16 de mayo 2012 - 00:00

Murió ayer Carlos Fuentes, el más grande escritor mexicano

Carlos Fuentes cimentó la literatura latinoamericana con títulos como «La muerte de Artemio Cruz», «Cambio de piel» y «Gringo Viejo».
Carlos Fuentes cimentó la literatura latinoamericana con títulos como «La muerte de Artemio Cruz», «Cambio de piel» y «Gringo Viejo».
Carlos Fuentes, que hace apenas una semana visitó la Feria del Libro de Buenos Aires, donde ofreció una conferencia magistral, murió ayer al mediodía sorpresivamente en Ciudad de México por una descompensación cardíaca. Tenía 83 años, y fue el mismo presidente mexicano, Felipe Calderón, quien comunicó la noticia a través de su cuenta de Twitter: «Lamento profundamente el fallecimiento de nuestro querido y admirado Carlos Fuentes, escritor y mexicano universal. Descanse en paz». Chavela Vargas, también en Twitter, fue más visceral: «SILENCIO, POR FAVOR: Mi gran amigo CARLOS FUENTES se fue.»

El autor de la ya legendaria novela «La muerte de Artemio Cruz», que le valió su inclusión en el cánon del llamado «boom» de la literatura latinoamericana de los 60 y 70 (según la categorización del escritor Luis Harss, quien agrupó a la heterogénea pléyade en el libro «Los nuestros»), había concluido su última visita a Buenos Aires entre paseos y presentaciones varias, que incluyeron una aparición en la biblioteca Miguel Cané y un almuerzo en la representación diplomática de México ofrecida por el embajador Francisco del Río.

«Charlas que Quincho» de este diario retrató ese ágape, del que participaron también el poderoso empresario mexicano Carlos Slim, la embajadora de los Estados Unidos Vilma Martínez, los diplomáticos mexicanos Teresa Mercado y Ricardo Calderón, el empresario editorial español David Delgado (publica las novelas de Fuentes), Gustavo Dimarco (presidente de la Cámara de Publicaciones, que concentra a las majors del negocio editorial en la Argentina), Gabriela Adamo (gerente de la Feria del Libro), el empresario Norberto Frigerio y el hijo de un ex presidente mexicano, Christian Martell, estuvieron entre los comensales: «Fuentes evocó los tiempos en que vivió en Buenos Aires, cuando tenía 14 y 15 años, porque su padre era diplomático de su país. Lo mejor -recordó- es que ese año no fui a la escuela. Se dedicó a pasear por los barrios porteños como La Boca y San Telmo, y a conocer personalidades. Entre ellos dijo haber conversado varias veces, siendo un adolescente, con Jorge Luis Borges, y haber conocido al «Polaco» Goyeneche y a Aníbal Troilo.» Poco después, se trasladó al museo de la Casa de Gobierno para mirar el mítico mural de Siqueiros, y allí dijo lo que ahora suena nostálgico: que se pondría a escribir una nueva novela apenas llegara de regreso a México.

Ganador de los Premios Cervantes (1987), Príncipe de Asturias (1994) y también varias veces candidato al Nobel, Fuentes había nacido el 11 de noviembre de 1928 en Ciudad de Panamá (allí se hallaban transitoriamente sus padres, ya que era hijo del diplomático Rafael Fuentes. Eso también le hizo conocer en su infancia numerosas ciudades de América, incluyendo Buenos Aires. Así, sus estudios primarios y secundarios se repartieron entre la Argentina, Chile, Brasil y los EE.UU. (durante ocho años), además de otros destinos donde permaneció por menos tiempo.

Recordaba siempre que había leido por primera vez el «Quijote», a los 12 años, aunque consideraba que su contacto inicial con la literatura ocurrió durante uno de los destinos paternos, en Río de Janeiro, donde solía sentarse en las rodillas del gran polígrafo mexicano Alfonso Reyes, entonces embajador en Brasil, quien le recomendó que estudiara Derecho. Así lo hizo en el Instituto des Hautes Etudes Internationales de Ginebra.

De regreso a México, continuó su formación en abogacía con el jurisconsulto republicano Manuel Pedroso, español exiliado, quien lo impulsó a la lectura de los clásicos.

