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Muñecos zafados para solaz de veinteañeros
Talentosos actores que combinan canto, actuación, baile y manipulación de títeres animan la versión porteña del simpático musical destinado a jóvenes de entre 20 y 30 años.
Pensado para jóvenes entre 20 y 30 años, el musical «Avenida Q» aborda con un humor irreverente el difícil pasaje a la adultez y la inevitable caída de los sueños infantiles frente a una realidad que exige, para sobrevivir, algo más que imaginación y buenas intenciones.
Con un formato muy similar al recordado programa «Plaza Sesamo», esta simpática comedia musical protagonizada por títeres y actores se apropió el modelo creado por Jim Henson (el autor de los muppets) con una vuelta de tuerca muy atrevida, sobre todo en materia sexual: los muñecos hacen el amor en escena y se expresan con bastante crudeza. Por otro lado, abundan los comentarios políticamente incorrectos sobre ciertas costumbres y mandatos sociales que las nuevas generaciones viven como una gran limitación en relación a sus propios ideales y aspiraciones.
La acción dramática tiende a desdibujarse a lo largo de los distintos sketchs sin ofrecer situaciones de peso. Todo lo que hay para decir está bien condensado en cada canción.
Temas como «Qué triste ser yo» (un himno para perdedores); «Si fueras gay», «Todos somos algo racistas», «Sin porno no hay Internet» y «Schadenfreude (placer frente a la desgracia ajena)» ofrecen ritmos pegadizos y un humor que no teme incomodar con su desenfado.
Los vecinos de Avenida Q (un licenciado en letras que no sabe qué hacer con su título, una asistente de maestra jardinera, un comediante desempleado, una japonesa muy mandona con título de psicóloga pero sin pacientes, un vago de buen corazón que vive a expensas de un amigo empresario, un monstruo dedicado a la pornografía virtual) tienen rasgos muy pintorescos y aún en medio de sus conflictos y desencuentros mantienen intacta su comicidad. Sorprende la inclusión de Gary Coleman (el astro infantil de «Blanco y Negro» fallecido en mayo de este año), como un personaje patético que ilustra, con detalles de su vida real, el doloroso tránsito de niño genial a adulto conflictuado. Precisamente por ese lado circulan los fantasmas de este grupo juvenil. Por un lado el miedo al fracaso y sumado a él la necesidad, urgente e imperiosa, de encontrar una meta que de sentido a sus vidas.
La versión local de «Avenida Q» cuenta con un elenco muy talentoso que combina canto, actuación, baile y manipulación de títeres con apreciable maestría.


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