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María José Mentana sólo debería cantar
En «De Buenos Aires a París», la excelente cantante de tangos María José Mentana comete el error de tratar de actuar en una especie de trama teatral, lo que no le sale bien ni a ella ni a sus músicos.
Lo mejor que hace María José Mentana es cantar tangos, y por eso es una pena que en el espectáculo que presenta cada miércoles en el Maipo Kabaret se haya distraído en otros menesteres. Niña prodigio en los tiempos de «Grandes Valores», esposa y cantante de Osvaldo Piro hace unos cuantos años, voz de orquestas a cargo de músicos como Mariano Mores o Néstor Marconi, tiene pasado con el género y, aunque sin hacer una carrera de repercusión masiva -algo muy difícil con esta música-, ha cantado en muchos escenarios de aquí, del resto de América Latina, Japón, Francia, China, Holanda, Bélgica, Italia, Turquía, etcétera.
Cantante y tanguera por sobre todo, quiso sin embargo buscarle una vuelta de tuerca a su propuesta y armó una especie de trama teatral: la de una chica de barrio -»Roxana Suling»- que trabaja como camarera en el Café de García en Villa Devoto, sueña con triunfar cantando tangos, termina debutando en El Viejo Almacén y llega al éxito internacional en el Trianón de París. Pero ni ella ni, mucho menos, sus músicos entienden el oficio de la actuación, la puesta en escena es pobre, los diálogos planteados son poco creíbles y en el trajín por hacer muchos títulos, muchos tangos son «sacrificados» y cantados sólo por la mitad. Con el agregado de que, aunque María José maneja el francés con soltura, no es en canciones como «Ne me quitte pas», «La vie en rose» o «Les feuilles mortes» donde encuentra su mejor vena.
Los músicos, con diferentes formaciones para distintas fechas, siempre bajo la dirección de Ramón Maschio, cumplen sobradamente con su trabajo, mucho mejor cuando el repertorio es rioplatense. El periodista Marcelo Guaita hace las veces de presentador en off de la cantante cuando debuta en Buenos Aires con todos los recursos de quien domina esa profesión. Y poco aporta la pareja de baile de Paola Parrondo -además, directora artística- y Víctor Nieva, que parece estar más para permitir los cambios de vestuario que para otros fines.
En síntesis, esta cantante que conserva toda su belleza en la madurez, se hace más grande cuando interpreta piezas como «Griseta», «Tabaco», «Tu pálida voz», «Fruta amarga» o «Porque amo a Buenos Aires», el tango con el que abre y cierra su espectáculo. El tango y sus alrededores son, evidentemente, lo suyo, y el formato recital, sin más artilugios, le hubiera sentado muchísimo mejor.


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