2 de mayo 2012 - 00:00

“La paridad con las mujeres desconcierta a los hombres”

Eleonora Wexler es la mujer rebelde y pasional de «Las descentradas», pieza de 1929 de la periodista, dramaturga y militante anarquista Salvadora Medina Onrubia, más recordada por su matrimonio con Natalio Botana.
Eleonora Wexler es la mujer rebelde y pasional de «Las descentradas», pieza de 1929 de la periodista, dramaturga y militante anarquista Salvadora Medina Onrubia, más recordada por su matrimonio con Natalio Botana.
En «Las descentradas», pieza de 1929 que se exhibe en el Teatro Regio (Córdoba 6056) la actriz Eleonora Wexler interpreta a una mujer rebelde y apasionada que se burla del matrimonio y critica con lucidez el pobre rol que juegan las mujeres en una sociedad prejuiciosa y patriarcal, aun cuando ella misma no puede superar dichas limitaciones.

Su autora, la periodista, dramaturga y militante anarquista Salvadora Medina Onrubia (1894-1972) sigue siendo más recordada por su tumultuoso matrimonio con el magnate Natalio Botana (fundador del diario «Crítica») y por su activismo político, antes que por sus méritos de dramaturga. Hasta hace poco sólo se la citaba como abuela de Copi (el escritor e historietista Raúl Damonte Botana), creador de la tira cómica «La mujer sentada» y de numerosas piezas teatrales, entre ellas «Cachafaz» y «Una visita inoportuna».

Recién en los últimos años ha comenzado a exhumarse la producción teatral de esta interesante autora, que alguien apodó «la Victoria Ocampo de los anarquistas». Cabe recordar que en 2008 se conoció una atrayente versión de «Las descentradas» en Puerta Roja, con dirección de Adrián Canale. La nueva adaptación pertenece a la directora Eva Halac y reúne a un numeroso elenco.

Wexler define la pieza como «un melodrama, una historia de amor que fracasa», con una heroína «que busca su libertad replanteándose varias cosas: la edad, las instituciones y el lugar de las mujeres». La actriz también anticipó a este diario su inminente participación en «Graduados», la exitosa tira que encabezan Nancy Dupláa, Daniel Hendler y Luciano Cáceres por Telefé. «Este va a ser un año muy teatral. Sólo haré pequeñas participaciones televisivas. Cuando grababa Un año para recordar tenía las funciones de Descenso del Monte Morgan. No estaba nunca en mi casa».

Periodista: ¿Investigó mucho en la vida de Salvadora?

Eleonora Wexler: Lo que leí me resultó apasionante. Pero no quise tomar su vida como premisa porque me iba a dificultar la construcción del personaje. Elvira Ancízar tiene algo de la autora, pero creo que su verdadero alter ego es Gloria, la amiga que se atreve a cambiar de vida para dedicarse a la escritura. Pero, en su caso, con el alto costo de que le quiten los hijos por haber abandonado a su marido.

P.: ¿Cómo explica usted que luego de proclamar sus ansias de independencia y de igualdad de oportunidades, Elvira termine soñando con plancharle los pantalones a su amante?

E.W.: Sí. Es cuando le dice a su amiga: «¿Vos creés que voy a seguir siendo una descentrada? Voy a tener el talento supremo de ser insignificante, quiero ser feliz». Ella está desilusionada de su matrimonio y odia a su marido, al que ella misma denunció secretamente a la prensa por sus negociados como Ministro. Pero cuando se enamora del periodista, que tiene una cabeza muy parecida a la de ella, se vuelve frágil y pierde todo su sarcasmo. Se entrega a él sabiendo de antemano que la historia no puede terminar bien, porque es el prometido de su amiga y ahijada. Elvira es una mujer que ha perdido el rumbo. Es pura contradicción y eso la convierte en un personaje maravilloso.

P.: Hoy sorprende lo obsesionada que está con la edad a sus 30 años.

E.W.: (recita) «Ser joven, ser bella, ser amada es la única misión, lo único hermoso que nos da la vida y la misma vida nos lo va quitando. Hoy una cana, después una arruga y el triunfo de vencerlas por una hora, por un segundo, pero vencerlas». Mire que actual es este discurso. Después agrega: «Si yo fuera hombre sólo me enamoraría de una mujer marchitándose».

P.: No sé si creerle. Tiene un discurso muy bipolar.

E.W.: Ella se rebela contra el lugar que ocupa la mujer en ese momento y declara: «A pesar de ser mujer, me permito el lujo de tener ideas». Pero no se anima a romper con todo, como hizo su amiga Gloria. Está desesperada y no sabe cómo hacer para vivir libremente.

P.: Y el amor le quema todas sus teorías y banderas...

E.W.:
Algo así. Después de diez años de vivir en la desesperación y sin hijos, Elvira se enamora por primera vez y prefiere no pensar en nada, porque teme por su futuro.

P.: Por otra parte, discrimina a las feministas, a las que trata de marimachos, y considera vulgares a las amas de casa. ¿Usted cree que las mujeres de hoy se llevan mejor entre ellas y también con los hombres?

E.W.: Las cosas han cambiado mucho y creo que hay una gran solidaridad entre las mujeres. Hoy ocupamos un lugar muy sólido, salimos a trabajar y muchas veces sustentamos el hogar. Estamos a la par de los hombres y eso los desconcierta. Ellos tienden a colocarse en un lugar más pasivo, no terminan de entender este reposicionamiento de la mujer. En la familia, ella es la distribuidora de roles, la que organiza e indica lo que convendría que él hiciera. Con respecto a los hijos, la madre es la que se ocupa de todo.

P.: ¿Y en su caso particular?

E.W.:
Tengo una hija de 8 años y por más ocupada que esté con tira televisiva y teatro, la que mira el cuaderno de comunicaciones y revisa la tarea sigo siendo yo; aunque sean las tres de la mañana. Yo adoro mi trabajo y felizmente puedo vivir de él; pero a veces se hace difícil tener que ir a negociar el atraso de una grabación porque tengo una reunión de padres en el colegio de mi hija.

Entrevista de Patricia Espinosa

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