10 de octubre 2016 - 20:54

Manu Katche: mucho más que una técnica deslumbrante

El baterista francés vino esta vez a Buenos Aires con un disco propio de sonoridad jazzística, con “permisos” hacia otros géneros, y al frente de un quinteto de músicos virtuosos, a cada uno de los cuales entrega alternativamente todo el lucimiento.

Katche. Presentó “Unstatic”, grabado con el quinteto con el que tocó en el Coliseo. Foto: Mariano Fuchila.
Katche. Presentó “Unstatic”, grabado con el quinteto con el que tocó en el Coliseo. Foto: Mariano Fuchila.
De la música clásica al rock, de la Costa de Marfil de su herencia familiar a la Francia en la que nació, de EE.UU. que lo recibió con los brazos abiertos al jazz, Manu Katche es de los bateristas más importantes de estos tiempos. Y no sólo porque tiene una técnica deslumbrante, sino porque tiene una increíble capacidad de adaptación para los más diversos estilos, formas, lenguajes. La lista de la gente con la que ha trabajado es enorme. Incluso en nuestro país estuvo varias veces integrando los grupos de diferentes artistas; y las más recordadas son, sin dudas, las bandas de Sting y Peter Gabriel, pero hubo otras. Curiosamente, ésta fue la primera vez que vino a Buenos Aires para hacer un concierto al frente de su propio plan. Y ese plan se llama "Unstatic", el disco que editó este año y que grabó con el mismo quinteto con el que se presentó en teatro Coliseo.

Arrancó con algunos problemas de sonido, que sorteó con simpatía e intentando unos pasos de stand up. Pero cuando se sentó finalmente a la batería, demostró todo lo que sabe con ese instrumento que es en verdad un complejo multitímbrico. Su habilidad no sólo es acrobática, con una capacidad de sostener varios esquemas rítmicos en simultáneo y hacer los más increíbles malabares sobre ellos. Su destreza está fundamentalmente -y ahí radica su arte- en el manejo melódico y hasta armónico que hace de la batería; no de los modos convencionales, se entiende, sino con juegos sutiles que salen de sus tambores afinados cuidadosamente y que Katche va utilizando en función del resto de lo que suena.

El concierto se centró en el material del disco en estudio que venía a presentar. Y en consecuencia, tuvo eje en el jazz. Pero por supuesto, allí tampoco es un músico clásico del género. Navega por el bebop o el "latin" con toda comodidad. Pero, desde la música afronorteamericana -y en tal sentido, jamás esconde su origen europeo-, se dispara para la rítmica del rock y del funk, para las baladas pop y para formas libres que no se encorsetan en la estructura de una canción.

Para esa sonoridad jazzística "con permisos" colabora un grupo multinacional al que el francés entrega todo el lucimiento. Alternativamente, la contrabajista noruega Ellen Andrea Wang, el fliscornista italiano Luca Aquino, el saxofonista también noruego Tore Brunborg y el pianista/tecladista inglés Jim Watson ocupan los lugares de privilegio. Por la naturaleza de los instrumentos elegidos, los papeles se reparten, más o menos, del modo conocido. Pero en verdad, todos construyen el andamiaje del quinteto, todos improvisan y todos aceptan el liderazgo de este baterista indiscutible.

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