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Morente fue lo mejor de la Bienal de Flamenco
El enojo que evidenciaron el gesto y el tono de la presentadora oficial Betty Elizalde, fue seguramente producto de la sorpresa por la silbatina con que la multitud (la cifra de prensa habló de 6.000 personas aunque había bastante menos) recibió la mención del nombre de las autoridades de Cultura de la ciudad. El abucheo demudó a la experimentada locutora que hasta regañó al público en una actitud poco profesional y evidentemente partidaria.
Pero claro, nadie la había ido a escuchar a ella. Las aguas se calmaron -y los gritos cambiaron de sentido- cuando entró en escena la figura central, y casi excluyente, que tuvo el festival de flamenco que concluyó el domingo: Enrique Morente. Su escuela hecha fundamentalmente en los tablaos, la expresividad y lo genuino de su cante, su inquietud permanente para buscar nuevos caminos, su acercamiento a músicos de los más diversos orígenes, lo han convertido no sólo en pieza principal de su género sino en un referente de toda la música española.
Este concierto callejero, sobre un camión escenario montado sobre la Avenida de Mayo entre Perú y Bolívar, fue muy extenso y tuvo dos secciones bien marcadas. En la primera, con toda la desprolijidad del caso (hubo problemas de sonido, mal humor no ocultado del cantaor, baches por cuestiones técnicas, un movimiento de gente no del todo aceitado), Morente estuvo en el terreno de lo más clásico. Acompañado por su grupo, en el que hay una larga fila de parientes entre esposa, cuñada e hijos; con dos o tres guitarristas, con cuatro u ocho cantaores/percusionistas/bailaores agregados, revisitó coplas tradicionales y grandes autores españoles. Sin duda, su cante está muy por encima del grupo acompañante que, a ratos, mostró un desorden cantinero poco digno para una delegación internacional con tantos organismos oficiales repaldándola.
La segunda parte llegó con la anunciada presencia del grupo rockero Lagartija Nick -sin que sus compañeros abandonaran el escenario- para hacer la también anunciada presentación del disco «Omega», un trabajo denso de indudable valía recientemente editado por aquí, con Morente en su mejor expresión, en el que conviven textos de Federico García Lorca y de Leonard Cohen. Aunque algo reiterada a lo largo de toda la sección, la base rockera puso al cantaor en un lugar distinto y levantó la temperatura y la calidad de su actuación. Y el final llegó con un homenaje a Buenos Aires, con una versión personal e interesante de «Chiquilín de Bachín» de Piazzolla y Ferrer.


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