21 de septiembre 2010 - 00:00

Ruiz: “Filmo mucho porque soy tranquilo”

Después de superar un grave problema de salud, Raúl Ruiz volvió con un delicioso folletín, «Misterios de Lisboa», que presentó en la muestra.
Después de superar un grave problema de salud, Raúl Ruiz volvió con un delicioso folletín, «Misterios de Lisboa», que presentó en la muestra.
San Sebastián (Enviado especial) - «Misterios de Lisboa», de 256 minutos, terminó siendo una delicia, medio larga, es cierto, pero muy agradable, y lo mejor de la competencia oficial hasta el momento. Pero más agradable aun fue ver a su realizador, el veterano Raúl (o Raoul) Ruiz, con vida. Enflaquecido, enjuto, de bastón, pero resucitado, tras un salvador transplante de hígado. «Estuve muerto», exageró ayer ante este diario «pero resistí la tentación de volver a Chile. Ya saben, cuando uno se porta mal, en vez del infierno se va a Chile». De todos modos, volverá «cuando mis tiempos, Dios, y el doctor me lo permitan, es decir en noviembre», para hacer una puesta de «Hamlet» («es la historia de un señor danés») y otros proyectos. Dialogamos con él sobre el folletín decimonónico que ha traído a concurso.

Periodista: Parece que le interesa el folletín.

Raúl Ruiz:
De joven hacía finales de capítulos de telenovelas mexicanas y teatro de vanguardia al mismo tiempo. Telenovelas es lo que más me gusta. Por eso, el productor portugués Paulo Branco me permitió hacer este folletín, que resume la novela en tres tomos de Castelo Branco. En esos tres libros se llora mucho. Un promedio de tres llanteríos por página. Lo redujimos a un llanto cada 20 páginas, y no llanto, sino sufrimiento, ahogo, que es mejor. E hicimos la película de cuatro horas largas, y una serie de seis horas. Ahí están la envenenadora, las amantes del cura, las protegidas del cura, y algunas cosas igual no van a quedar claras. Me gusta jugar con los puntos suspensivos, que el espectador complete a su modo las diversas historias».

P.: ¿Cómo resolvió el duelo final?

R.R.: Pedí un figurante, para ponerlo al fondo. Me gusta que ocurran cosas al fondo de la escena, lo aprendí mirando las pinturas de Brueghel. Me traen un chico muy joven. ¿Qué hago yo con éste? Recordé que en el S. XIX venían de todas partes de Europa a suicidarse en Portugal. Imaginamos un inglés. Los ingleses son maniáticos. Este viene a suicidarse y se ve demorado por ese duelo ridículo. Y al final se mata, claro. Todos estos personajes andan de aquí para allá, hacen una colisión, como dicen que hacen las partículas, y así nace la historia, que es como una telenovela brasileña comprimida. La ventaja es que no va a atraer multitudes, todos tendrán espacio para respirar.

P.: ¿Lo impresionó algún melodrama en particular?

R.R.:
Recuerdo uno italiano muy largo, con mucho llanto, y recuerdo que yo, que no había llorado ante ninguna de las desgracias que vivían sus personajes, al final lloré, porque vi que la película se iba a terminar. No quería que terminara, ellos ya eran como de mi familia.

P.: ¿Cómo hizo tantas películas?

R.R.: Porque filmo tranquilo. No me enoja nadie, voy al rodaje para estar bien, y hasta dispongo tiempo para dormir la siesta. En cine te encuentras con Guillermo Tell, que dispara una sola flecha, o con la batalla de Agincourt, donde vuelan cientos de flechas. Más tranquila para filmar es la de Guillermo Tell.

Entrevista de P.S.

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