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“Los libros, como las mujeres, los prefiero reales, no digitales”
Foenkinos: “Quise hablar de cómo Charlotte superó los dramas que la rodeaban, y cómo fue capaz de hacer una obra extraordinaria en condiciones tan difíciles. Los premios que cosecha mi libro son la revancha de los premios que a ella no le dieron”.
Foenkinos visitó nuestro país para participar en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA) donde dialogamos con él.
Periodista: ¿Fue la desgarradora historia de una joven pintora alemana judía que escapa del nazismo, se refugia en el sur de Francia y termina asesinada en Auschwitz a los 26 años lo que lo llevó a escribir su novela biográfica sobre Charlotte Solomon?
David Foenkinos: No, no es eso lo que más me interesó, lo que movilizó mi intelecto, lo que me provocó emociones, me hizo investigar, me impulsó a escribir. El judaísmo tiene en ella poca importancia. Forma parte de una generación de alemanes laicos de la gran burguesía intelectual. A mí no me interesaba contar su vida como un destino asociado a la Shoa. Eso no era para nada mi tema principal. Yo quería hablar de ella, de cómo superó los dramas que la rodeaban, y cómo fue capaz de hacer una obra extraordinaria en condiciones tan difíciles. En mi novela se ve hasta qué punto la admiro y estoy fascinado por su trabajo, su fuerza, si capacidad de lucha, su coraje. Eso fue lo que sentí al enfrentarme por primera vez a sus cuadros, y es algo que ya nunca me abandonó. No comprendo por qué Charlotte Solomon no era más conocida. Puse toda mi energía para que la gente la descubriera. Es un genio de la pintura. Es de una enorme creatividad lo que hizo con "¿Vida? o ¿teatro?", un libro que reúne cientos de gouaches, de acuarelas, que cuentan la historia de su vida, que se leen como una novela, donde hay textos literarios e indicaciones de música. Se pregunta: ¿Es la vida o es teatro? ¿Es la realidad o es un sueño, una pesadilla? ¿Dónde está la vida? ¿Dónde está el teatro? ¿Quién puede saber la verdad? Cuando uno recorre esa obra comprende cómo a través del arte pudo superar la vida durísima que tuvo, llena de sufrimientos, rodeada de locura, acosada por la muerte.
P.: Ese acoso de la muerte concluye en un campo nazi de concentración y exterminio.
D.F.: Es un final terrible, sobre todo porque cuando se ve su vida la maldición de la muerte planea todo el tiempo. Uno es portador de su pasado. Tenemos con nosotros las generaciones anteriores. Muchas de las mujeres de la familia de Charoltte se suicidan. Ella tiene eso y logra transformarlo en fuente de vida. Dice en un momento: hay que morir una vez para ser capaz de vivir. Ella logra escapar de la locura, de la desesperación, y romper con esa maldición gracias a su obra. Logra pasarse al lado de la vida. Se casa, queda embarazada, pero lamentablemente la atrapa de nuevo la fatalidad. Tiene un final absolutamente trágico. Es denunciada por un francés, deportada, y asesinada inmediatamente por estar embarazada de cinco meses. No sólo matan a una mujer joven, inteligente, sino que se mata a uno de los más grandes genios de la pintura. Una obra que dejaba presagiar una inmensa realización artística.
P.: Los cuadros de Charlotte Salomon, como el que está en la tapa de su libro, parecieran tener algo de las obras de Marc Chagall, de las de Henri Matisse y de las de Raoul Dufy.
D.F.: Chagall fue una influencia muy grande para ella. Fue uno de los primeros que hizo una pintura autobiográfica. Ella no conoció a Matisse, pero vivía el espíritu de la época. Para comprender a un pintor a menudo hay que pensar en la luz bajo la que pintaba. Cuando se está en el clima del sur de Francia comprende la pintura de Charlotte, como se comprende la de Matisse, la de Dufy, la de Picasso cuando estaba viviendo por allí.
P.: ¿Por qué eligió la forma del poema para contar la vida de Charlotte Solomon?
D.F.: No es un poema, tampoco una biografía, es una novela aunque lo que cuento sea todo cierto. La novela surge cuando trato de imaginar lo que pensaba, lo que sentía. Y a la vez participo diciendo lo que yo siento al descubrirla, al saber lo que le va sucediendo. La historia de Charlotte era demasiado difícil, sofocante, y la forma como la cuento me permitió respirar, dar una cierta suavidad a la tragedia.
