Nuestro rock en La Habana, y algunos interrogantes

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 Ha generado gran revuelo entre periodistas, curiosos de la música, impulsores de la solidaridad revolucionaria e incondicionales de la banda liderada por Mick Jagger la noticia de que los Rolling Stones tocarán gratis, antes de fin de mes, en un centro deportivo de La Habana. "Hemos tocado en muchos lugares especiales durante nuestra larga carrera, pero este espectáculo en La Habana va a ser un hito para nosotros y esperamos que lo sea también para todos nuestros amigos en Cuba", expresó un comunicado oficial de la banda, bajo el título "The Rolling Stones Annuonce free concert in Cuba!" ("Los Rolling Stones anuncian concierto gratis en Cuba!"). En lo concreto, el show que ocurrirá el 27 de marzo, será el cierre de la gira latinoamericana que ya pasó por nuestro país (con tres conciertos "sold out" en el Estadio Único de La Plata) y que incluyó además Uruguay, Chile, Brasil, México, Perú y Colombia.

La información que llegó a los periodistas dice que fue Jagger quien se ocupó personalmente del asunto; hasta se habla de que habría viajado de incógnito a la isla caribeña para dar el "ok" al emplazamiento, cuya selección recayó en manos del productor argentino Daniel Grinbank, el mismo que armó buena parte del "Olé Tour". La actuación incluirá además la decisión de registrar un video en vivo que dé cuenta de esta muy exitosa tournée. Hasta aquí, todo muy bonito. Quién podría oponerse a semejante empresa, en un momento en que Cuba y los Estados Unidos están restableciendo relaciones diplomáticas y que la isla está aceptando que no hay nada más antirrevolucionario que la cerrazón de la cultura. Los Rolling Stones serán así la primera banda de rock británico que tocará en vivo en Cuba en semejantes condiciones y, seguramente, con su presencia abrirán el camino para nuevos shows de acceso gratuito de figuras de esta envergadura en los próximos meses, como ya se menciona a Sting y a Stevie Wonder. Y, quizá, los cubanos logren un ingreso extra por el turismo internacional de "rollingas" y "stones" adinerados que no querrán perderse semejante acontecimiento. Todo un símbolo. Elogiable. Y sin la menor duda, de un efecto mediático potente. Tanto, que no se han visto ni escuchado voces discordantes en la prensa.

Cuba, su revolución -aun con los cuestionamientos a su burocratización y sus faltas de libertades- y, sobre todo, su pueblo, son queridos en nuestro país. Y, recíprocamente, los cubanos son los únicos latinoamericanos que tienen un fuerte afecto por la Argentina, sea por el lugar del nacimiento del Che o porque todavía no terminaron de decodificar plenamente al país. Y, con tanta gente interesada en la re-unión de la isla y su gobierno con los países centrales, la llegada de semejante banda emblemática no debería ser sino festejada con bombos y platillos.

Pero, a pesar de todo eso, hace ruido esta voluntad de los Stones para "regalar" su show y obliga a pensar, al mismo tiempo, en los cientos de miles de personas en el mundo de América Latina y de tantos otros lugares- que disfrutarían viéndolos y que no tendrán jamás la posibilidad de hacerlo. Porque su pobreza los pone fuera de ser merecedores del obsequio. Porque los gobiernos de esos países no tendrán jamás ni las ganas ni el dinero como para tal inversión. Porque aun viviendo en países visitados con frecuencia por el cuarteto inglés no tienen ni en el más loco de sus sueños el dinero suficiente como para pagar una entrada.

Quedan un par de preguntas cuyas respuestas corren por cuenta de los lectores. ¿No será que todo esto termina en una muy "barata" movida de Jagger & Co. para grabar un video con escenografía tercermundista, haciendo trabajar gratis a un montón de personas, además de ellos? ¿No será, finalmente, una simpática y eficaz movida de marketing, a costo muy bajo, que de todos modos, se amortiza con creces con las incalculables fortunas que cobran en otros puntos de la gira?

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