16 de mayo 2012 - 00:00

“Lo real maravilloso”, no el “realismo mágico”

Con Gabriel García Márquez, otro integrante del legendario «boom», con quien (según dijo la semana pasada) ya no se hablaba demasiado.
Con Gabriel García Márquez, otro integrante del legendario «boom», con quien (según dijo la semana pasada) ya no se hablaba demasiado.
Cuando Carlos Fuentes, hace apenas diez días, vino a la Feria del Libro, tuvo frases que ahora resuenan de otro modo. Explicó que su libro «La gran novela latinoamericana» era «personal, apresurado, arbitrario». Acaso le faltó decir testamentario. Agregó: «hablo de los autores que me interesan, y siento que es todo lo que me queda por decir, de las lecturas que me han importado».

De la Argentina le importaba el abecedario que «comienza con A de Aira, B de Borges y de Bioy, C de Cortázar». Dedicaba unas pocas líneas a Roberto Arlt y no mencionaba a Leopoldo Marechal, entre otras omisiones. Su último ensayo está dedicado a hacer la apología de ese «real maravilloso» que remontaba al Rabelais de «Gargantua y Pantagruel» y, fundamentalmente, al «Quijote», un libro que más allá de Cervantes «fueron los lectores quienes lo renuevan y lo hacen permanentemente vigente». Porque, sentenció, «no son las obras lo que importan sino los lectores, y como son leídas y vueltas a leer, de pronto se recupera un olvidado Stendhal, se descubre a Kafka o a Fernando Pessoa».

Para Fuentes, ese «real maravilloso» surgió en las notas de los conquistadores españoles, en enfrentar un mundo que los deslumbraba y no terminaban de comprender. Ese «real maravilloso» es el que alcanzó su punto más alto en la generación que provocó el boom de la Literatura Latinoamericana, que tuvo como antecedentes a Borges y a Rulfo, y como protagonistas a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Julio Cortázar, José Donoso y Augusto Roa Bastos.

También dijo, al pasar, que ahora no se hablaba con García Márquez y menos aun con Vargas Llosa. Planteó que lo «real maravilloso, ya que nunca hablo del realismo mágico, ha sido el gran aporte que América Latina le entregó a la literatura mundial».

Junto a esa visión personal y selectiva de la literatura producida en Latinoamérica, Fuentes presentó su novela. construida a un conjunto de cuentos que daban saltos en el tiempo y en el espacio, que hablaban desde el otro lado del espejo, que partían del juego de invertir los personajes de «El Conde de Montecristo», y que era una critica de la novela del siglo XIX que es el modelo al que han regresado muchos escritores, abandonando lo «real maravilloso».

Novela que pareciera tener más que ver con ciertas innovadoras aventuras literarias del estadounidense Jonatahan Franzen, que con la obra anterior del autor de «La muerte de Artemio Cruz», «La región más transparente» y, acaso, algún vínculo con «Cambio de piel». En uno de los cuentos, el que cierra el libro, el autor, narrador, padre, mira a sus personajes, a sus hijos, desde el otro lado de una foto, desde aquello que ha quedado de él. La inconfundible figura del adiós.

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