29 de julio 2011 - 00:00

La OTAN se complica más con un socio turbio e impotente

Bruselas - El secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh Rasmussen, ya admite, entre bastidores, una realidad muy incómoda: la Alianza Atlántica ha hecho su trabajo en Libia, desactivando la casi totalidad de la maquinaria bélica de Muamar al Gadafi, pero los rebeldes son incapaces de terminar la tarea extraoficial, que supone acabar con el régimen.

Aunque no se admite en público, una fuente muy próxima a la OTAN aseguró que la situación en Libia ha llegado a un empantanamiento peligroso: «Hemos destruido la casi totalidad de tanques, aviones, piezas de artillería y otros materiales bélicos de Gadafi, les hemos puesto la alfombra roja a los rebeldes para que lleguen hasta Trípoli, pero, hoy por hoy, son incapaces de lograrlo».

La guerra de Libia, que se inició en marzo con el fin inicial de proteger a la población civil atacada por las fuerzas del líder libio, bajo el amparo de la Resolución 1.973 de Naciones Unidas, lleva camino de convertirse en crónica.

Lo que prometía ser un «paseo militar» sencillo, una ofensiva aérea relámpago, se prolonga en exceso, se admite entre bastidores en la sede de la OTAN en Bruselas.

La cacofonía entre los aliados, en el marco de la operación internacional «Protector Unificado» es patente, y las diferencias se ahondan cada día, a medida que el cansancio de los tres principales actores en las ofensivas aéreas: Reino Unido, Francia e Italia dan mayores muestras de debilidad y hartazgo.

«A muchos socios les gustaría ver un mejor reparto de la carga» (de las operaciones militares ofensivas, aseguró hace pocas semanas Rasmussen.

Mientras desde el cuartel general de la operación internacional aliada en Nápoles se emite cada día el «parte de guerra» -con un relato pormenorizado de objetivos alcanzados, misiones de combate realizadas o edificios destruidos-, la guerra de Libia comienza a adquirir un tinte de rutina en la cual, sin embargo, Gadafi, acusado de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional (CPI) y buscado por la Justicia internacional, se mantiene incólume.

El pasado martes era el canciller británico, William Hague, quien no descartaba -al igual que Francia- que Gadafi pueda permanecer en su país si deja el poder, en un gesto de abierto desafío al fiscal jefe de la CPI, Luis Moreno Ocampo, quien exige la extradición del líder libio a La Haya. El miércoles Hague dio un paso más en dirección al reconocimiento de la legitimidad de los rebeldes.

Downing Street reconocerá al órgano de gobierno de los rebeldes que combate al régimen de Gadafi, el Consejo Nacional de Transición, como «la única autoridad legítima» de Libia. En este sentido, Londres ha pedido al Consejo de Transición que designe a un representante para hacerse cargo de la Embajada de Libia en la capital británica.

A pesar de que en un primer momento la coalición de voluntarios en Libia, una iniciativa del presidente francés, Nicolas Sarkozy, cuyo país inició las primeras «ofensivas defensivas», mostró aparentes signos de unidad, resquebrajada pocas semanas después por la negativa estadounidense a llevar el protagonismo de la operación, transcurridos casi cinco meses, las nuevas disonancias podrían poner en riesgo la solidez de esta difícil amalgama internacional.

La realidad es más compleja e incluye al menos tres escenarios, según expertos militares citados por la prensa belga.

El primero de ellos, el preferido en Bruselas y Washington, sería que los rebeldes lograsen capitalizar el grave daño causado al aparato bélico de Gadafi y que ellos mismos lograsen desalojar del poder al líder libio.

El segundo es que una hipotética nueva resolución de Naciones Unidas -o una interpretación muy laxa de la 1.973- contemplase la hipótesis de un despliegue de tropas de tierra, un escenario que nadie desea en el fondo. Y el tercero contempla una relajación del actual embargo de armas, por vía marítima, para abastecer de material a los rebeldes y darles un empujón decisivo en su ofensiva contra Gadafi.

El hecho es que, como aseguró el miércoles un editorial de la radiotelevisión pública flamenca VRT, la OTAN -y por extensión la comunidad internacional- «se han metido en un complejo avispero cuya salida no parece estar cerca».

Agencia DPA

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