1 de diciembre 2011 - 00:00

“Me sentí acalorado; venía serio problema”

«Cuando nos anunciaron el viernes 30 de noviembre que estaba firmado el decreto del corralito me sentí acalorado. Pensaba que la solución iba a provocar un problema serio». Así recuerda Daniel Marx, que en diciembre de 2001 era secretario de Finanzas.

En diálogo con Ámbito Financiero, Marx sostuvo que se opuso y que incluso amenazó con renunciar. «Entre los problemas que veía que provocaba el corralito estaban que afectaba el derecho de las personas y que no se iban a poder materializar las transacciones; entonces iba a haber un impacto en el nivel de actividad», sostuvo.

Interrogado por la situación actual, el economista reconoció que no es tan adversa como en 2001. «Los bancos tienen mucho más capital que cantidad de depósitos», diferenció.

Periodista: ¿Cómo recuerda fines de noviembre de 2001?

Daniel Marx: Fue un año muy complejo. La Argentina venía de una recesión larga. Además, la soja estaba a u$s 170 la tonelada y Brasil había devaluado. Había también temas políticos complicados que se manifestaban en salida de fondos. Durante ese viernes 30 de noviembre corrió un rumor por Economía. Ese día a la noche nos convocan a mí y a otros funcionarios del Ministerio y del Banco Central y nos anuncian que estaba firmado el decreto. Me sentí acalorado. Pensaba que la solución iba a provocar un problema serio. Se lo dije a todos los que estaban ahí. El mismo jefe de Gabinete me llamó esa noche. Les dije que si ésa era la decisión, yo me iba. Me dijeron que esperara a que buscaran un reemplazante. Entonces respondí que terminaba de cerrar el canje y ahí renunciaba. Esta operación era una preparación para la reestructuración de más adelante, pero con el «corralito» se frenó.

P.: ¿Por qué se opuso?

D.M.: Mi renuncia estaba pendiente desde hacía varios meses, pero esto ya no lo podía compartir. Entre los problemas que veía que provocaba el «corralito» estaba que afectaba el derecho de las personas y que no se iban a poder materializar las transacciones; entonces iba a haber un impacto en el nivel de actividad. Pero la alternativa del «corralito» era más barata que atender el problema de los bancos.

P.: ¿Cómo se gestó el «corralito»?

D.M.: Nunca lo pude comprobar, pero un decreto no se hace solo.

P.: ¿Cuál era la idea que tenían, bajo el supuesto de que funcionara el «corralito»?

D.M.: Era una manera de frenar la salida de fondos de los bancos. Me acuerdo que la mayoría de la población no tenía o no sabía cómo usar una tarjeta de débito.

P.: ¿Qué solución se imagina para ese momento?

D.M.: Hay una serie de situaciones de fondo que se podrían precisar. Por ejemplo, la discusión sobre el tipo de cambio había que enfrentarla en algún momento. La peor de las formas era insistir con una convertibilidad ampliada. Había señales claras para dar tranquilidad y, donde había problemas, enfrentarlos. Algunos bancos tenían más problemas que otros y a éstos era más barato darles alguna asistencia.

P.: En las últimas semanas circularon mails que hablaban sobre la posibilidad de que se volviera a instalar un «corralito». ¿Qué opina?

D.M.: Desde un punto de vista objetivo, la Argentina no tiene una situación tan adversa como fue 2001. El contexto político se dirimió hace poco. Los bancos tiene mucho más capital que cantidad de depósitos. Los nervios no se explican por los números, sino por la incertidumbre. Hay que buscar dar certezas.

P.: Los bancos están sólidos y solventes.

D.M.: Sí, pero eso no significa que no haya que ponerlos a prueba. Hay otras incertidumbres, como acerca de la compra de dólares, que generan ruidos.

Entrevista de María Iglesia

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