28 de octubre 2011 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

Lo que se dice en las mesas
  • Una de las semanas más festivas del año se vive en las mesas de dinero. Y puntualmente ayer llegó a su clímax. La euforia por el acuerdo en Europa provocó que las pantallas de precios de los operadores estuvieran desactualizadas. Así es: las cotizaciones trepaban rápidamente y cuando se consultaba a un trader cuál era el precio de venta de un papel, ya estaba medio dólar arriba de lo que decían las pantallas originariamente. Fue una jornada así a medida para los traders que, ante la clara tendencia alcista y con tantos pedidos de compra podían marcar cotizaciones a su arbitrio. Todo se definió en la noche del miércoles, en la cumbre de los presidentes de la UE en Bruselas. En paralelo, había otro encuentro importante. El organizado por el Standard Bank con clientes en el Palacio Duhau. Alta convocatoria, cata de whisky de Johnny Walker y diversión asegurada (cual si fuera con un CD). Una previa en el Duhau de lo que fue la jornada de ayer en mercados. 

  • «Ahora hay que empezar a elegir activos atrasados», dijo el operador bautizado con el seudónimo de «Talibán». Recomienda la Argentina, pero al cupón PBI lo ve algo caro ya, más teniendo en cuenta el «trote» cambiario (algo menos que una corrida) que se observa. Pasó un dato curioso: hay hedge funds que pagan información a médicos venezolanos para saber la gravedad o no de la enfermedad de Hugo Chávez.

  • Los operadores locales se movieron esta semana con sensaciones encontradas. Por un lado, alivio por la gran recuperación de las Bolsas internacionales. Pero al mismo tiempo preocupación por la continua demanda de dólares en el mercado local. Las críticas por el operativo que se lanzó para controlar las compras minoristas en casas de cambio y sucursales bancarias en el microcentro pero también en barrios, fueron generalizadas. Los encuentros de Mercedes Marcó del Pont con banqueros durante esta semana fueron muy calientes. «No sé de dónde sacan que el dólar está atrasado. No coincide para nada con nuestras estimaciones», les explicó una y otra vez la titular del Central. Después de esta frase, el problema era doble. La tensión en la plaza cambiaria y que el BCRA no entendía el origen de esa tensión. Uno de los banqueros llegó a pedirle más realismo para apaciguar la desconfianza de los inversores: «Mientras ustedes no expliquen qué es lo que piensan hacer con la economía, será difícil que vuelva la calma», le dijo. Poco serio todo en la calle Reconquista. 

  • El operador que se escuda bajo el seudónimo de «el oso», se mostraba ayer algo satisfecho con los anuncios. Los anuncios y la fiesta observada en los mercados del mundo le agregaron a este experto una mayor dosis de optimismo. Dice lo siguiente en su clásico mail: 1) está terminando octubre y ha sido seguramente el mejor mes en la historia de los últimos años; la pregunta es si esto tendrá continuidad o no; 2) por un lado hemos terminado con la temporada de balances y empezaremos a fijarnos en los números de la macroeconomía y en el debate sobre el aumento de la deuda en EE.UU. y ver cómo se implementa el plan europeo; 3) para resumir, aún quedan muchos detalles pendientes, aunque estamos animados ante el hecho de que los políticos de la eurozona se están moviendo en la dirección correcta; 4) el acuerdo debería reducir la volatilidad en los mercados financieros, a pesar de que el daño ya podría estar en la economía real; esperamos que la eurozona sufra una desaceleración significativa a finales de año, pero el acuerdo podría ayudar a evitar otro «credit crunch» y una recesión seria; 5) por lo tanto sigamos comprando cupones que están baratos y dólares también, si pueden.

  • Un operador de un banco español hizo circular por mail una brillante explicación de la crisis. Es la siguiente:

    «Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos desempleados, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos. Nota: pero en realidad no le entra en caja ningún dinero físico. Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes. Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de utilidad aumenta vertiginosamente. Nota: pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos físicos.

    Un empleado del banco más cercano que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar. Nota: ¿vais pillando la dimensión del castillo de naipes? En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en «bebida-bonos», «alco-bonos» y «vomita-bonos» bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente. Nota: el castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es una mentira; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son «bonos», es decir, papeles que «representan» tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.

    Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar. Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.

    Nota: ¡porque siguen sin tener ni un céntimo! Han podido beber cada día en el bar porque «se comprometían» a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.

    Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.

    Nota: y Heidi pierde el bar.

    Los «bebida-bonos» y los «alco-bonos» sufren una caída de un 95% de su valor. Los «vomito-bonos» van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

    Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia. Nota: porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.

    El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos. Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios. Nota: que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.

    ¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo!

    Firmado: Un abstemio...
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