También Fuentes fue diplomático: entre 1950 y 1951 representó a México en Ginebra ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y tres años después organizó en México el Gabinete de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Como periodista y crítico literario, fundó y dirigió con Emmanuel Carballo la «Revista Mexicana de Literatura» (1955-1958), fue coeditor de «El espectador» (1959-1961) y, en 1960, de «Siempre» y «Política». Catedrático de Literatura en la Universidad de Princeton, impartió clases de español y literatura comparada en las Universidades estadounidenses de Columbia, Harvard y Pennsylvania, entre otras.

Entre 1974 y 1977 volvió a ocupar un puesto dentro del cuerpo diplomático y fue destinado a París como embajador, cargo del que dimitió en protesta por el nombramiento como primer embajador de México en España de Gustavo Díaz Ordaz, a quien Fuentes responsabilizaba de los sangrientos acontecimientos de la Plaza de las Tres Culturas, de Tlatelolco (2 de octubre de 1968).

Su obra literaria

En 1954 apareció su primera novela, «Los días enmascarados», donde ya se entreveían indicios de su futuro estilo y sus preocupaciones narrativas, casi nunca desentendidas de la realidad política y social de su país. A «La región más transparente» (1958) le siguió su novela consagratoria, «La muerte de Artemio Cruz» (1962), en la que trazó una radiografía general del México profundo, sus contradicciones históricas y sus esplendores y miserias, a través de los ojos desencantados de un industrial de escasa ética y mucho poder, mientras está agonizando.

También de 1962 data «Aura», un trabajo menor pero que curiosamente recobró una enorme popularidad en México hacia principios de los 80, cuando el entonces ministro de Trabajo de México censuró su lectura a su hija adolescente por narrar una escena erótica. Nada pudo ser mejor para Fuentes: fue tal la polémica que la editorial reeditó durante varios meses el libro, que ya estaba agotado y casi olvidado, en función de la renovada demanda de los lectores y las manifestaciones de intelectuales en defensa de la cultura. «Cambio de piel», otros de sus grandes éxitos literarios (1967), se ocupa de cuatro personajes que viajan de México a Veracruz, y que al pernoctar una noche en Cholula desnudan sus expectativas y frustraciones.

«Terra Nostra», un alegato en favor de la libertad individual en la sociedad moderna le valió el Premio Rómulo Gallegos (1977) e impulsó internacionalmente su nombre. De 1985 data «Gringo viejo», la novela basada libremente en la enigmática vida en México del escritor Ambrose Bierce, que llevó al cine EN 1989 Luis Puenzo, quien venía de ganar el Oscar por «La historia oficial». El proyecto fue entusiastamente producido por Jane Fonda, quien tuvo el papel coprotagónico junto con Gregory Peck (intérprete de Bierce). Sin embargo, en la taquilla tuvo escasa fortuna. También en la crítica. Guionista también él, Fuentes escribió los libretos para las películas «Las dos Elenas» (1964), «Un alma pura» (1965), «El gallo de oro» (1964) y «Pedro Páramo» (1966), adaptación ésta de la novela de su compatriota Juan Rulfo.

Tal como lo expresó en su conferencia magistral en la última Feria del Libro, en la que dijo que la literatura no debía estar condenada a la «linealidad» y poder experimentar con «tiempos diferentes y simultáneos», a Fuentes le atraía el probarse en distintas formas. «En la silla del águila» (2002), recurría a la literatura epistolar, por ejemplo, para describir los manejos políticos alrededor de una sucesión presidencial en México y las perversiones del poder. En «La frontera de cristal» bordeó la crónica periodística para hablar de los mexicanos que emigran ilegalmente a Estados Unidos en busca de empleo.

Otros premios que recibió fueron los de Biblioteca Breve (1967); Internacional Alfonso Reyes (1979); Nacional de Literatura de México (1984); de Literatura del Club Nacional de las Artes de Nueva York (1988); Internacional Menéndez Pelayo (1992); insignia de Oficial de la Legión de Honor de Francia (1992); título de Comendador de la Orden Nacional del Mérito de Francia (1997); Arte Editorial de la Cámara Nacional de la Industria Editorial mexicana (1998); Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1998); Premio a la Latinidad de las Academias de Letras de Francia y Brasil (1998); Medalla Belisario Domínguez de México (1999); Formentor de las Letras 2011 y el Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras el mismo año. Horas antes de su muerte, había sido nombrado doctor «honoris causa» por la Universidad española de las Islas Baleares. Estaba casado en segundas nupcias con la periodista mexicana Silvia Lemús, unión de la que nacieron sus hijos Carlos Rafael, que padecía hemofilia y murió en 1999 a los 25 años, y Natasha que falleció años después a los 32 años por causas desconocidas.

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