28 de septiembre 2010 - 00:00

Primavera barroca de José Ignacio Pfaffen

En cada obra de Pfaffen, la profusión de las formas y la reiteración rítmica del motivo hace que la figuración tienda a desvanecerse.
En cada obra de Pfaffen, la profusión de las formas y la reiteración rítmica del motivo hace que la figuración tienda a desvanecerse.
La galería Agalma acaba de inaugurar la muestra del joven santafesino José Ignacio Pfaffen, que llega desde las orillas del Riacho Santa Fe, cerca del barrio La Guardia, donde una escuela de cerámica preserva todavía la tradición del arte precolombino. Con su exuberancia ornamental y su barroquismo excesivo, los estetizados bouquets de Pfaffen se propagan incesantes.

Cada obra está poblada de energía, tensiones y contrastes. Las flores, ostentan el frondoso artificio de su origen barroco y las proliferaciones formales engendran una dinámica que satura el espacio de los cuadros. El color, los verdes, amarillos, rojos, naranjas y azules, acompañan y potencian el exceso.

Cada obra tiene un fin en sí misma, se agota en su propia belleza, como una pura abstracción. La profusión de las formas y la reiteración rítmica del motivo hace que la figuración tienda a desvanecerse.

La meta de los gestos poéticos de Pfaffen reside en el placer que depara pintar y en la felicidad que supone contemplar. Las flores primaverales como tema imponen su poderosa y llamativa presencia, y no exigen otro esfuerzo más que pasear la mirada y dejarse embargar por sensaciones voluptuosas.

A.M.Q.

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