La mirada crítica que el dramaturgo estadounidense Arthur Miller -fallecido el 10 de febrero de 2005- plasmó en sus muchas obras de teatro, se convirtió, al final de sus días, en una voz serena y compasiva, como se pone de manifiesto en sus relatos inéditos y póstumos reunidos con el título de «Presencia», que acaba de publicarse en España y apareció con mucho éxito a fines de 2007 en Estados Unidos. «Presencias» ofrece un conjunto de historias otoñales plagadas de dudas sobre el ser humano, y en las que el autor de «Muerte de un viajante», premio Pulitzer, y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2002, intenta descubrir el porqué de muchas cosas, a través de una mirada totalmente introspectiva e interrogante. Algunos de esos relatos habían aparecido en las revistas «The New Yorker», «Harper's Bazaar» y «Esquire».
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Los seis relatos tienen tintes autobiográficos y en todos ellos existe una exploración de la añoranza del deseo en las diferentes etapas de la vida. El volumen se abre con un relato en el que el protagonista, un joven de Brooklyn, se inicia en el conocimiento sexual. Después sigue con la angustia de un bailarín de claqué, judío, al que le contratan para bailar con su compañía en Berlín ante Hitler, quien queda fascinado por sus movimientos. Y hay un relato en el que se adivinan ecos del paso de Marilyn Monroe resonantes en la vida de Arthur Miller. Ambos contrajeron matrimonio en 1940 y se divorciaron cinco años después, tras una convivencia llena de altibajos.
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