13 de abril 2016 - 00:00

“La realidad es inspiradora pero yo no me ato a ella”

El nuevo libro de Sergio Olguín, “No hay amores felices”, es la tercera parte de la saga policial protagonizada por la periodista Verónica Rosenthal.
El nuevo libro de Sergio Olguín, “No hay amores felices”, es la tercera parte de la saga policial protagonizada por la periodista Verónica Rosenthal.
Una periodista que descubre los causantes de los crímenes que investiga, una treintañera que pelea por su vida, que tiene el idealismo que lleva a su profesión a buscar la verdad y denunciar lo que está mal, ha hecho que Sergio Olguín escriba "No hay amores felices", tercera parte de la saga policial protagonizada por Verónica Rosenthal, que publicó Suma de Letras.

Sergio Olguín, que estudió Letras en la UBA, tiene una extensa carrera como periodista, fundador de revistas, jefe de la sección cultura, jefe de redacción, y columnista, en otras. Con "Oscura monótona sangre" ganó en 2009 el Premio Tusquets de novela. Luego de varios elogiados libros de cuentos, infantiles y novelas, se pasó al policial con "La fragilidad de los cuerpos", donde aparece por primera vez Verónica Rosenthal, cuyas aventuras continuaron en "Las extranjeras", novelas que han sido traducidas al alemán, francés e italiano, con repercusión en España. Mientras revisa el guión de "Oscura monótona sangre", que dirigirá Daniel Barone, con Julio Chávez como protagonista, y planea la adaptación como serie de "La fragilidad de los cuerpos", dialogamos con Olguín sobre el nuevo aporte a la exitosa saga de Verónica Rosenthal.

Periodista: "No hay amores felices" tiene un principio impactante que recuerda a los de las películas de Tarantino.

Sergio Olguin:
Se inicia con tres historias. En la tercera el fiscal Federico Córdova participa de un operativo antidrogas a un camión frigorífico, el chofer se suicida, y en el interior encuentran cuerpos humanos trozados. Y en la primera historia, cuando Darío vuelve de vacaciones con su exmujer, su amada hija Jazmín, su suegra, y su cuñada con su hija, su auto es embestido por un camión de combustible que explota. A él logran salvarlo. Y como entre los restos no se encuentran los cuerpos de su mujer y su hija él se lanza a buscarlas. Me gusta lo espectacular del cine. Y que la novela entre por todos los sentidos. Lo bueno de los escritores es que no necesitamos presupuesto: puedo romper todos los camiones que quiero sin que venga un productor a decirme: aflojá con los muertos y los camiones. Y busco comienzos que inciten a la lectura.

P.: ¿Cómo surge su protagonista, una periodista atractiva y corajuda colaborando con la Justicia?

S.O.:
El periodismo argentino tiene muchos periodistas de investigación que se animan a investigar cosas complicadas. Hombres y mujeres. Yo quería una mujer que se comportara frente a su profesión con la idea de que el periodismo es una búsqueda de la verdad para que el sistema haga justicia. Verónica Rosenthal busca saber qué ocurrió realmente y quiénes son los responsables. Es valiente, se anima a todo. Es inteligente, y muy frágil en lo afectivo. Nunca sabe bien qué hacer. Se enamora, se desenamora. Sufre de manera muy fuerte sus asuntos personales. Se confunde, actúa mal. Todo lo que hace bien en el periodismo, lo hace de modo más complicado en su vida diaria. Si fuera sólo una heroína que investiga y resuelve los crímenes sería menos interesante, la vuelve atractiva que una la dureza y perfección al trabajar con la fragilidad en su vida íntima.

P.: ¿Fue crear a Verónica Rosenthal lo que lo impulsó a escribir una saga?

S.O.:
Comencé "La fragilidad de los cuerpos" pensando en una novela, la historia de amor entre un hombre casado y una mujer soltera. Al avanzar me di cuenta de que la protagonista era ella, que tenía un gran personaje. Me suele suceder que se me pegan los personajes, que tengo ganas de seguir con ellos en otro libro. En general no lo hago, pero con Verónica sentí que era para varias novelas. Cerré esa primera novela de la serie más como un policial que como una novela de amor. Me di cuenta de que tenía un personaje que lo podía adaptar a cualquier historia, que no se movía sola sino que tenía la redacción, la familia, sus amigas, los hombres que la cortejaron y los que la cortejan, un universo que podía crecer de novela a novela. Me interesa que Verónica evolucione, que personajes secundarios pasen a ser coprotagonistas. La saga son novelas independientes, se puede empezar por cualquiera de las tres que tiene hasta ahora. No es necesario leerlas en orden, pero lo que pasa es que Verónica va sumando la experiencia de las historias anteriores. Ya no es esa chica tan pedante y tan insoportable de "La fragilidad de los cuerpos", sino una profesional más madura tanto en el periodismo como en los sentimientos. Lo mismo le ocurre a los demás, van cambiando a partir de lo que van aprendiendo en la vida, como nos pasa a todos.

