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Sandra Ballesteros: una voz expresiva pero poco entrenada
En Sandra Ballesteros siempre dominó su carrera como actriz, y eso se nota cuando asume el papel de cantante.
Hacía pocas horas que había estrenado una obra de teatro («Edipo.com») junto al actor Pablo Alarcón en una nueva y pequeña sala rebautizada El tinglado (en un espacio en el que funciona hace tiempo un centro cultural). Y justamente por eso, su reaparición como cantante frente al público sólo fue posible en la segunda parte del show, con el tiempo necesario para terminar su pieza teatral, cambiarse y llegar hasta el hotel de Recoleta.
Desde esa perspectiva, siendo que siempre ha tenido su actividad como cantante de manera paralela pero en un lejano segundo plano respecto, se le notan a Sandra Ballesteros dos aspectos por igual: en principio, el gran entusiasmo con que encara esta tarea y el amor por las canciones y, a la vez, la escasa experiencia en un territorio en el que se la nota mucho más amateur.
Sin dudas, sabe elegir las canciones: de los repertorios de Ella Fitzgerald (evidentemente, una de sus favoritas) con títulos como «Black Coffee», «Body and Soul» o «Angel Eyes», pero también de Marilyn Monroe, Amy Winehouse, Billie Holliday o de alguna película legendaria, como «Miss Brown» de «Gilda». También está de su lado lo que es capaz de hacer con su garganta. Sin ser especialmente original, es prolija en su afinación y tiene la expresividad que requiere un listado de piezas que, sin dudas, conoce bien y quiere profundamente. Lo que hace a sus espaldas el grupo Jazz 4 está también dentro del terreno de lo convencional, pero sirve para dejarla siempre en el necesario primer plano como solista.
Su mayor problema está en una falta de rodaje que la muestra confusa en la conducción del espectáculo, en el diálogo con el público, en el modo de presentar sus canciones; cuestiones menores que se solucionarían con alguien que la marcara un poco y le diera los consejos apropiados.
Haciéndole «el aguante», la primera parte del concierto estuvo a cargo exclusivamente del cuarteto liderado por el clarinetista y saxofonista Gustavo Firmenich. En este caso, hicieron un homenaje a Benny Goodman con títulos como «Salón rosado», «Cest si bon», «Seven Come Eleven», «Bailando en el Savoy», «Rosa Madreselva» o «I cant give you anything but love, baby».
R.S.


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