9 de julio 2012 - 00:00

Religión y Estado, polos de una puja política peligrosa

Ayman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, es el exponente de la visión más extrema dentro de los proyectos de islamización forzada de los diferentes países musulmanes.
Ayman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, es el exponente de la visión más extrema dentro de los proyectos de islamización forzada de los diferentes países musulmanes.
Argel - Salafistas, wahabitas, takfiritas y yihadistas, todo el espectro cromático del extremismo islámico, tienen en su punto de mira el laicismo, la separación entre la religión y el Estado.

El reciente mensaje del máximo dirigente de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, contra el partido islámico moderado Al Nahda, que gobierna Túnez desde octubre, es el último ejemplo de este rechazo frontal de los más radicales a cualquier forma de gobierno que no implique la aplicación de la «sharía» (ley islámica).

Según Al Zawahiri, médico de formación y egipcio de nacimiento, «los líderes del partido islámico Al Nahda en Túnez han explicado que no piden que la sharía sea fuente de la legislación con el fin de elaborar una Constitución de consenso».

«¿Han escuchado que algún hospital diga que no tiene nada que ver con el tratamiento de enfermos, o a un partido comunista que anuncie que no insta al comunismo, o a una agrupación democrática o laica que anuncie que no quiere aplicar sus principios? No, no lo han visto», sentenció el ideólogo terrorista preguntando y respondiéndose a sí mismo.

Para Al Zawahiri, los dirigentes de Al Nahda «dicen que pertenecen al islam moderado, de centro e ilustrado», pero son todo lo contrario.

«Que se llamen como quieran, pero ellos son contrarios al Corán y a la suna», las tradiciones del profeta Mahoma, concluyó Al Zawahiri antes de acusarlos de haber inventado «un islam por encargo» que satisface a Occidente.

Esta polémica sobre la forma de gobierno entre islamistas extremistas y moderados, que también muestran su rechazo al laicismo, ha recobrado su fuerza tras las rebeliones populares de Túnez, Egipto y Libia.

Estos levantamientos dieron alas al islamismo político y permitieron que los ideólogos rigoristas que vivían en la clandestinidad se expresen libremente.

En medio de esta polémica, quienes abogan por la separación entre el Estado y la religión han intentado sin éxito acuñar nuevos términos, como Estado liberal o civil, para alejarse del sambenito de la herejía colgado sobre el laicismo.

Pero muchos de los predicadores y telepredicadores salafistas, con un discurso directo, popular, simplista y a veces cómico, lo han dejado completamente claro: todo musulmán que no quiera aplicar la «sharía» no es un musulmán.

Es el caso del egipcio Wagdi Goneim, invitado el pasado febrero a Túnez por grupos salafistas para ofrecer varias charlas en distintos puntos del país, en una visita que levantó resquemores.

En varios discursos emitidos por el canal salafista Al Nas, y que Goneim mantiene colgados en su página de Facebook, éste carga contra laicos, liberales y todos aquellos que instan a un Estado civil.

«Si apoyo a un club de fútbol, ¿quiero que el club gane o pierda? ¿Es lógico que apoye a un club, pero que no quiera que gane la liga o la copa?», se preguntó Goneim antes de responder que sería algo ilógico, como también lo es, agrega, que un musulmán no quiera ver aplicada la ley de Dios.

Goneim tampoco defiende el islamismo moderado. En Egipto pidió el voto para el candidato de la Hermandad Musulmana, Mohamed Mur, en la segunda vuelta de las presidenciales. No porque haya sido un candidato islamista, sino por haber sido el contrincante de Ahmed Shafiq, último primer ministro del expresidente Hosni Mubarak, que sólo toleraba a los salafistas que no se inmiscuían en política.

La polémica ideológica entre el laicismo, un islamismo más práctico y moderado y otro más extremista y, en ocasiones, con derivaciones violentas, tiene sus orígenes más cercanos en el Egipto de la década del 60. Ahora, regresa con nuevos bríos.

En Túnez, el partido islámico Al Nahda se encuentra en medio de las presiones de los más laicos, que lo acusan de ser condescendiente con los más radicales, y las de los salafíes, que lo identifican con el laicismo y lo acusan de traicionar los principios islámicos.

En el norte de Mali, los rebeldes que proclamaron la independencia del estado de Azawad en abril no terminan de encontrar un punto de encuentro con Ansar Al Din, que aboga por la aplicación de la «sharía».

En Libia, donde las autoridades ya han mostrado su compromiso con que la «sharía» sea fuente del derecho, cientos de salafistas armados se concentraron recientemente en Bengasi, la segunda ciudad del país, para pedir la aplicación de la ley islámica.

En Egipto, la triunfante Hermandad Musulmana se encuentra en una disyuntiva parecida a la de Al Nahda, entre una oposición salafista que pide la «sharía» y una laica que llama a la separación entre la religión y el Estado.

Agencia EFE

Dejá tu comentario