16 de diciembre 2015 - 00:00

Lenzu: la danza como la escritura del cuerpo

Anabella Lenzu: “El espectáculo que presentaremos en el Centro Cultural Borges es sobre la memoria”.
Anabella Lenzu: “El espectáculo que presentaremos en el Centro Cultural Borges es sobre la memoria”.
 Anabella Lenzu, coreógrafa y bailarina nacida en Bahía Blanca y radicada en Nueva York, actuará este fin de semana junto con la compañía de danza-teatro Anabella Lenzu / DanceDrama que creó en aquella ciudad. La única función será el domingo 20 a las 19 en la sala Norah Borges del Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín). En esta oportunidad también será presentado su libro "Revelando movimiento y emoción", que resume sus experiencias y conceptos sobre danza y educación a través de sus 25 años de trayectoria. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cuándo y cómo llega a establecerse en los Estados Unidos?

Anabella Lenzu:
En 1999 Ángel Fumagalli, historiador y profesor de crítica del arte del Colón, me incentivó a viajar a Nueva York para estudiar coreografía, que era lo que yo quería hacer. Una vez que fui ya no pude abandonarla: fuui en 1999, en 2000 y en varias oportunidades durante el año. En esa época, con el tipo de cambio y sin necesidad de visa para ingresar, era fácil. En 2001 me quedé, y en diciembre, después de lo de las Torres Gemelas, decidí volver a la Argentina porque mi madre estaba preocupada. Cuando quise volver a entrar a los Estados Unidos, ya con nuevas leyes de inmigración, me deportaron. Me preguntaron "¿Usted a qué viene, a limpiar casas y a cuidar niños?", y yo les mostraba la ropa de danza, los libros y los discos. Ya tenía muchísimo trabajo allí, pero me fui a Italia por 3 años. El que ya era mi novio y ahora mi marido fue a Italia y se quedó a vivir conmigo, porque yo por 5 años no podía volver a los EE.UU., y tampoco quería. Cuando llegó el momento de pensar en los hijos tuvimos que decidir entre vivir en Estados Unidos o la Argentina, y por una cuestión de estabilidad económica no veíamos fácil poder hacerlo en la Argentina de lo nuestro. En 2005 volvimos a Nueva York y empecé de nuevo a enseñar en universidades y con mi compañía de danza. La parte coreográfica y la educativa van mano a mano: siempre les digo a los alumnos que soy como el nexo entre la vida real y la escuela, porque la universidad es como una burbuja, y ahí es donde yo los bajo a la realidad. Muchos de los bailarines creen que en Europa se está mejor, pero es difícil en todos lados: no hay ningún paraíso.

P.: ¿Es la primera vez que trae a su compañía?

A.L.:
Sí. Durante estos años viajé muchas veces a dar cursos, pero nunca traje a la compañía porque no me daban los tiempos y era mucho trabajo. Pero creo que es el momento indicado.

P.: ¿Qué características tiene el espectáculo que se verá el domingo?

A.L.:
Vamos a presentar mi espectáculo más reciente, hecho en homenaje a mi padre que murió hace un año y medio. Es un espectáculo sobre la memoria. Después de la muerte de papá yo no quería coreografiar, porque el movimiento es muy emocional, y para dirigirme a mis bailarines iba a tener que estar llorando en cada ensayo. Como la fotografía estaba al alcance de mi mano, porque mi esposo es fotógrafo, empecé a sacar fotos en mi ida y vuelta a los ensayos, y esas fotos inspiraron el espectáculo.

P.: ¿Qué fotografiaba exactamente?

A.L.:
No los edificios ni la gente sino las cosas rotas, oxidadas, en decadencia, como signo del paso del tiempo. El espectáculo es de danza, teatro y proyecciones. Yo estoy en el escenario y a través de un aparato portátil estoy entre los bailarines y proyecto esas imágenes que llenan esa atmósfera emocional en los bailarines, en mí, en el público, en el piso, en el techo. Todo el vocabulario de movimiento fue una exploración. Papá tenía una tipográfica, y tiene que ver con eso, con el trabajo: la danza y la coreografía se pueden comparar con el trabajo del albañil, del artesano, es como trabajar en la imprenta, tener las manos llenas de grasa, de tinta. Mi marido hizo un collage de las músicas que le gustaban a papá, que no son necesariamente las que me gustan a mí, desde ópera y canciones de los '60 hasta música argentina actual, que él me hacía conocer. Yo grabé en su taller los sonidos de sus máquinas: la offset, la guillotina, la abrochadora, la puerta, y esos sonidos que me recordaban mi infancia y que él escuchaba siempre también están. La dirección es de Daniel Pettrow, que trabaja para muchas compañías. Con él decidimos que el espectáculo estuviera en inglés y no en español.

P.: ¿Por qué?

A.L.:
Hay algunos textos que yo escribí, pero queríamos dejar como un velo para que el mensaje fuera universal. No es mi historia: es la pregunta sobre qué pasa cuando uno muere, qué es la memoria, cómo uno trata de construir la imagen que ya no está, pero con cierta universalidad. Además de este espectáculo voy a leer pasajes de mi libro y habrá coreografías del repertorio de la compañía, con un aspecto tragicómico de mi trabajo: no siempre soy oscura ni siempre cómica.

Entrevista de Margarita Pollini

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