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Poderosa alegoría italiana

En una pizzeria de provincia Saverio Moneta, alias Mantos, líder de la secta satánica Las Bestias de Abadón, reúne a sus huestes, los infradotados Murder, Zombi y Silvietta. Ha habido fuga de miembros a otros laboratorios esotéricos. El «Maestro Mantos» tiene en la secta su reivindicación secreta de su mujer que lo desprecia y lo ha puesto como encargado de la mueblería de su padre «Los Maestros del Hacha Tirolesa».
En busca de reconquistar adeptos el satanista aficionado decide que deben hacer un sacrificio ritual, asesinar a la cantante «Larita» Martelli, que abandonó el death metal para convertirse al catolicismo, dedicándole canciones al Papa. Larita participará de la superfiesta de Salvatore «Sasa» Chiatti, un corrupto promotor inmobiliario que tiene tan buenas relaciones con el poder que logró que privatizaran uno de los parque públicos más importantes de Roma, con palacio que fuera residencia de reyes incluido, para que él lo comprara y pusiera allí su Villa, esa que ahora inaugura con una fiesta que será el mayor suceso de Italia.
A esa «fiesta», que por momentos recuerda a la «inolvidable» de Blake Edwards, llega gente de la política, de la farándula, del deporte (futbolista argentino incluido), gatos en busca de billeteras alimenticias, chefs y médicos de moda y obvios paparazzis. Lo venal y lo banal se lanzan al banquete de vanidades. Entre las celebrities está, paseándose como Marcello Mastroianni en «La dolce vita»,
Fabrizio Ciba autor de un best seller, conductor de un programa «cultural» en la televisión, que no dejará de caer en narcisistas payasadas. Mientas el magnate propone comenzar un safari, donde no faltaran tigres, surgen como zombis de las catacumbas atletas rusos desertores del comunismo, que estaban allí desde las Olimpiadas de 1960. Y el desopilante delirio no para. Va, a fuerza de carcajadas, de sorpresa en sorpresa, hasta la más inesperada sorpresa final.
En 1600 Molière tomó la divisa «castigat ridendo mores» (corregir las costumbres riendo) de los teatros ambulantes italianos. El arte de hacer reír es una tradición italiana que tuvo su apogeo en la «Commedia dellArte» y que el siglo pasado tuvo momentos gloriosos con la «Commedia all italiana» de las películas de Dino Risi y Ettore Scola. Niccolo Ammaniti se enlaza a esa tradición, sumándole elementos de sofisticación irónica y narratividad posmoderna.
Se divierte y divierte con la Italia de Berlusconi (sin necesidad de nombrarlo) y sus fiestas orgiásticas. Pone al lector frente a un constante imprevisto, encadena situaciones grotescas, festivas, jocosas, su capacidad de provocación parece no tener fin. Quienes hace años disfrutaron de los extraordinarios cuentos de «La última nochevieja de la humanidad», primer libro de Ammaniti traducido al español, descubrieron que ese miembro del grupo de nuevos escritores italiano bautizado «Juventud caníbal» aportaba algo vigorosamente personal, una mezcla de géneros (terror, humor, grotesco, policial) en busca de regocijar al lector. Una década después, con una decena de libros en su haber, galardonado con los consgratorios premios Strega y Viareggio, traducido a 44 lenguas, y llevado al cine por, entre otros, Gabriele Salvatores, Ammaniti ha hecho de un lugar entre los grandes escritores de la Italia del siglo XXI.
M.S.


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