22 de octubre 2013 - 00:00

Sal en las heridas de las víctimas

Madrid - "Lo único que pedimos es justicia y dignidad", dice Jesús Faucha, decepcionado por la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que exige la liberación de la etarra Inés del Río, responsable del atentado que le truncó la vida.

Exagente de la Guardia Civil, Faucha, corpulento y de pelo canoso, aún tiene en mente el momento en que el 25 de abril de 1986, mientras conducía una camioneta todoterreno por el centro de Madrid, un coche bomba explotó a su derecha. Provocó la muerte de cinco de sus ocho compañeros y a él le dejó graves secuelas físicas. "Me considero un afortunado porque el cabo que tenía al lado se quedó muerto a mis pies. Igual que murió él, podría haber muerto yo", explica el exguardia civil, inválido desde entonces por falta de audición, escasa movilidad en el brazo derecho y ceguera completa en un ojo, que siempre tiene entrecerrado.

"En esa época yo tenía 26 años, tenía muchas ilusiones, iba a nacer mi segundo hijo, quería intentar ascender o colocarme mejor en el cuerpo. Y todo quedó truncado", dice Faucha, que había entrado en la Guardia Civil española en 1980, con sólo veinte años. "Desde entonces no estoy bien, he sido fuerte y he intentado olvidar pero, quieras o no, quedas muy marcado", admite.

El atentado que le provocó estas secuelas fue orquestado por un comando de la organización armada independentista del que formaba parte Inés del Río. Fue esta mujer, ahora de 55 años, quien consiguió que el TEDH anulase la denominada "doctrina Parot", que permite alargar el tiempo de encarcelamiento de los presos con múltiples condenas.

"A mí lo que me gustaría es que si la han condenado a 3.800 años y la ley española dice que hay un máximo de 30 años, pues que cumpla 30 años. No pido nada más", reclama Faucha, tras una conferencia de prensa de Asociaciones de Víctimas del Terrorismo para la que la sentencia "quiebra el Estado de derecho".

Junto a Faucha se encontraban otras decenas de víctimas de la organización vasca, considerada responsable de 829 muertes durante cuarenta años de lucha armada por la independencia del País Vasco. "Todavía estoy en tratamiento psicológico. La ansiedad es algo de por vida, tengo trastorno postraumático crónico, y aunque las secuelas físicas se curan, todavía tengo metralla en la cabeza, en un brazo y en un costado", explica el exagente Alfonso Sánchez, que en septiembre de 1985 sufrió un atentado del comando de Del Río contra un microbús en el que viajaba con otros compañeros.

En esa ocasión, el ataque hirió a doce agentes y provocó la muerte de un ciudadano estadounidense que paseaba por las cercanías. "Yo era muy joven. Tenía 19 años y acababa de entrar en la Guardia Civil", afirma Sánchez. Ese momento "lo recuerdas día a día", añade.

Agencia AFP

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