2 de mayo 2016 - 00:00

“Madero Tango”: una buena fórmula no sólo para turistas

La danza, con coreografías muy libres y en general acrobáticas, es el plato fuerte de un show en el que se escuchan no sólo tangos, pero con muchos temas de Carlos Gardel y Astor Piazzolla.
La danza, con coreografías muy libres y en general acrobáticas, es el plato fuerte de un show en el que se escuchan no sólo tangos, pero con muchos temas de Carlos Gardel y Astor Piazzolla.
"Madero Tango". Cena-show. Elencos rotativos. (En Madero Tango, todos los días).

El formato es el habitual para las casas que habitualmente llamamos "para turistas" pero que en muchas circunstancias son también visitadas por el público local.

"Madero Tango" no pretende poner el acento en los grandes nombres del género; y ni siquiera se queda solamente con el tango (o la milonga y el vals, sus géneros parientes) como entorno sonoro. La comida y el servicio gastronómico se destacan especialmente. Pero el ojo está puesto fundamentalmente en la cosmopolita Ciudad de Buenos Aires, en nuestra cultura. Y entonces, a la hora de lo artístico, pueden convivir los clásicos conocidos en todo el mundo ("El choclo", "La cumparsita", "El día que me quieras", "Mi Buenos Aires querido", "Balada para un loco", "Por una cabeza", etc.) con "Carmina Burana", de Carl Orff, "No llores por mí Argentina" o una pieza de tango electrónico por el grupo Bajofondo.

Hay un actor/mimo -mezcla de Arlequín y el Guasón- que funciona como pivote para los diferentes cuadros. La danza, con coreografías muy libres y en general acrobáticas diseñadas por Paola Jean Jean y Nicolás Cobos, es el plato fuerte. La escenografía, de muy buena realización, se sostiene en unos pocos elementos y en un eficiente trabajo de imágenes proyectadas. Hay una intencionalidad dramática con cuadros que apuntan a lo social, en un intento de unir la historia argentina con el presente. Y no faltan -algo que en general aporta muy poco desde lo artístico- los cuadros de zapateo en mezcla de malambo argentino y flamenco andaluz y los revoleos de boleadoras.

En dos extremos de la cadena histórica, Carlos Gardel, con varios de sus temas y con su presencia desde las imágenes, y Ástor Piazzolla, se llevan buena parte del interés. En ese aspecto, es muy poco habitual que en un espectáculo de esta índole suenen tantas piezas de ambos en una misma noche. Aunque, por cierto, queda lugar para escuchar a Aníbal Troilo, Armando Pontier, Julio De Caro, Manuel Jovés u Osvaldo Roggero.

Los elencos de músicos y bailarines son rotativos en una propuesta que se presenta todos los días. Nos tocó escuchar al muy bien plantado sexteto de Adrián Enríquez en piano, Cristian Basto en contrabajo, Eva Wolff y Guillermo Destaillats en bandoneones y Mercedes Martínez y Pablo Borghi en violines. En la parte cantada vimos sobresalir a Alicia Vignola en "Yo soy María" de la operita de Piazzolla/Ferrer. Y el cuerpo de bailarines, además de los directores, tuvo como figuras destacadas a la pareja de Paola Camacho y Marcos Ayala.

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