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Pierde potencia un Pinter domesticado
La nueva puesta de "La vuelta al hogar" es menos revulsiva de lo que el texto promete y aunque el elenco resuelve con oficio la complicada red de vínculos, no logra poner en juego las ambigüedades de sus personajes.
El conflicto estalla con el imprevisto regreso al hogar de Teddy (Rafael Ferro), el tercer hijo de Max, el único intelectual de la familia, quien además de residir en Estados Unidos y ser profesor en filosofía llega del brazo de su atractiva mujer, Ruth (Agustina Lecouna) con la que ha tenido tres hijos. De allí en más, padre y hermanos harán todo lo posible para erradicar a la oveja blanca de la familia (la antítesis de ese mundo de peleas callejeras, carreras de caballo y proxenetismo) para apropiarse de su mujer. Lo curioso es que ésta empieza a sentirse muy cómoda entre esta gente revelando más de un punto en común con aquella madre poderosa y, no necesariamente fiel, a la que todos quieren que reemplace.
La interpretación de Lecouna tiene magnetismo aunque esté trabajada desde una posición exageradamente hierática, y el elenco masculino también resuelve con oficio la complicada red de vínculos que los envuelve, pero no logran poner en juego las ambigüedades y deseos ocultos de sus criaturas.
Las peleas no han sido trabajadas a fondo, cosa que se hace evidente en la poca convicción de sus golpes, riñas y caídas al piso .Ni siquiera cuando la violencia está latente o puesta en palabras, logra atravesar el cuerpo de los intérpretes.
Tal vez haya que revisar qué tipo de entrenamiento necesita un intéprete para encarar una obra como ésta. No hay que olvidar que Pinter, más allá de su formación intelectual, fue un actor que se crió en un barrio de clase baja y desde muy chico tuvo que defenderse a golpes de las pandillas antisemitas.

