Las tiranías emiten; las repúblicas, no

Edición Impresa

En 1345 Nicola Oresme publicó «De origine, natura, jure et mutationibus monetarum, el primer tratado sobre una cuestión económica de la historia: la devastación de la moneda o lo que en su versión moderna conocemos como inflación (en realidad, Averroes lo precedió en esta visión casi 200 años). Para él, el dinero es de los ciudadanos (communitas) y no del Estado. Cuando la/el gobernante altera el valor de la moneda, lo que busca es la ganancia que obtiene para sí, con la pérdida que sufre la comunidad. Si el soberano tiene el derecho de devaluar un poco, obteniendo un pequeño beneficio, tiene también el derecho de devaluar mucho y obtener una gran ganancia (y de hacerlo más de una vez). Para esto utiliza la mentira que usan las/los tiranos de decir que aplican esa ganancia para el bien del pueblo; pero no hay que creerles porque de la misma manera son capaces de tomar cualquier cosa que nos pertenezca, diciendo que la necesita para el bien común. Como lo que hace es robarle al pueblo en contra de su voluntad, no le queda más remedio que prohibir que circule la moneda dura, que es mucho mejor y que todos prefieren a la mala. Así, la/el soberano empobrece a sus súbditos y va reduciéndolos a la esclavitud, lo que es un acto de tiranía absoluta. Pero así como algunas enfermedades crónicas son más peligrosas que otras porque son menos perceptibles, cuanto menos obvia sea esta exacción más peligrosa es porque la gente siente menos la opresión del tirano/a. En definitiva, el devastado de la moneda/inflación es un impuesto tiránico y fraudulento en contra de la gente, que constituye un pecado mucho más grave que la usura. Pasados casi 700 años, las apreciaciones de Oresme son igual de válidas que entonces y explican por qué mientas los regímenes más tiránicos prefieren enfrentar la actual crisis emitiendo, las repúblicas europeas han tratado de evitarlo. Si bien de este lado del Atlántico la mayor parte de las noticias fueron positivas (desempleo, construcciones, encuesta de la Fed de Filadelfia, etc.), las desastrosas colocaciones de títulos por Francia y España, y la ausencia de noticias del Supercomité del Congreso marcaron desde temprano el ánimo de los inversores, coadyuvando a que el Dow retrocediera el 1,13% a 11.770,73 puntos.

Dejá tu comentario