21 de enero 2009 - 00:00

La Patagonia, una librería temática

Aunque hay muypocas librerías, enEl Calafate sevenden libros entodas partes, porlo generalobsesivamentetemáticos, por loque el que quiereleer una novela,debe llevarlaconsigo.
Aunque hay muy pocas librerías, en El Calafate se venden libros en todas partes, por lo general obsesivamente temáticos, por lo que el que quiere leer una novela, debe llevarla consigo.
  
  • El Calafate, Santa Cruz-En la Patagonia hay pocas, muy pocas librerías, pero los libros se venden por todas partes. Eso sí, por lo general son obsesivamente temáticos, fácilmente chauvinistas, calculados para abastecer a los turistas en sus diversas inquietudes y targets, así que si uno quiere tener momentos de esparcimiento con una novela conviene partir con ella.

  • Quien visita la ciudad de Calafate (en realidad la mayoría lo hace porque es sólo el paso ineludible para ir a ver el portentoso Glaciar Perito Moreno) comienza a ver libros por todas partes desde su llegada. Los ve en el quiosco del aeropuerto (cosa habitual), después en las dos librerías de la ciudad (algo obvio), en el magnífico bar literario Borges y Alvarez, donde se pueden hojear, leer y comprar libros (algo no tan singular, pero siempre agradable), luego en los quioscos, en los drugstores y alguno en el supermercado La Anónima, hasta los hoteles ofrecen y venden libros a sus huéspedes. A esa altura uno ya no se asombra de que aparezcan en casas de ropa, de bebidas y gourmandisses, en ferias artesanalesy, muy especialmente, en tiendas de souvenirs.

    Es que, en un lugar que se ha ido desplegando especialmente por y para el turismo internacional, que ha saltado en pocos años de 6.000 a 23.000 habitantes estables, los libros buscan abastecer a los visitantes (los turistas extranjeros son muy lectores, y si no andan con un libro en la mano, lo llevan en la mochila).

    Los múltiples e insospechables lugares donde hay libros en El Calafate ofrece muy poca literatura, muy poca ficción, pocas novelas y cuentos, todo trata sobre la zona o la región, todo el material ofrecido tiene como centro la Patagonia.

    Para los que buscan información, en mesas y estantes hay guías, libros para avistajes de aves, para reconocimentos de plantas, de flores y de animales, mapas, ensayos históricos, tratados sobre los aborígenes. Allí están desde el « Manual del Lago Argentino y el Glaciar Perito Moreno» de Miguel Alonso, que tiene ediciones en español, inglés, francés, aleman e italiano, a « Comer en Patagonia» de Bonifacio y Ferret, en español e inglés, que trae mas de 150 recetas, platos típicos y guía de restaurantes de la región sur e incluye datos sobre la alimendeltación de las distintas comunidades indígenas. La mayoría de esas obras están en español e inglés o tienen ediciones en diversos idiomas.

    Junto a los libros para informarse, documentarse, recorrer, están las obras para el recuerdo, para documentar el viaje, para llevar de regalo. Ese sector abarca de los más diversos libros de fotos, que cubren tanto la Patagonia en su conjunto como los detalles que la destacan en el mundo: el glaciar, las ballenas, los pingüinos, las estancias, la estepa, los cerros y lagos, a conjunto de postales con breves comentarios. Hay libros de fotos que tienen un cartelito que indica su precio: 100 dólares.

    Un sector que sorprende especialmente al visitante argentino es el de los libros que no se encontrarían en otros lados, por lo pronto en librerías de Buenos Aires, obras que se pensaban agotadas o editoriales que se consideraban desaparecidas hace tiempo (por caso, la editorial El Elefante Blanco, que allí exhibe un desconocido y amplio catálago de títulos), se encuentran libros que pasaron inadvertidos (por caso el imperdible «Hacia los confines del mundo», de Harry Thompson, publicado por Salamndra).

