14 de marzo 2012 - 00:00

Maki Miró Quesada: “Escribir ‘light’ también es difícil”

Miró Quesada: «Los catorce años de columnista del diario El Comercio de Lima me dieron el oficio como para lanzarme a una novela. Todos tenemos historias para contar, pero no todos la seguridad comprobada de poder hacerlo bien».
Miró Quesada: «Los catorce años de columnista del diario El Comercio de Lima me dieron el oficio como para lanzarme a una novela. Todos tenemos historias para contar, pero no todos la seguridad comprobada de poder hacerlo bien».
Mezclando algo de thriller y de diario de viaje, y mucho de novela de costumbres (que permite saber cómo viven los parisinos de alto nivel hoy), la peruana Maki Miró Quesada urdió la historia finalmente romántica «De París a la Patagonia», que acaba de publicar Emecé. Licenciada en la Universidad de Nancy, agregada cultural de Perú en Francia, columnista del diario «El Comercio» de Lima, Maki Miró Quesada realizó una breve visita a Buenos Aires para presentar su novela.

Periodista: ¿Qué tiene que ver su novela «De París a la Patagonia» con su propia vida?

Maki Miró Quesada: La ubicación geográfica corresponde a dos sitios que conozco bien y que, de una manera diferente, me capturaron. Nací en Perú, donde viví relativamente poco; luego en Suiza, donde tuve mis años formativos, allí transcurre, en los años 60, la novela que estoy escribiendo ahora; luego pasé a vivir en París, y actualmente vivo en la Patagonia. Si bien los datos reales de pasar de París a la Patagonia se corresponden con el nombre de mi novela, el título de mi libro parte de algo más general, del hecho de que tanto París como la Patagonia son sitios míticos, lugares que están instalados en el imaginario de la gente. Antes de haber ido a visitar esos lugares se tiene la sensación de que ya se los conoce y hay un permanente deseo de descubrirlos o de volver a verlos. París, Patagonia son palabras, nombres, que provocan de inmediato toda suerte de evocaciones. Yo nunca pensé que iba a conocer la Patagonia, y menos aún que iba a vivir allí, y sin embargo el nombre me atraía, como me atrae, por ejemplo, Samarcanda, donde nunca he estado. El título de mi libro proviene del influjo que esos nombres tienen en la fantasía. Por otra parte, los maestros en escritura creativa suelen indicar que uno escriba sobre lo que conoce y sabe, y «De París a la Patagonia» cumple con esa premisa.

P.: Aclaremos que el suyo no es un libro de viaje sino una novela romántico-policial que comienza con el secuestro de un magnate internacional.

M.M.Q.: Mi miedo es que parezca un libro de viajes por el título. Y si bien hay un recorrido viajero, también está la intriga del aspecto criminal. A mí me gustan las historias épicas, con asuntos grandes, acaso por eso todo comienza con el secuestro de un magnate, cuyo rescate es por varios cientos de millones de dólares, y si bien se paga, el empresario aparece muerto, esto involucra de diversa forma a la familia del secuestrado y a su novia, que es la protagonista de la historia. Pero la historia no se queda en el thriller, pasa a ir tras las aventuras de la vida de la protagonista, que necesita alejarse un poco del drama que ha vivido. Me encantan las novelas del siglo XIX y principios del XX que me permiten saber cómo vivía la gente, cómo se vestía, cómo comían, los códigos que usaba la sociedad en ese momento. Y si me gusta la del siglo XIX es porque muestra una sociedad muy codificaba, con reglas estrictísimas que metían a la gente en un corset que las hacía actuar de una cierta manera. Francia, hoy día, no la que está viviendo en guetos o en arrondissements marginales, que tiene también un código y muy interesante, sino la sociedad francesa del parisinismo, la que está en el corazón de París, que se quiere y se cree muy intelectual, que sigue siendo muy codificada y donde el dinero no es el valor principal.

P.: En el desenlace la novela (y la protagonista) concreta su destino romántico al punto que cierra en unas pocas líneas y un happy end algunas historias.

M.M.Q.: Hay tantos personajes en danza que sentí que debía decir qué les pasó. Me gusta en el cine cuando al final van informando qué fue de la vida de los personajes, es terminar la historia dejando las cosas en su sitio. Quizá yo quería redondear muy prolijamente la novela, y que el lector supiera qué le había pasado a cada uno de los que había conocido. Tal vez, como me había ido encariñando con los personajes quería darles un final feliz o que estuviera de acuerdo con lo que ellos querían, que se correspondía con sus aspiraciones iniciales. Si al principio todos están en una búsqueda, algunos más despistados que otros, al final han encajado las piezas en el tablero. En ese sentido ésta es una novela romántica, porque la vida es más dura, menos simétrica y menos cartesiana. Pero hay muchos libros muy duros, de esos que dicen que todo está mal y si se espera unos minutos todo va a estar peor, donde los personajes están irremediablemente atrapados en pasados oscuros, con terribles traumas internos y externos.

