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Publican en español las memorias de Françoise Sagan
Amante del riesgo, la velocidad, el juego, el alcohol y otras drogas, Françoise Sagan alcanzó una fama precoz con «Bonjour Tristesse» y, como dice en sus memorias, vivió siempre «al filo de la navaja».
Françoise Sagan (en realidad, Françoise Quoirez, 1935-2004) se convirtió en un símbolo de rebeldía en los años cincuenta y sesenta para todos los intelectuales del boulevard de Saint Germain, por donde pululaban Juliette Greco, Jean Paul Sartre o Simone de Beauvoir, en una París que apuraba la vida a tragos e ideas revolucionarias, en los garitos, con excesos, alcohol o jazz.
Así, esta mujer amante del riesgo, la buena vida, la velocidad, el juego, especialmente la ruleta y todo lo que se desarrollara sobre un tapete verde, el alcohol y otras drogas, vivió «al filo de la navaja», como demuestran estas memorias que publica ahora ediciones El Cobre. Con una escritura clara, contundente, fresca, plena de poesía, esta escritora repasa los personajes que más le han influido y a los que conoció, como Billie Holiday, Tennessee Williams, Carson McCullers o Nureyev.
Pero también describe con fascinación la pasión que siente por la velocidad, el juego, el teatro, Saint-Tropez, las cartas de amor a Jean Paul Sartre, las lecturas y los escritores que han conformado su vida.
Amante del riesgo, Sagan tuvo problemas con la ley por el alcohol, la cocaína y las deudas fiscales, pero no sólo figura en su vida este cuadro de excesos, sino sus 30 novelas, varias obras de teatro y algunas pe-
lículas. En este texto autobiográfico, la escritora escribe así sobre la velocidad: «A 200 kilómetros por hora...la sangre ya no se coagula al nivel del corazón, la sangre salta hasta la punta de las manos, de los pies, de los párpados convertidos en centinelas fatales e inexorables de su propia vida...quien no haya sentido cómo su cuerpo se pone en guardia mientras su mano derecha se alarga para acariciar la palanca de cambios... es que no le gusta la velocidad, que no ha amado la vida... o es que jamás ha amado a nadie».
De Billie Holiday, a la que conoció en Nueva York («una hembra joven y rubia»), adonde fue exclusivamente para oírla, escribe sobre su último encuentro en París que «en sus brazos se evidenciaban cada vez más las huellas de las agujas». «Ya no vi en ella aquella seguridad natural, ese equilibrio físico que la mantenía marmórea en mitad de las tempestades y los vértigos de su vida», dice.
Para el traductor y director de la colección, Alejandro Palomas, en este libro está la mejor Sagan. «La más íntima y brutal, la que sin tapujos y con mucha generosidad comparte con el lector su vida sin ningún filtro, algo que hoy sería muy extraño porque todo es mucho más gris y convencional». «Escribe desde la libertad más absoluta y lo hace no al final de sus días sino cuando estaba todavía muy activa», precisa Palomas.
Haciendo un poco de historia, ya desde la época de «Bonjour Tristesse», novela sobre una adolescente privilegiada con opiniones precoces acerca del amor, el sexo y los códigos morales al uso (llevada al cine en 1958 por Otto Preminger con Jean Seberg, Deborah Kerr y David Niven en los papeles protagónicos), Sagan se sometió ya a varias curas de desintoxicación, que no le sirvieron de mucho.
Igual siguió escribiendo y, en 1956, publicó «Un certain sourire», donde relataba la historia de una joven que se enamoraba de un hombre que podía ser su padre. El libro gustó a la crítica, que sin embargo, apuntó «graves defectos en la concepción de sus personajes» y «en el desarrollo de la trama». Tenía apenas 20 años y ya había alcanzado una fama única entre los escritores de su edad.
En 1960, Francçoise Sagan debutó como dramaturga con «Chateau en Suede», que se representó con buen éxito. También empezó a escribir para «L'Express» y provocó resquemores en el Gobierno francés por su militancia contra la tortura en Argelia. Más adelante escribió otras piezas teatrales como «Il faut beau Jour et nuit»(1978) o «L'ex-ces contraire» (1987).
Antes de retirarse por incapacidad, escribió varias novelas que lograron venderse más por la fama de Sagan que por su calidad. La última fue «Le miroie égaré» (1996), sobre un triángulo amoroso entre una millonaria y una pareja joven. Ese mismo año, publicó «Derriere l'épaule», una mirada crítica sobre su vida, que vino a completar, por así decirlo, lo que se consideró como su primer libro de memorias: «Et toute ma sympathie» (1993). En 2001, publicó el segundo: «Aimez vous Sagan?» y, en 2002 dio a conocer su intercambio epistolar con George Sand y Alfred de Musset.
Ya enferma y arruinada económicamente, pese a que había muchísimo dinero, Fran-çoise Sagan tuvo que vender su casa en Normandía (pero más tarde los nuevos dueños le permitieron volver a vivir en ella hasta su muerte en 2004) y su departamento de París. Sus últimos años fueron una larga lista de escándalos de drogas, condenas por fraudes fiscales y otros asuntos de los que ella nunca se arrepintió. O al menos eso era lo que ella sostuvo hasta último momento.
Agencia EFE y Especial


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