P.: Con "Charlotte" viene cosechando premios y lectores.
D.F.: Es cierto, me han otorgado el Renaudot, el Gouncourt de los alumnos de los liceos, lo que permitió que conocieran a Charlotte, y ahora va a haber una gran exposición en Francia, y eso es magnífico. Simbólicamente eso me parece hermoso, porque Charlotte fue una joven judía capaz de formar parte de la Exposición de Bellas Artes de Berlín en 1938 y ganar el Primer Premio, pero no tuvo derecho de ir a buscarlo. Los premios que cosecha mi libro es la revancha de los premios que a ella no le dieron.
P.: Antes de esta novela biográfica, ya había escrito una de John Lennon.
D.F.: Son las dos veces que me apropié de un personaje real. Con Lennon me dediqué a mostrar la faceta de sus sufrimientos, su terrible infancia, la dolorosa relación con sus padres, el alcohol y las drogas para escaparse de él mismo, y la tragedia de que lo mataran cuando daba otro sentido a su vida, cuando finalmente se sentía feliz. "Charlotte" tiene otra intensidad, fueron diez años de trabajo en alguien de quien no se conocía prácticamente nada. Tuve que investigar mucho. Salir a intentar dar con los testigos de su existencia o los descendientes de quienes la habían conocido. Lennon y Charlotte dos personas que me interesaron por algo en común: llegaron a construir una personalidad y una obra a pesar de la fragilidad.
P.: Esa cualidad también estaba en Nathalie, el personaje de su novela y su película "La delicadeza".
D.F.: Creo que sí. Cuando hice la película reinventé la historia, inventé nuevos personajes. Una adaptación cinematográfica no es pasar un libro al cine, es una nueva manera de contar la historia. El punto en común es el argumento, un hilo que hay que seguir; el resto no tiene nada que ver. En la escritura cada palabra cuenta, tiene una intencionalidad, y a través de ella se puede alcanzar la fineza, un estilo; la imagen es algo que da de inmediato un conjunto de informaciones, y en ese caso hay que ir a lo esencial. Para un autor que además dirige es muy excitante crear personajes y después tener que encontrarse con ellos a charlar. Bueno en algunos casos fue duro, por ejemplo con Audrey Tautou; no trabajar con ella, no charlar con ella, sino convencerla. Es una actriz internacional que recibe cientos de guiones por mes; fue mágico que aceptara. Gracias a ella la película se estrenó en todo el mundo. Estar en un escenario con ella charlando y de pronto verla cambiar, pasar al personaje, actuar, es muy impresionante.
P.: ¿Piensa llevar al cine "Charlotte"?
D.F.: No, espero a un realizador mejor que yo para "Charlotte", pero me gustaría que haya una película para ella. Un film que, como en el caso de Frida Kahlo, la haga mundialmente conocida porque se lo merece.
P.: ¿Las nuevas tecnologías, las herramientas del universo digital, han modificado su trabajo?
D.F.: No, creo que no demasiado. Me parece magnífico que uno pueda encontrar libros en todas partes del mundo. Una vez estaba en un hotelito en Paraty, en Brasil, con una editora italiana y hablábamos de uno de mis libros, tecleó en su computadora y un minuto después lo tenía en su pantalla. Pero, yo amo los libros y no leo en digital, es como con las mujeres, las prefiero palpables, reales.
P..: ¿Cuáles son sus autores preferidos?
D.F.: Unos cuantos. Me gusta mucho Philip Roth. ¿Otros? Dostoievski, Kundera, Gombrowicz, que está muy relacionado con la Argentina, y entre los franceses Roman Gary. Ahora estoy leyendo a Bolaño.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
D.F.: Acabo de terminar un libro muy distinto. Dado que es un libro que yo escribo no será en el fondo tan diferente, pero busqué que hubiera otra historia, otro tono. Quise irme de vacaciones de mí mismo. No he hablado con nadie de qué trata, y no pienso hacerlo ahora. Sólo puedo decirle que es la historia de una biblioteca. Al principio del libro soy Borges y dice que ordenar los libros es cansar las estanterías.
Entrevista de Máximo Soto


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