P.: Y usted buscó ofrecer una lectura más liviana.

M.M.Q.: No pretendo ser una «escritora seria», quiero que me tomen en serio. Y si mi obra es light, escribir light también es difícil. Busqué contar un cuento que al final se supiera todo lo ocurrido. Y si bien no faltan momentos de sufrimiento de los personajes, ése no es el objetivo. Lo que quise que me uniera al lector es la revelación de la intimidad de las personajes, y eso siempre lleva a entrar en un aspecto más profundo. Se puede pensar que es una historia liviana porque se habla de qué están comiendo en París, de las relaciones sentimentales en la actualidad, de la moda, y la moda es seria, y lo que se come es serio, y describir las vinculaciones son serias porque revelan la sociedad, reflejan cómo somos.

P.: ¿Cuánto le llevó escribir «De París a la Patagonia»?

M.M.Q.: La escribí dos veces por entero. La primera en inglés. Fue un año y medio de trabajo. Me presenté a través de un agente literario en editoriales de Estados Unidos, porque no aceptan «material no solicitado». Y, duros en el marketing, me dijeron: primero, a usted no la conoce nadie; segundo, su nombre es impronunciable; tercero, hay cosas que tiene que rever en la historia. Una editora me entregó las tres páginas de su lectura y los problemas que veía. Eso me llevó a aumentar la trama del thriller. Pensé lo que habían dicho de mi nombre, y me dije ¿dónde me conocen?, ¿dónde pueden pronunciar mi nombre?, en América Latina. Y así comencé una nueva escritura, ahora en castellano. Esa aventura me llevó cuatro años.

P.: ¿Qué escritores siente que la inspiraron?

M.M.Q.: Me fui de América Latina a los 11 años y mis lecturas eran de mitología griega y cuentos de hadas. En Francia eran los que ganaban el premio Goncourt y Femina, clásicos como Claudel, Pagnol, Sagan, autores de los que no son referencia en la actualidad. A eso se sumaban los autores ingleses. Llegué tardíamente a los que la gente conoce como los grandes maestros de América Latina: Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez. Mis influencias son Evelyn Waugh, me fascina Nancy Mitford y el resto de su mítica familia, y más que lo que escribieron la vida que vivieron, Sándor Márai por cómo despoja la historia para escribir sólo lo que hay que contar, de un modo semejante Andrei Makine. Durante los años que pasé escribiendo busqué no leer literatura porque tenía miedo de perder mi propia voz.

P.: ¿Qué hacía en Francia?

M.M.Q.: Fui por dos años y me quedé catorce. Me dio la posibilidad de quedarme ser la asistenta personal de un tycoon estadounidense, el dueño de Revlon entre otras compañías. Viajé con él durante cinco años por toda Europa. Cuando terminó mi contrato se dio el cambio de gobierno en Perú y asumió Toledo, y me ofrecieron ser Agregada Cultural en Francia. Al terminar mi período pensé volver a Perú, pero me casé en Francia y con mi marido decidimos venir a la Argentina de vacaciones. Fuimos a San Martín de los Andes y quedamos fascinados, ahora vivimos allí.

P.: ¿Por qué sumó dibujos a su libro que parecieran remitir a libros para adolescentes o a grabados de novelas decimonónicas?

M.M.Q.: Pensé que los lectores se podían entretener [ríe]. Le pedí a una amiga artista plástica que me hiciera la carátula, y como me gustó, le pedí 20 dibujos más. Después un editor me dijo que había trabajado con un concepto muy actual.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.M.Q.: Hace un año y medio que estoy trabajando en «Social climbing», una novela más dura que ocurre en los años 50 y 60 para saltar a los 90, donde termina. Trata de una serie de mujeres, una suiza, otra panameña muy humilde que va a trepar muy alto, una gordita centroamericana que va a ser muy rica. Todas trepan por algo, por dinero, por seguridad, por posición social. Se cuenta cómo logran esos objetivos y las cosas que dejan en el camino. Mujeres que utilizan todos los medios para llegar a los fines buscados. Durante largo tiempo estaban las mujeres que nacían arriba, las que tenían que conformarse con lo que le era dado y las que se decidían a trepar, hoy hay otro tipo de mujer, la que por aptitud profesional rompe con los hechizos del pasado y abre nuevas conductas y perspectivas.

Entrevista de Máximo Soto

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