11 de octubre 2016 - 00:00

Polonia llora a Wajda, su director más importante

Varsovia - Figuras destacadas del mundo del arte y de la política en Polonia rindieron un emotivo homenaje ayer al célebre director Andrzej Wajda, maestro indiscutible del cine polaco y ganador de un Oscar honorífico, que murió el domingo por la noche a los 90 años, tal como se informó ayer.

"Todos somos Wajda. Veíamos Polonia, y a nosotros mismos, a través de él. Y la entendíamos mejor. A partir de ahora, será más difícil", se lamentó en su cuenta de Twitter Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y ex primer ministro polaco.

Desde su segunda película "Kanal" (La patrulla de la muerte), premiada en Cannes en 1957, hasta "Powidoki" ("Afterimage", 2016), que Polonia presenta este año al Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, Wajda dio testimonio de diferentes momentos de la historia de su país, a través de los grandes y muchas veces dolorosos episodios.

El cineasta, que ganó en 2000 un Oscar a la trayectoria (habitual compensación de Hollywood cuando ignora, en su momento, la obra de un director de trascendencia), deja tras de sí una larga serie de celebradas películas inspiradas en la turbulenta historia de su país.

"Un gran personaje, un gran polaco, un gran patriota y un gran director han pasado a la eternidad", lamentó Lech Walesa, líder histórico del sindicato Solidaridad y premio Nobel de la Paz.

"Cada vez que nos veíamos, me decía cosas de una gran sabiduría", destacó el ex presidente, que apareció en la película "El hombre de hierro", que cuenta, casi en tiempo real, la historia de Solidaridad, el primer sindicato independiente del bloque comunista, y que ganó la Palma de Oro en Cannes en 1981. "Nos volveremos a ver pronto, ya hice mis maletas", añadió Walesa ante varios periodistas, sin dar más detalles.

El director polaco Roman Polanski dijo que Andrzej Wajda, era un "símbolo de valentía y de libertad" y que con él se acaba un período de su vida. La escuela de cine de Lodz , de donde han salido todos los grandes nombres del cine en Polonia, incluyendo a Wajda, Krzysztof Zanussi y Krzysztof Kieslowski, colocó el lunes banderas negras en su entrada.

"Fue un hombre valiente, de una gran autoridad, un maestro para los jóvenes", dijo el actor Daniel Olbrychski, quien actuó en trece películas de Wajda. "Nos hablaba de nuestras minucias y de nuestras grandezas, directo a los ojos, sin seguir los rodeos de la mentira", añadió.

Wajda trabajó con Olbrychski después de la muerte de su actor icónico, Zbigniew Cybulski, el protagonista de "Cenizas y diamantes", muerto prematuramente en 1967, a los 40 años. Cybulski fue central en los primeros tramos de la carrera de Wajda no sólo por su atractivo físico y actoral, que le habían ganado el apelativo de "James Dean polaco", sino porque lo envolvía un halo de disconformismo que representaba al director y que lo acompañó durante toda su vida. Resumiendo el sentimiento general, un crítico de cine, Tomasz Raczek, escribió en Twitter: "El duelo en el cine polaco será largo".

En estos últimos meses, sus amigos habían comprobado que su salud iba deteriorándose a paso veloz, pero no querían pensar que se estaba yendo. "Sabíamos que estaba enfermo, que tenía 90 años. Entró hace unos días en el hospital, pero esperábamos que saldría", dijo a la cadena privada TVN24 el director y presidente de la asociación de cineastas polacos, Jacek Bromski.

A pesar de su edad, Wajda se mantuvo muy activo en estos últimos años, respaldado por su mujer, Krystyna Zashwatowicz, actriz, directora y escenógrafa.

En "Katyn", nominada al Oscar en 2008, Wajda relató la trágica historia de su padre, Jakub Wajda, que fue uno de los 22.500 oficiales polacos masacrados por los soviéticos en 1940, sobre todo en Katyn.

Su último largometraje, "Powidoki" (Afterimage), fue proyectado en septiembre en el festival de Toronto (Canadá) pero todavía no se ha estrenado. Wajda describe en él los últimos años de vida de un pintor vanguardista y teórico del arte, Wladyslaw Strzeminski, que lucha contra el poder estalinista.

"Con este film, quise advertir del peligro de cualquier intervención del Estado en los asuntos de arte", declaró en una de sus últimas intervenciones en público, hace cuatro meses, en un festival de cine polaco en Gdynia.

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