P.: Hay autores que parten de hechos de la realidad y van hacia la ficción, y otros que parten de la ficción y a veces la realidad confirma su imaginación.

S.O.:
Me sorprendió ayer por televisión saber que una mujer en el norte argentino había tenido cuatrillizos y le dieron uno solo. Eso se ajusta perfectamente a lo que pasa en "No hay amores felices", que es pura invención. No me inspiré en adopciones ilegales en la Argentina. Leí artículos sobre adopciones ilegales en España. Hubo un caso parecido al de mi novela de una monja que daba chicos en adopción. La realidad me resulta muy inspiradora de historias. Pero nunca me ato a esa realidad. Intento ir de ahí a otro lugar. Escribí "La fragilidad de los cuerpos" sobre el tren Sarmiento antes de que pasara nada en ese tren. Pero a quienes hubieran viajado en el Sarmiento no le era difícil pensar que podía haber un accidente. Al buscar un lugar de riesgo para mis personajes me surgió el tren Sarmiento, y un descarrilamiento entre Once y Caballito. Algo que nunca ocurrió. Las novelas se van incorporando a la realidad que existe. En "No hay amores felices" además de las adopciones ilegales está el del tráfico de fragmentos de cuerpos, que no es el tráfico de órganos. Me sorprendió cuando leí que eso ocurría en países del Este. Fragmentos de cuerpos que vendían a Alemania, Corea, Estados Unidos, para la industria de la belleza sobre todo. Daban valores y precios. Eso no ocurre en la Argentina, pero tenía ganas de contar una historia cercana al terror, y que pudiera ir enganchándose con la historia que investiga Verónica Rosenthal, que irá descubriendo que detrás de todo eso hay una mafia.

P.: ¿Por qué "No hay amores felices" son como dos novelas, una que termina en el capítulo ocho?

S.O.:
La historia de Darío, su ex mujer y su hija, me resultaba muy difícil de escribir. Lo que ocurre es mucho más dramático que el resto, que juega más con las idas y vueltas del típico policial. Darío busca a su mujer y su hija porque no concibe que estén muertas, y abre una investigación. En el capítulo ocho sentí que tenía que decir todo lo que se cuenta, que es muy perturbador. Ahí se termina una historia, y podía ser una novela independiente. Pero como la novela se parece mucho a la vida, y en la vida las situaciones no se mantienen independientes unas de otras, esa historia deriva en otra, con otros personajes. Es bueno experimentar con la forma de la novela. No me gusta la fórmula: crimen al comienzo, investigación y resolución. Hay cosas de la novela tradicional que se pueden aprovechar para el policial, como finalizar una historia en mitad de la novela.

P.: ¿Qué piensa de la cantidad de escritores argentinos que se han volcado al policial?

S.O.:
En la Argentina siempre existió un interés muy grande por el policial. Pero creo que a veces entre los escritores argentinos es un interés muy intelectual. Sí Borges y Bioy se interesaron por el policial, está bien hablar del policial. Piglia tiene un gran policial, "Plata quemada", y las últimas están vinculadas al policial, pero son formas intelectuales de entender el policial. El referente acá del policial no es Piglia, es Rubén Tizziani. A la hora de armar una genealogía habría que ir por ese lado, de la práctica de la escritura y no de una lectura a partir del aparataje crítico. Hay cierto prejuicio hacia el policial que hace engancharlo a la tradición de Borges, Bioy, Piglia, Aira, para darle lustre literario. El policial no lo necesita, es un género que se defiende, como diría Cortázar, como gato panza arriba, y con el interés constante por él policial que tiene el lector argentino.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

S.O.:
Estoy corrigiendo una novela que terminé hace un mes. Una historia de amor en tiempos de la dictadura. Es la primera vez que escribo algo sobre ese tema. Es la intimidad de la vida cotidiana en una familia de militares de alta graduación, de coroneles, en plena dictadura. Creo que no es habitual centrar la historia en ese universo.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario