7 de enero 2015 - 00:12

Manual ultra-K: escarmiento vs. minimización en episodio Scioli

• POSTURAS ENCONTRADAS ENTRE KIRCHNERISTAS SOBRE LO OCURRIDO.
• UN MANDATO EN VEREMOS Y LA VOZ QUE FALTA.

Máximo Kirchner, Daniel Scioli, Julio De Vido, Sergio Berni, Jorge Capitanich y Eduardo Wado de Pedro
Máximo Kirchner, Daniel Scioli, Julio De Vido, Sergio Berni, Jorge Capitanich y Eduardo "Wado" de Pedro
 La primera oleada incluyó a los interesados directos, los candidatos K, que se lanzaron a la yugular de Daniel Scioli por su raid fotográfico en el Espacio Clarín. Luego habló, empujado al interrogante, Jorge Capitanich. Más tarde, se sumaron dos añejos detractores del bonaerense, Julio De Vido y el neocamporista Andrés Larroque, y casi en simultáneo Sergio Berni y Mariano Recalde, caciquejo de La Cámpora, minimizaron lo que los demás calificaron como una "foto que lastima".

En paralelo, uno de los teléfonos rojos K se activó para bajar una orden: "desnaranjizar" la costa atlántica, copada por el color político de Scioli y disponer la bajada de ministros, funcionarios y candidatos a los territorios para disputar la visibilidad sciolista que en algunos puntos, como Mar del Plata, está teñido de naranja con apenas algunos manchones de azul, los operativos viales y la exposición de trenes de Florencio Randazzo, y escasa presencia de Sergio Massa y el PRO de Mauricio Macri.

Con los días se verá si el mandato de "desnaranjizar" fue puntual y se ejecutó. Y, como deslizó anoche un operador híper-K, se redoblan las voces y posicionamientos críticos de la pulsión fotográfica del gobernador/candidato. Una especie de efecto cascada para mantener activo, a lo largo de los días, el castigo por la osadía de Scioli.

La instantánea mostrabahasta ayer una dualidad: así como asomaron las voces más ásperas, la de De Vido -que se entreveró en la discusión cromática sobre que los únicos colores son el "celeste y blanco" en obvia mención al naranja- y Larroque, históricos castigadores del bonaerense, otros como Berni y Recalde le quitaron dramatismo al episodio.

Hay un rasgo que unifica a los cuatro coreutas de ayer: De Vido, Larroque, Berni y Recalde son considerados en el juego de la política como dirigentes ultra-K que no acostumbran opinar, menos en público, sin tener una indicación o una pista de lo que "piensa" la familia Kirchner. Pero ayer dijeron cosas diferentes.

Hasta Randazzo rotó el foco de su perdigonada: dijo que Scioli "no puede conducir" el proyecto K, pero puede integrarlo. En criollo: adentro del espacio oficial.

Cíclico

La secuela, además de tener como primer efecto el de retener la centralidad política en torno a las disputas de palacio del oficialismo, despabiló algunas interpretaciones sobre los chispazos en determinadas campiñas del continente oficial, en particular La Cámpora, que capitanea Máximo Kirchner.

¿Por qué Larroque dijo una cosa y Recalde, alter ego de Eduardo "Wado" de Pedro, desde siempre contrapeso del "Cuervo" dijo otra? Larroque, incluso, encontró un atajo porque pareció quitarle malicia al propio Scioli cuando atribuyó su visita al Espacio Clarín a un "extravagante consejo" de José "Pepe" Scioli.

El expediente Scioli cruza la década K y tiene, entre los protosciolistas, una sentencia: en los años pares, los Kirchner maltrataron al gobernador mientras que en los impares, tiempos de campaña, lo terminaron usando como instrumento electoral. El inicio de 2015 desafía, a priori, aquel dictamen aunque, hasta acá, no hubo definiciones terminantes ni fatales desde Olivos y, asumen los ultra-K y los sciolistas, hay una sola voz, la de Cristina de Kirchner, capaz de descorrer ese velo.

Hubo períodos, como advierte la enunciación sobre años pares e impares del sciolismo, en que la furia K sobre Scioli pareció irrevocable y final, pero luego amainó. En el kirchnerismo, los que militan la certeza de que "Scioli jamás será el candidato de Cristina" -que los hay y no son pocos- interpretan que empezó la desciolización del planeta K y que el paso posterior consistirá en desmalezar la ristra de candidatos oficialistas.

"Mientras queden más de tres candidatos, le hacemos el juego a Scioli", interpreta un legislador y asume, entre lamentos, que el silencio de Cristina sobre sus preferidos es, también, funcional a la postulación del bonaerense porque, entiende, la prescidencia refuerza el statu quo interno en que Scioli aparece mejor posicionado que los demás postulantes.

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