15 de marzo 2012 - 00:00

La peste moderna, desde la mirada de Edipo Rey

Analía Fedra García: «Berkoff parece acusar de hipócritas a los que censuran un amor prohibido habiendo tanta gente que mata y asesina».
Analía Fedra García: «Berkoff parece acusar de hipócritas a los que censuran un amor prohibido habiendo tanta gente que mata y asesina».
Aunque no lo parezca, es pura coincidencia que a pocas semanas del estreno de «La Dama de Hierro», y con el tema Malvinas otra vez en efervescencia, vuelve a la escena porteña «Greek» (también conocida como «A la griega»). Se trata de uno de los títulos más incendiarios del actor y dramaturgo inglés Steven Berkoff, entre cuyas piezas se destacan «Decadencia», «Kvech» y «¡Hundan el

Belgrano!»
(ésta última estrenada en Londres cuatro años después de la Guerra de Mal

«Greek» es la traslación del «Edipo Rey» de Sófocles a un mísero suburbio londinense de 1980, hundido en la desidia y la corrupción. A diferencia de la trama original, el culpable de estas desgracias no es su protagonista sino la ex primera ministra Margaret Thatcher. El autor la acusa de haber generado toda clase de pestes sociales, tanto en Gran Bretaña como en el resto del mundo. Berkoff le dio un giro muy provocador al mito, liberando a este nuevo Edipo de su destino trágico a través de un curioso «happy end»: el héroe termina asumiendo un compromiso social que lo libera de toda culpa. «Greek» fue traducida por Rafael Spregelburd y cuenta con dramaturgia de Ingrid Pelicori (una de las protagonistas) y de Analía Fedra García, directora de la obra. Completan el elenco Roxana Berco, Horacio Roca y Martín Urbaneja. El estreno será el próximo sábado en el Centro Cultural de la Cooperación.

García ha estrenado anteriormente «Chiquito» de Luis Cano (tres años en cartel), y «El nombre» del dramaturgo noruego Jon Fosse. Dialogamos con ella:

Periodista: Era un momento más que propicio para estrenar «Hundan el Belgrano» ¿Por qué eligió «Greek»?

Analía Fedra García: La va a dirigir otra directora. Ahora no recuerdo el nombre, sólo sé que Monina Bonelli va a hacer de Thatcher. En cuanto a «Greek», yo arranqué con este proyecto dos años atrás y recién ahora pude armar el elenco. No pensé que iba a coincidir con el estreno de la película sobre Thatcher y los 30 años de la Guerra de Malvinas. Me pareció un texto extraordinario que exige un intenso trabajo actoral, a diferencia de otras obras contemporáneas que son puramente discursivas. A mí me gusta el teatro con una fuerte implicancia corporal y esta obra es ideal para eso. También son un gran desafío para el elenco los distintos registros de lenguaje. Hay escenas que emulan el lenguaje de los trágicos griegos o suenan shakesperianas y todo eso se mezcla con expresiones absolutamente procaces. Entonces el intérprete tiene que andar fluctuando entre lo más elevado y sublime, de una poética muy delicada, y al segundo debe pasar a la grosería más grande. Hay canciones, partes en verso. La obra exige un trabajo musical y rítmico en todas sus partes, por eso trabajamos el diseño coral de voces con Miguel Angel Pesce.

P.: ¿Cómo definiría a «Greek»?

A.F.G.: Creo que ante todo es una historia de amor.

P.: De amor incestuoso. Cuando Edy descubre que su esposa es en verdad su madre biológica reivindica esa unión.

A.F.G.: Lo que reivindica es el amor y lo contrapone a todos los mecanismos destructivos de la sociedad. ¿Quién es quién para decir que tal y tal no pueden amarse? Esa es la provocación del autor, llevar las cosas al extremo. Ante tanta violencia y destrucción, mejor es amar. Es una potencia vital. Berkoff parece acusar de hipócritas a los que censuran un amor prohibido habiendo tanta gente que mata y asesina.

P.: ¿Mantuvo la obra en su contexto original?

A.F.G.: No tenía sentido trasladar la acción a nuestro país. Es al revés, el texto funciona porque transcurre en Inglaterra. Hubo cambios poco significativos. Por ejemplo, cambié una marca de detergente, aquí desconocida, por la expresión «jabón en polvo». La era Thatcher y todo lo que ocurrió en los 80 es algo que para nosotros sigue teniendo mucha resonancia y hay un fuerte paralelismo con lo que pasaba acá en la misma época.

P.: Berkoff desprecia a los ciudadanos ingleses y los describe como zombies, siempre alcoholizados y mirando videos.

A.F.G.: Pero también dice que la peste es universal y que aún hoy la llevamos dentro. Esa peste contemporánea él la ve en el maltrato a los niños, el desprecio por las mujeres, la violencia en el fútbol y en actitudes fascistas. La peste no se desata porque el protagonista asesinó al padre y tomó por esposa a la madre. La peste ya estaba instalada desde antes. Cuando Eddy progresa en su restaurante y empieza a dar de comer abundantemente por menos plata, lo hace en contra de los estafadores que especulan con el hambre de los otros. La clave es que él va por el amor, la construcción y lo creativo, mientras que el resto de la sociedad va por el lado destructivo: la especulación, la explotación laboral, el querer arruinar al otro y poner palos en la rueda. Berkoff critica la clase trabajadora británica, a través del padre adoptivo de Edy, un jubilado tan destruido por el trabajo que termina teniendo actitudes racistas y reaccionarias. Despotrica contra la política laboral del gobierno y a la vez está totalmente sometido al modelo Thatcher, un modelo que después se exportó a otras partes del mundo. Por eso la pieza tiene tanta actualidad.

Entrevista de Patricia Espinosa

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