"Es una papa tan caliente que cada país quisiera pasársela a otro país", comentó el diputado ruso Viacheslav Nikonov, quien se reunió el viernes con Snowden en la zona de tránsito del aeropuerto moscovita de Sheremetievo. Sin embargo, al igual que otros miembros del partido Rusia Unida, afín al Kremlin, Nikonov se mostró seguro de que el Gobierno reconocerá el estatus de refugiado de Snowden.
Probablemente también por esta razón, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tomó el teléfono para discutir la situación con su homólogo Vladímir Putin en la noche del viernes al sábado. La relación entre los dos presidentes no es la mejor. Los líderes de ambas potencias tienen problemas internacionales demasiado importantes, como la guerra en Siria o la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, como para desatar una nueva Guerra Fría por un individuo.
Putin y Obama tienen previsto reunirse a principios de septiembre, primero en Moscú y después en la cumbre del G-20 en San Petersburgo. Ésta es otra razón por la cual Moscú y Washington desean que el exagente secreto abandone Rusia lo antes posible.
Snowden, protagonista de un escándalo mayúsculo desatado por sus revelaciones de secretos de espionaje de Estados Unidos, de todas formas sólo quiere estar de tránsito en Rusia para seguir viaje a América Latina, donde ya le han ofrecido asilo Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Por tanto, es de esperar que cumpla con la condición establecida por Putin de que al menos durante su estancia en Rusia no cause más daño a Estados Unidos con nuevas revelaciones.
También Putin siempre dejó en claro que quiere sacarse de encima a Snowden lo más pronto posible. Varios comentaristas en Moscú creen que al presidente no le resulta útil un luchador por la justicia y la verdad que es celebrado como un héroe.
Y es que llama la atención la gran cantidad de detractores del Gobierno ruso que están encarcelados, bajo arresto domiciliario o sometidos a juicio. Entre estos últimos también figura el bloguero Alexéi Navalny, conocido por sus revelaciones y lucha contra la corrupción.
Entretanto, politólogos rusos hablan cada vez más de una situación de empate, de la que ni Estados Unidos ni Rusia pueden salir como vencedor. Putin no podría retirar su oferta de asilo a Snowden sin que su imagen y la de su país sufriera un enorme desprestigio, opinó el analista Fiodor Lukianov.
Obama, por su parte, se ve obligado, por motivos de política interna, a insistir en la extradición del "traidor de secretos", escribió Lukianov, redactor jefe de la revista Rusia en la Política Global. Su conclusión: "Snowden es molesto para Moscú y Washington. Putin no quiere que este caso rompa la delgada tela de contactos necesarios".
¿Y qué puede pasar ahora? El periódico MK sospecha que ya en breve Estados Unidos ampliará la llamada "lista Magnitski" con más sanciones contra funcionarios rusos. Con esas sanciones, Estados Unidos castiga por ley a determinados rusos por violaciones de los derechos humanos. La lista toma su nombre del abogado Serguéi Magnitski, un crítico del Kremlin que murió en 2009 en prisión preventiva en condiciones penosas.
El que la Justicia rusa termine por ensañarse aún más con Magnitski, en un juicio sin precedentes, condenando a muerte por fraude fiscal, podría provocar ahora nuevas reacciones en Estados Unidos. Y entonces, Rusia tendría un buen motivo para entregar a Snowden, escribió la revista.
| Agencia DPA |


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