- ámbito
- Edición Impresa
Perales: “Componer para otros es más divertido”
José Luis Perales: «Cuando escribo para mí, el que dice las cosas soy yo y es como confesarse públicamente. En ese sentido es un poco más difícil».
resurge el entusiasmo puedo volver con más ganas».
Periodista: ¿Eso no implica riesgos desde el punto de vista comercial?
José Luis Perales: Nunca he querido ser el más rico del cementerio. Desde mis comienzos, seguramente por ser compositor antes que cantante, he dejado pasar por lo menos un año y medio entre un disco y otro. Si tuviera un ritmo más constante, a lo mejor ganaría más dinero, o al final quizá menos porque terminaría aburriendo, no sé. Pero en todo caso, tampoco me lo planteo así. Y entonces, interrumpo mi trabajo de artista, llevo una vida normal, y me dedico a mis hobbies, que pueden ser la cerámica de estilo romano o
la orfebrería, con la que a lo mejor hasta pueda generar un emprendimiento comercial, a los que les dedico toda la energía, al punto de olvidarme de todo el resto.
Nacido en Castejón, un pueblo de la provincia de Cuenca, en 1945, Perales lleva más de 50 millones de discos vendidos y es el responsable de una lista enorme de canciones que, además de por la suya, han pasado por las voces de artistas como Lola Flores, Rocío Jurado, Raphael, el Puma Rodríguez, Isabel Pantoja, Miguel Bosé o José Feliciano, entre muchos otros. Lo suyo nuevo se llama «Calle Soledad», un CD + DVD que ya se lanzó también en la Argentina, que arrancó con sus presentaciones en España y que desde octubre tendrá su sección latinoamericana, con su correspondiente paso por nuestro país.
P.: ¿Cuánto se ha modificado el tema de la grabación de discos en todos estos años que usted lleva en actividad?
J.L.P.: Tanto que no tiene comparación. Yo he pasado por todo, inclusive por tiempos en que los discos llevaban una inversión económica muy alta que se justificaba porque las compañías tenían otro formato de negocios y porque las ventas tenían otros números. Hoy, hacer un disco como el que hicimos nosotros -con orquesta sinfónica, con mezcla en Suecia, con masterización en los Estados Unidos- es un lujo. No son las inversiones de otras épocas, pero ha sido igualmente alta. Pero es una producción independiente, como una gran cantidad del material que se produce, y las compañías funcionan a la hora de la promoción y la distribución. Está claro que la piratería hace mucho más complicado el asunto de las ventas. Como contraparte, la ventaja de estos tiempos es que contamos con recursos tecnológicos que nos permiten cosas antes impensadas, como por ejemplo grabar a la orquesta de Bratislava, como hicimos nosotros, por Internet y sumarlo al disco, sin necesidad de viajar ni mover gente.
P.: En lo artístico, ¿cómo se hace para no repetirse después de tanto tiempo?
J.L.P.: En el aspecto de la composición, a veces hay que dar unas cuantas vueltas para evitar esas repeticiones. Los temas de las canciones son siempre los mismos: el amor, la añoranza, el abandono, la infidelidad. Ahora cuento con un nuevo sentimiento que tiene que ver con el amor de abuelo. Para este disco he escrito para mi nieta Manuela. Respecto de las notas, pasa lo mismo: son siempre las mismas siete y uno intenta mezclarlas de un modo diferente, aunque no sé si lo logro en todos los casos. Yo busco no aburrirme ni generar fatiga en los demás. Y esos tiempos largos que dedico a otros asuntos contribuyen, creo, a que eso no ocurra.
P.: ¿Es lo mismo componer para usted que hacerlo por encargo para otro cantante?
J.L.P.: No. Componer para otros es muy divertido, porque yo me ubico en quien lo va a cantar, imagino el personaje, hasta lo imito frente a un espejo imaginándome cómo lo haría. Eso me permite escribir para alguien que es totalmente diferente de mí o inclusive para mujeres. Cuando escribo para mí, el que dice las cosas soy yo, es como confesarse públicamente; y en ese sentido es un poco más difícil.
P.: ¿Le sigue divirtiendo cantar frente a la gente?
J.L.P.: El contacto con el público es lo más maravilloso de lo que nosotros hacemos. Y es tan hermoso que hasta puede generar adicción. Por eso viene bien, otra vez, tomarse tiempo de vida común, sin aviones ni hoteles de cinco estrellas, para darse un baño de humildad y no confundirse.
Entrevista de Ricardo Salton


Dejá tu comentario