4 de noviembre 2009 - 00:00

Murió Ayala, última voz de la generación del 27

Francisco Ayala: narrador, poeta, traductor, jurista. Un moderno renacentista español que vivió plenamente sus 103 años.
Francisco Ayala: narrador, poeta, traductor, jurista. Un moderno renacentista español que vivió plenamente sus 103 años.
Más de un centenar de años, sin duda, dan para mucho. Sobre todo para quien los ha vivido, como Francisco Ayala, con coherencia y plenitud, dedicado siempre al ejercicio de la actividad intelectual y la escritura. Cada uno de nosotros nos forjamos en el crisol de nuestra época, y los 103 años de existencia de nuestro escritor y pensador han sido de los más fascinantes y terribles de la historia: abrió los ojos a la vida en la Granada aún rural de comienzos del XX; forjó su criterio y su carácter en plena Gran Guerra entre su familia materna progresista y aliadófila y su familia paterna conservadora y germanófila, pero creció -sobre todo- al impulso de grandes incitaciones culturales.

Se vio trasplantado de su tierra natal aún adolescente al Madrid de los felices veinte, donde se inició a la escritura y pronto vivirá la fascinante experiencia de las vanguardias; estudios de Derecho y Ciencias Políticas, beca para ampliar estudios en la Alemania en ebullición de los años previos al nazismo; Cátedra y dedicación, como Letrado, a las Cortes de la República; Guerra Civil; Exilio: la Argentina (el Buenos Aires de Borges, Bioy Casares, Cortázar, Mallea, Francisco Romero, Silvina Ocampo y tantos otros), Brasil (Río de Janeiro en el año final de la II Guerra Mundial, con dedicación exhaustiva a los estudios sociológicos), Puerto Rico (los años dorados de la Isla con el Rector Jaime Benítez en Río Piedras.), Estados Unidos (Chicago, Nueva York). Y los diversos retornos desde los años sesenta hasta instalarse definitivamente en España tras su jubilación. Tuvo tardíos -pero justísimos-reconocimientos: Real Academia, Premio Nacional de Narrativa, Premio de las Letras Españolas, Premio Cervantes, Premio Príncipe de Asturias, Hijo Predilecto de Andalucía.

Ayala vio pasar la humanidad a la que pertenecía del carro tirado por bestias a la nave espacial, de las sombras chinescas a las imágenes tridimensionales de síntesis, de la invención de la penicilina a la ingeniería genética, del pregón callejero a la consumación de la Aldea Global en Internet. Y siempre lo hizo -observador privilegiado- con interés y a la vez con mirada crítica y lúcida, no exenta de capacidad anticipadora, profética.

Hay quien dice que las líneas más vigentes del actual derecho constitucional están apuntadas en sus juveniles y sagaces estudios sobre libertad y democracia, en los años en que fue Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Madrid y Letrado de las Cortes de la República.

También Ayala comenzó muy joven en el periodismo: su proximidad a Ortega y Gasset lo convirtió pronto en editorialista de ese diario mítico que fue «El Sol». Y siguió cultivando el periodismo de opinión y cultura hasta el final, con un papel fundamental en publicaciones desde «Revista de Occidente» hasta «Realidad» o «La Torre». Su ingreso en la Real Academia fue con una antológica conferencia titulada Retóricas del periodismo. Sus recopilaciones de artículos como Mi cuarto a espadas, Contra el poder y otros ensayos o En qué mundo vivimos, por sólo citar las últimas, le acreditaron como uno de los grandes periodistas interpretativos del siglo XX en lengua española.

Los investigadores que han trabajado sobre cine y medios de comunicación consideran su librito Indagación del cinema (1929) y sus numerosos ensayos posteriores sobre cine, radio y televisión, como el punto más alto de la reflexión sobre medios audiovisuales. Precisamente por ello fue investido como Doctor honoris causa en Comunicación por la Universidad de Sevilla y, muy recientemente, recibió el primer reconocimiento institucional del Consejo Audiovisual de Andalucía, que otorgó su nombre al más importante Premio de Investigación y Ensayo sobre Comunicación Audiovisual.

Los mejores sociólogos del mundo hispánico lo consideraron como uno de los padres de la sociología moderna en nuestro marco cultural: obras como su Tratado de Sociología -que tanta vigencia conserva aún- o Introducción a las Ciencias Sociales le valieron el reconocimiento como Doctor honoris causa en Ciencias Sociales y Políticas por la UNED. Y hay quien señala no sólo las coincidencias, sino incluso sus anticipos en relación con los mejores sociólogos de su tiempo, especialmente la Escuela de Frankfurt.

Tradujo también a autores de la talla de Thomas Mann, Rilke o Moravia, que algunos dicen suenan mejor en el español de Ayala que en su lengua original. Su Breve teoría de la traducción se considera como uno de los textos antológicos de las nuevas tendencias en el arte de llevar el significado de un idioma a otro.

Pero por encima de todo, en Franciso Ayala destacaba su talla incomparable como narrador. Alguien que supo entroncar con la gran narrativa del XIX y de comienzos del XX con sus dos juveniles novelas «Tragicomedia de un hombre sin espíritu» e «Historia de un amanecer»; que nos ha ofrecido los mejores relatos de la vanguardia hispánica en sus libritos «El boxeador y un ángel y cazador en el alba»; que marcó el único camino posible para la narrativa de posguerra en sus conjuntos de novelas ejemplares «Los usurpadores» y «La cabeza del cordero»; que ofreció sus frutos de madurez con sus dos grandes novelas sobre las miserias de la dictadura y las corruptelas de la democracia con «Muertes de perro» y «El fondo del vaso». Y que tras los relatos de «Historia de macacos» y «El rapto» nos ofreció esa muestra culminante de la narrativa posmoderna que es «El jardín de las delicias».

N. de la R.: Durante su prolongado exilio en Buenos Aires, que se extendió desde fines de la Guerra Civil hasta 1950, Francisco Ayala dejó no sólo la huella de sus enseñanzas. Junto con su hermanos, fundó dos librerías que todavía hoy sobreviven: una en Santa Fe y Sánchez de Bustamante, la otra en Bulnes y Las Heras.

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