20 de enero 2009 - 00:00

Luz y sombra, ejes de los nuevos "paisajes" de Bedel

En las obras que Jacques Bedel reúne en su actual muestra«Aproximaciones» se reconocen los reflejos, los brillos y los juegosde luces y sombras que son ejes temáticos y técnicos de su arte.
En las obras que Jacques Bedel reúne en su actual muestra «Aproximaciones» se reconocen los reflejos, los brillos y los juegos de luces y sombras que son ejes temáticos y técnicos de su arte.
«Aproximaciones», la exposición que presenta el Museo de Bellas Artes, incluye cuarenta obras recientes del reconocido artista conceptual Jacques Bedel.

Desde sus inicios hasta estas últimas obras que está exponiendo, y que podemos llamar «paisajes», se reconocen como ejes temáticos y técnicos de su obra, los reflejos, los brillos y los juegos de luces y sombras. «Veo a la sombra como un fenómeno extraordinario, algo inasible, pero del cual no podemos prescindir. Sin sombra, el mundo sería plano, da idea de tridimensionalidad. Define la ambigüedad de la luz y, al mismo tiempo, es indefinible. Es un tema recurrente en mi obra, bajo diferentes formatos y soportes», declaró.

Jacques Bedel nació en Buenos Aires en 1947. Sus estudios en la Facultad de Arquitectura respondieron a una decisión que marcó su labor de artista y que él comentó así: «Es la carrera más completa en lo referente a una formación humanística, además de posibilitar el hecho de desarrollar una disciplina creativa, no sólo de espacios habitables sino de cualquier cosa que constituya el entorno del hombre».

Bedel comenzó generando proyecciones múltiples de sombras en color, pero su preocupación no consistía en crear cajas lumínicas con pantallas sino un objeto que reflejara sombras y que también valiese por sí mismo cuando cesaran las proyecciones. De estas búsquedas fue testimonio su primer exposición en la galería Pizarro, en 1967.

Becado por el Gobierno de Francia (Premio Braque), viajó a París, donde empezó a investigar con espejos planos y acrílicos para obtener imágenes superpuestas multiplicadas: fue, de algún modo, el mismo camino de las sombras anteriores, aunque prescindiendo de la corriente eléctrica. El espejo, al reflejar su entorno, capta y transmite el movimiento. Bedel, embarcado en el arte cinético, omitió en sus obras los motores.

Colaborador del Groupe d'Art Constructif et Mouvement, utilizó en sus propuestas espejos parabólicos para lograr un mayor campo de reflexión. Se alejó de las obras planas y desarrolló esferas dentro de cuerpos geométricos. Luego se trasladó al terreno de la escultura, cuando, en sus investigaciones sobre la reflexión de imágenes, utilizó el acero inoxidable pulido.

Esto le permitió trabajos de mayor tamaño, sin el riesgo de la rotura de los espejos. Le interesaba la idea de operar con grandes planos reflejantes, de manera que la obra desapareciese visualmente al proyectar lo que la rodeaba. En procura de este sistema de transparencias, pasó luego a las chapas de hierro con perforaciones milimétricas.

Acaso pueda rastrearse la etapa de sus Libros no sólo en esta evolución hacia la escultura, sino también en los trabajos con estructuras inflables y «back projecting» de fotografías en color, destinadas a crear paisajes transportables (1968).

Los libros de Bedel están realizados de acuerdo a la clasificación bibliográfica tomada a partir de la hoja Raisin: el tamaño del pliego francés o sus derivados. Todos ellos, encuadernados con tapas similares de arpillera como denominador que los unifica.

Los Libros fueron distinguidos con el Gran Premio Itamaraty en la Bienal de San Pablo 1977, con el Grupo Cayc, que integró desde 1971 hasta las exposiciones en Santiago de Chile y Tokio en 1994.

Contienen objetos tridimensionales: paisajes, ruinas, restos, y su significación deriva de la ausencia de un sentido familiar para el espectador. La oposición libro cerrado/libro abierto es también portadora de múltiples sentidos. El cerrado, como la caja de Pandora, oculta en su interior elementos desconocidos y desconcertantes. El abierto ya no es un libro: es un trozo icónico de una realidad ecológica, un símil de algo preexistente, las más de las veces ignorado para quien lo observa.

Bedel realizó también cubos con el mismo material utilizado para sus restos arqueológicos: resina poliuretánica, una dimensión modulada y polvos metálicos de cobre depositadosal vacío. Sus imágenes estánrecortadas dentro de los cubos y ofrecen la apariencia de sectores de paisajes en profundidad, como resultantes de la acción de un cincel.

Bedel encierra sus formas en los libros o las libera en los cubos. Su actividad podría ser clasificada como una metaescultura: un lenguaje escultórico acerca de otro, un mismo discurso espacial contenido en diferentes formas, sean éstas libros o cubos.

Conceptualista de principios de los años 70, Bedel recupera el logos divino escrito por los hombres. Esta escritura -pictogramas del antiguo Egipto, los textos en sánscrito, chino, hebreo, arameo, griego o árabe- es la presencia cósmica de una ausencia terrena, la del Absoluto identificado con Dios, y a la vez, la ausencia de esa presencia. Temática que continúa en sus paisajes actuales en obras como «La garra de Dios».

Desde comienzos de los 90, cuando inició su serie de Rollos, realizados en plomo, viene recobrando el logos divino escrito por los hombres. Se interna en el Apocalipsis de Juan, escrito en la isla griega de Patmos, hacia el año 95 de nuestra era. Suele considerarse que su autor es el Evangelista, pero varios historiadores han sostenido en los últimos tiempos, con sensato juicio, que el Apocalipsis no fue obra del apóstol sino de alguno de sus discípulos.

En estas creaciones de Bedel, como en las anteriores, no hay misticismo ni fin teológico, sino interés en la interminable empresa del ser humano por saber de sí y de su destino, independiente de las creencias religiosas.

Juan fue desterrado a Patmos en virtud de las violentas persecuciones contra la naciente Iglesia cristiana ordenadas por el emperador de Roma, Domiciano. Por eso Bedel ha elegido citas que se vinculan con la esperanza y el futuro y no con los desastres narrados por Juan, desastres que han llevado a tomar la palabra apocalipsis como sinónimo de muerte y destrucción.

En la tercera edición del Certamen Iberoamericano de Pintura Aerolíneas Argentinas 2004, fue distinguido con el Gran Premio por su obra «Aproximación a la maldad».

El trabajo, que representa una nube que fagocita a otra, continúa su serie de propuestas vinculadas al espacio y al infinito. Incorpora elementos no deseados que anidan hoy en el mundo de este siglo: enfermedades, pobreza y guerras, junto a increíbles adelantos y creaciones.

La propuesta estaba relacionada con su presentación en la Bienal de Venecia, la serie Apocalipsis que coincidía con el fin del milenio.

Entre sus últimas exposiciones, en el Palazzo Santa Croce de Roma, expuso Las 1001 noches, con obras en las que el paisaje era el desierto.

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