que asumen la parte más grande de la carga están cada vez más presionados», puntualizó Gates, pero nadie respondía favorablemente del otro lado de la sala en la sede de la alianza.
Francia, cuyo presidente, Nicolas Sarkozy, decidió que su país debía ponerse al frente de las primeras «ofensivas defensivas» en marzo pasado «ha dado muestras ya de cansancio», al igual que el Reino Unido e Italia, según Rasmussen.
En el otro flanco, el de la «retaguardia activa», es el que, por ejemplo, integran España y Holanda, que prestan apoyo logístico al pelotón de cabeza. El problema es que esta compleja amalgama podría terminar fragmentada.
¿Qué pasaría si los arietes de vanguardia, destinados a abrir camino, pierden su impulso? ¿Estaría el grupo de retaguardia dispuesto a tomar el relevo?
El hecho es que desde el pasado 31 de marzo, cuando se inició la operación aliada, la misión de la OTAN en Libia se parece cada vez más a una carrera de relevos, en la que el grupo de vanguardia, una vez agotado su tramo de carrera, debería pasar el testigo a un segundo grupo, que, sin embargo, no parece estar convencido de esa tarea.
Por el momento, la OTAN dispone de 90 días suplementarios para «cumplir su misión». Entre bastidores, la Alianza confía en que Muamar el Gadafi, al que Rasmussen considera «cosa del pasado», termine por marcharse. «La cuestión no es si se irá, es saber cuándo lo hará», aseguró el danés.
Pero si las cosas se tuercen y los aliados se siguen dividiendo en un grupo de vanguardia y otro de retaguardia logística, esta carrera militar que se ha impuesto la alianza hasta la caída de Gadafi podría acabar en un complejo y agotador maratón.
Agencia DPA


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