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La paz social, en serio riesgo
Ambas formaciones pagaron un elevado precio por haber apoyado el ambicioso y durísimo plan de rescate impuesto por la Unión Europea (UE) para mantener el país en la eurozona.
«Hemos estudiado el programa de los partidos y vamos a votar al que robe menos», ventilaba su frustración una joven pareja veinteañera en una terraza del barrio popular ateniense de Dafni antes de ir a las urnas.
Es una realidad visible que muchos ciudadanos están decepcionados y airados con la «cleptocracia» de los políticos en las últimas décadas, que llevó al país a la bancarrota, un proceso que sólo podrá evitarse si llegan a tiempo los fondos de los prestamistas internacionales, principalmente la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Este desencanto trasladó el voto que recibían tradicionalmente socialistas y conservadores a formaciones más pequeñas, desde la extrema izquierda a grupos de extrema derecha, entre ellos el neonazi Amanecer Dorado, que debutará en el Parlamento. El temor generalizado es que el nuevo Gobierno, sea del color que sea, recorte salarios y jubilaciones, y reduzca aún más las prestaciones de salud, que ya son precarias por las duras medidas de austeridad introducidas en los últimos dos años.
Para muchos observadores, la ira ciudadana está plenamente justificada cuando se analiza la conducta del vencedor virtual de los comicios de ayer, Antonis Samarás, líder del conservador Nueva Democracia, quien juró antes de ir a las urnas que no formaría Gobierno con los socialdemócratas del Pasok.
Pero cuando aún no se había confirmado ayer el escrutinio oficial definitivo, Nueva Democracia ya adelantaba que estaba dispuesta a negociar un Gobierno de coalición -casi con cualquiera- al ver que no le bastará el apoyo popular para gobernar en soledad.
El desconcierto y la desazón por el empobrecimiento de la población, cuando Grecia se encuentra en el quinto año de recesión, fueron palpables en estas elecciones.
También en Bruselas y entre otros socios comunitarios habrá poco motivos de alegría con unos resultados electorales que invitan a reflexionar seriamente sobre la dura estrategia impuesta de austeridad a toda costa para salvar a Grecia de la quiebra.
Cuando aún estaba fresca la tinta de las últimas boletas depositadas ayer por una ciudadanía iracunda, que ha visto menguar sus ingresos mediante elevados impuestos y recortes, quedaba meridianamente claro que la inestabilidad política seguirá siendo una compañera inseparable del futuro Ejecutivo.
Sin una mayoría cómoda y con unas nuevas medidas de ahorro del orden de 11.500 millones de euros que debe aplicar Grecia en junio para cumplir con el plan de austeridad programado por las entidades internacionales, la frágil paz social está seriamente amenazada.
La frustración por el castigo recibido en las urnas también era fácilmente visible en las filas de los socialdemócratas del Pasok. Su líder, Evángelos Venizelos, declaró ante las cámaras de televisión: «Hemos defraudado al pueblo en nuestro esfuerzo para mantener a Grecia en la Unión Europea y la eurozona».
Agencia EFE


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