1 de agosto 2012 - 00:00

Nakache: “La mirada del otro nos otorga la vida”

Olivier Nakache, codirector con Eric Toledano de «Amigos intocables», acerca del vínculo entre un millonario cuadripléjico y su enfermero pobre.
Olivier Nakache, codirector con Eric Toledano de «Amigos intocables», acerca del vínculo entre un millonario cuadripléjico y su enfermero pobre.
París - Es posible, y hasta aconsejable, tratar los temas serios con una sonrisa. Por ejemplo, Olivier Nakache y Eric Toledano hiceron una comedia a partir de la historia real de amistad entre un pobre y un cuadripléjico, y alcanzaron el éxito en su país y medio mundo. La obra se llama «Intouchables», entre nosotros «Amigos intocables», que se estrena el jueves, y sobre esto dialoa una cuadra del Louvre, con Nakache.

Periodista: ¿Cómo fue que usted y su socio Eric Toledano conocieron la historia real?

Olivier Nakache: Fue por un documental televisivo y

por el propio libro de memorias y reflexiones «Le second souffle», el segundo aliento, de Philippe Pozzo di Borgo, aristócrata, heredero de dos grandes familias, director de la empresa de champán Pommery, que un día cayó mal con su parapente. A eso se sumó la muerte de su esposa, por una enfermedad de la sangre. Y sin embargo este hombre salió adelante, ayudado por su carácter y por un enfermero improvisado, Abdel Sellou, un argelino desocupado de los suburbios de Paris. A primera vista no tenían nada en común, pero los unió el sentido del humor. Ahora él vive en las afueras de Essaouira, Marruecos, con su nueva esposa y sus dos hijas adoptivas, y Sellou tiene un campito cerca y lo visita como amigo.

P.: ¿Ustedes fueron a verlos?

O.N.: Sí. Di Borgo es una persona excepcional, basta hablar unos minutos con él para sentirse a gusto. Apenas le propusimos hacer una comedia se mostró encantado, nos apoyó, e insistió en que esperaba algo que hiciera reir, y no llorar. François Cluzet lo interpreta muy bien.

P.: ¿Y Omar Sy, que interpreta al enfermero, se parece al original?

O.N.: Abdel es distinto, y no sólo en el color de la piel. Es más rústico, medio cerrado, menos carismático. Omar es luminoso, transmite energía. Pero ambos tienen la misma fuerza cómica.

P.: Causa gracia que, siendo tan negro, sea luminoso.

O.N.: Sí, y más porque él también la pasó mal en su vida. Lo conocimos en 2001, él tenía un pequeño espectáculo, escribía situaciones humorísticas para otros artistas, pero vimos que tenía personalidad de actor, lo alentamos a poner la cara, hicimos un corto con él y así empezó todo. Ahora vive de la televisión, tiene un microespacio diario en el «Grand Journal» de Canal Plus, y es muy popular. En Francia está en tercer lugar de popularidad detrás del tenista y ahora cantante Yannick Noah, y el futbolista Zidaine Zidane. Lo cual habla de una Francia muy distinta a la tradicional.

P.: ¿Eso explica el gran éxito francés de «Intouchables»?

O.N.: Las razones del éxito son varias. Creo que tocamos un punto muy sensible, el encuentro de dos clases adversas, y de dos personas aparentemente muy diversas. Otra razón es que abordamos temas difíciles con buen humor: entre ellos, la situación de los minusválidos, la fragilidad, en la sociedad no hay mucho lugar para los frágiles, y ahí tenemos dos personas fuera de la sociedad. Su encuentro los va a salvar. Cada uno se salva gracias al otro. Como dice di Borgo, «Sólo vivimos a través de los ojos del Otro, está claro. Es él quien nos da la vida». Además, la gente quiere divertirse y la película es optimista. Dicen que es una película anticrisis. Para mí, en el sentido de que inclusive en medio del drama hay esperanza, humor, distancia irónica y una cosa cándida: puede avanzarse cuando miramos al otro y nos miramos en el otro. Di Borgo y Abdel pudieron hacerlo porque tuvieron tiempo, se encontraron en el camino y sus tiempos coincidieron. No todos tienen esa suerte.

P.: En cuanto a la suerte de ustedes en boletería (10.675.385 euros tan sólo el primer fin de semana), ¿cómo se sobrevive a semejante éxito?

O.N.: Se sobrevive alternando períodos de intensa felicidad e intensa depresión, porque esto lo vivimos una sola vez, de eso somos concientes. ¿Cómo continuar ahora? A veces pienso largar todo y comprarme una panadería. O seguir pero simultáneamente con la panadería. En todo caso, creo que capitalizaremos este éxito para hacer más comedias realistas, incluso sobre temas difíciles, poniendo levedad y humor. Los italianos tienen esa tradición, nosotros la fuimos perdiendo. Solo se conserva en algunas películas de Cedric Klapisch. El asunto es tomar nuestras desgracias, nuestros problemas, con un poco de humor.

P.: Como quien dice «¿encima que te va mal, te vas a amargar?»

O.N.: Sí, sí, en la vida real Toledano y yo también somos así. Es nuestro medio de defensa.

P.: Una pregunta técnica: ¿cómo rodaron la escena en que el cuadripléjico y su enfermero dan un paseo en parapente?

O.N.: Sin trucos, fue toda de verdad. Y justo la filmamos en el lugar donde Borgo tuvo su accidente, una región alpina muy linda, La Clusaz, cerca de Annecy. Cada actor tuvo que dar diez saltos. Los registramos con cámaras que fueron especialmente construidas para el equipo de «Le peuple migrateur» («Nómadas del viento», sobre las aves migratorias de todo el mundo). Esa gente nos dio una mano. Usamos esas pequeñas cámaras y una de 35 mm. que dio vueltas alrededor de los intérpretes, pero las dio con tanta estabilidad que no transmitía ningún suspenso, ningún miedo, así que la terminamos desechando.

P.: ¿Saltaron de verdad? ¿Habrá sido la última escena que se filmó, verdad?

O.N.: ¡Así es, fue la última! Si hubiera pasado un accidente funcionaba igual, y la habríamos dedicado a la memoria del accidentado. ¡Es una broma! Pero lo más gracioso es que el actor que finge seguridad estaba muerto de miedo, y el que aparece muerto de miedo estaba felicísimo.

* Enviado Especial

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