31 de julio 2012 - 00:00

Murió Tizón, forjador de la “palabra justa”

Héctor Tizón deja un formidable legado narrativo en el que universalizó a su «aldea», la Puna, Jujuy, la Quebrada de Humahuaca.
Héctor Tizón deja un formidable legado narrativo en el que universalizó a su «aldea», la Puna, Jujuy, la Quebrada de Humahuaca.
A los 82 años murió ayer Héctor Tizón, una de las plumas más destacadas y profundas de la narrativa argentina del siglo pasado, quien mediante sus novelas, cuentos y crónicas, hizo universal su «aldea»: Jujuy, la Puna, la quebrada de Humahuaca. Además de su actividad específicamente literaria, Tizón tuvo una notoria carrera pública: periodista y abogado, en 1990 la Legislatura de Jujuy, su provincia natal, lo designó juez del Superior Tribunal de Justicia. Uno de sus últimos fallos fue contra la megaminería a cielo abierto. Por la Unión Cívica Radical, había representado a su provincia en la Convención Nacional que reformó la Constitución nacional en 1994 en Santa Fe.

La «palabra justa», esa «mot juste» de la que hablaba Flaubert, fue siempre una de sus premisas de estilo (tal el nombre del documental que le dedicó Eduardo Montes-Bradley): Tizón detestaba la redundancia, el regodeo literario estéril, y mimetizado de alguna forma con el alma de su propia tierra, del sentimiento hondo y parco a la vez, encontró en la narración clásica, precisa, la vía más adecuada para transmitir su propio mundo artístico.

Nacido el 21 de octubre de 1929 en Yala, a 14 kilómetros de San Salvador de Jujuy, estaba casado con la filóloga Flora Guzmán.

Entre sus obras más importantes se destacan «Fuego en Casabindo», «La casa y el viento», «La mujer de Strasser», «Luz de las crueles provincias», «Extraño y pálido fulgor» y «Tierra de fronteras». En 2008 publicó sus memorias, «El resplandor de la hoguera». Su último libro, «Memorial de la Puna», fue publicado este mes. «La Puna no es sólo un desierto lunar cálido y frío, es una experiencia: allí se viven intensamente el silencio, la soledad, el desamparo. Y los seres humanos se miran a sí mismos como en un espejo, enfrentados a la razón de existir, a su destino más elemental», escribió allí Tizón.

Entre 1958 y 1962 se dedicó a la carrera diplomática, en la que ocupó los cargos de agregado cultural en México, donde publicó en 1960 su primer libro «A un costado de los rieles», y cónsul en Milán, Italia. En el periodistmo, dirigió el diario «Proclama». Tras el golpe de Estado de 1976 se exilió en España, donde continuó su trabajo vinculado con las letras y el periodismo. Vivió en Madrid, París y Milán, y regresó en 1982 a la Argentina. «El exilio fue absolutamente insoportable para mí, de las tristezas más intensas que sufrí en mi vida. Cuando uno se queda sin país y sin la promesa de una tierra prometida se siente a la interperie. La literatura, en ese sentido, me otorgó un equivalente del país que por momentos creí perder», dijo en una ocasión sobre aquellos años.

Sobre Jujuy escribió: «Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío. No llueve, pero cuando el cielo ruge su voz es aterradora, implacable, colérica. Sobre esta tierra, en donde es penoso respirar, la gente depende de muchos dioses».

Al vincular sus dos actividades, las letras y la justicia, también recurría al concepto de «la palabra justa». «Con el tiempo, descubrí que la operación que hace un juez en su sentencia es muy parecida a la del escritor, ya que una buena sentencia debe reunir los mismos requisitos que la buena literatura, que no puede estar regida por palabras incorrectas», dijo una vez. «Las dos disciplinas buscan la palabra justa, aunque el novelista tiene la ventaja de utilizar figuras que un juez no puede darse el lujo de utilizar».

Una de sus novelas, «Fuego en Casabindo», basada en espisodios de la batalla de Quera, en 1870, se transformó en 2004 en una ópera de Virtú Maragno, que con dirección musical de Carlos Calleja y régie de Alejandro Tantanián estrenó el Teatro Colón en su temporada de ese año.

Sus restos mortales eran velados desde ayer en la Legislatura provincial jujeña, y serán inhumados hoy en el cementerio de Yala.

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