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Mariana Obersztern: “El arte actual está hecho de residuos”
Mariana Obersztern: «En la representación, hay seis actores que buscan descifrar su razón de ser en una obra».
Obersztern ya participó de otras convocatorias similares, conectadas con las artes plásticas, la música, la teoría de la comunicación humana de Paul Watzlawick (que dio título a la obra «La puntuación de la secuencia de hechos»), etcétera. Así surgieron espectáculos tan significativos como «Dens in dente» (Proyecto Museos), «El aire alrededor» (Ciclo Biodrama) y «Espina no peito» (Ciclo Performances. Revolución. Rojas).
Periodista: ¿Se puede hacer teatro a partir de cualquier producto cultural?
Mariana Obersztern: Sí, por supuesto, y me parece que es lícito partir de cualquier cosa que dispare mi imaginación.
P.: ¿Qué tomó de ese manual de auditoría?
M.O.: Ni siquiera diría que tomé algo. Me entregué a esa lectura dificilísima, deslizándome sobre la superficie de palabras que me gustaban pero que no podía atrapar en su completo sentido, como quien trabaja con una lengua extranjera. Después me puse a escribir imbuida por el clima que destilaba ese manual que es una herramienta para supervisar y controlar el buen funcionamiento de la empresa, y detectar sus desajustes, optimizar su actividad y medir la probabilidad de riesgos. El manual es una mirada -algo persecutoria- al interior de un sistema de trabajo, y en la obra eso se transformó en una mirada hacia el interior del ser.
P.: Aclaremos, para no ahuyentar al público, que esa búsqueda casi metafísica se desarrolla a través de situaciones absurdas y diálogos de fresca comicidad.
M.O.: Sí, los actores están en permanente estado de pregunta: «¿quién soy?, ¿qué tengo que hacer en esta obra?». Y no saben si eso que tienen que hacer está escrito en alguna parte o lo tienen que inventar. Hay algo intencionadamente difuso, ya que no sabemos si esas preguntas atañen a lo que cada actor tiene que hacer en el escenario o si directamente hacen referencia a cuestiones existenciales. No sabemos nada de ellos, ni en dónde están. De a ratos intentan salir pero por alguna razón que se desconoce, se siguen quedando.
P.: Una de las actrices, muy enojada, rompe la cuarta pared y le exige al equipo técnico -y tal vez a usted como directora- que se hagan responsables de esta ficción. La puesta también tiene algo de Brecht y de Pirandello...
M.O.: Así es, la originalidad no existe, el arte actual está hecho de residuos. Y acá hay citas concretas; por eso puse en el programa de mano «son seis actores que buscan descifrar su razón de ser en una obra» en clara alusión a Luigi Pirandello (autor de «Seis personajes en busca de un autor»). También hay salidas a lo Brecht o inspiradas en Meyerhold. No hay una pretensión de dialogar con ellos; es más bien un aprovechamiento de cosas que tuvieron mucha impronta en una época y siguen resonando en el presente. Soy una ávida espectadora del arte en general y me da ganas de probarlo todo; porque un artista es ante todo un gran curioso, un investigador, un experimentador. Me encanta desentrañar lenguajes nuevos, ponerme a prueba y azuzar en el espectador aspectos nuevos.
P.: No la puedo imaginar poniendo en escena o yendo a ver una obra de Arthur Miller.
M.O.: Pues he ido. No es el autor que más me gusta, pero cada tanto voy a ver alguna obra de repertorio, algún clásico. Yo también soy clásica. No lo digo en un sentido de trascendencia, sino porque me siento conectada a la tradición teatral. Cuando estoy trabajando no estoy buscando algo que sea nuevo, ni original, ni muy «punch» o impactante. A mí me gustaría es que mi trabajo fuera una mezcla entre algo muy tranquilo y tradicional y algo que lo complique todo un poco.
Entrevista de Patricia Espinosa


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