    Los clásicos que en la ciudad de Buenos Aires muchas veces resultan difíciles de conseguir, allí están y en más de una versión, en más de un formato, en más de un idioma. El libro que impulsó el interés mundial por nuestro Sur, «En Patagonia» del británico Bruce Chatwin, está en la cuarta edición de un editorial criolla, y en su edición inglesa, francesa y alemana. En el mismo género están los del norteamericano Paul Theroux y los del chileno Luis Sepúlevda.

    Muy cerca se aposentan los volúmenes de «La Patagonia Rebelde» donde Osvaldo Bayer relata las huelgas reivindicativas socialistas y ácratas de 1920-1921, que sirvieron de base a la película homónima de Héctor Olivera. La presencia de esos libros en El Calafate es muy comprensible, dado que allí ocurrió la represión final de ese movimiento sindical, en la cercana estancia La Anita. Lo que impresiona es que en las mesadas junto a «Los vengadores de la Patagonia Rebelde» de Bayer se encuentren los libros que fueron antecedentes de las obras investigador e historiador argentinio germano, como los también polémicos «La Patagonia trágica» de José María Borrero o algunos apuntes al respecto que colocó en « Prontuario» y en «La tierra maldita» Liborio Justo, el hijo troskista del general Agustín P. Justo.

    Se encuentran allí mismo textos sobre los pioneros de los más diversos orígenes. Es interesante, por caso, «Go Patagonia» de Roy Centeno Humphreys, novela sobre la llegada de los galeses a nuestro país, y es imposible escapar a la fascinación de aquellos otros pioneros que traían una escandalosa fama, aunque en la zona se convirtieran momentáneamente en simples y apreciados estancieros, como se lo cuenta en «Buscados en la Patagonia» donde Mario Gavirati describe la historia de Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place (que tienen su museo, y hasta su calle, en Texas y le falta por lo menos uno en Bariloche) o se encuentra en el stand de un artesano, que además ofrece libros, la fotocopia del artículo «Elena Greenhill, la inglesa bandolera de la Patagonia» de María Argeri.

    Es fácil detenerse en los numerosísimos relatos de viajeros (la mayoría de los que observan esos libros en Calafate, lo son), donde están desde los fascinantes Diarios de Darwin a «The whispering land» del naturalista Gerald Durrell (hermano del novelista Lawrence Durrell que hace medio siglo supo vivir como cónsul en Córdoba), desde «Viaje a la regiones septentrionales de la Patagonia entre 1862 y 1863» de Guillermo Cox a «Relato de viaje» de Ernesto Giorgolione, diario de su recorrido patagónico en un viejo Dodge.

    La gran mayoría de estos libros están hechos por pequeñas editoriales lugareñas o son «edición del autor» (hay, es obvio, algunos que provienen de grandes editoriales internacionales con base en Buenos Aires: Planeta, Emecé, Sudamericana, Norma, Galerna, Corregidor, Alfaguara, Elefante Blanco), pero hay una editorial regional que se destaca ampliamente por su producción: «World's End Zagier & Urruty Publications» que se presenta como «la editorial de libros y mapas más al sur del planeta» por estar «en la ciudad más austral del mundo», en Ushuaia, Tierra del Fuego. Los emprendedores Sergio Zagier, que se declara historiador aficionado, y el periodista Darío Urruty, han publicado, por lo bajo, un centenar de libros,mauales, guías, (muchos de ellos en dos ediciones, una en inglés y otra en español) todos sobre temas patagónicos. Tienen de «Viajes del Adventure y el Beagle» de Robert Fitz Roy, en cuatro volúmenes, a «El límite de las mentiras» de Gerado Bartolomé, sobre la aventrurera vida de Francisco P. Moreno, o el «Diccionario Shelknam, de indígenas de Tierra del Fuego» y el «Diccionario Tehuelche» de José María Beauvoir, o el «Mapa Campo de Hielo Sur y Fitz Roy» para poder «hacer trekking en El Chalten, los cerros Fitz Roy, Torre, Huemul, Lagos del Desierto, Viedma y Hielo Continental».

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