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Se extiende la anarquía en El Cairo y la oposición redobla hoy su apuesta
Los opositores a Hosni Mubarak exhibieron las identificaciones de policías mezclados entre la turba que los atacó ayer nuevamente (izquierda). Barricadas, enfrentamientos, disparos, muertos y heridos fueron otra vez las imágenes dominantes (centro y derecha).
Emboscadas por parte de presuntos simpatizantes del presidente egipcio, Hosni Mubarak, se extendieron por el centro y los barrios, y a veces tuvieron como víctimas a extranjeros y periodistas (ver aparte). En plena noche habían fallecido cinco manifestantes anti-Mubarak, y a ellos se sumaron otros tres horas más tarde. También volvieron a ocurrir virtuales linchamientos de agentes oficialistas que eran detectados por la multitud, que llegó a ser de 10.000 personas en el atardecer de la plaza Tahrir. Además de los muertos, el Ministerio de Salud indicó que hubo 836 heridos.
La actuación de escuadrones mubarakistas marcó el tono previo al «día de la salida» del mandatario, en términos esperanzados de los opositores al gobernante de 82 años, treinta de los cuales estuvo en el poder. Ya el viernes pasado, las manifestaciones posteriores a la plegaria del mediodía fueron un punto de inflexión, que dio paso a una feroz represión. Hoy, otro día clave, hay convocadas marchas y actos en ciudades egipcias y en parte del mundo árabe.
En medio de pedidos de «disculpas» y extraños anuncios de diálogo de parte del Gobierno (ver aparte), los manifestantes opositores organizaron barricadas en las calles aledañas a la plaza y coordinaron formas de dar aviso ante la presencia de sospechosos. En muchos casos eran mujeres, algunas con velo, las que golpeaban piedras contra faroles que actuaban de «campana» en casos de riesgo.
En la plaza, el ambiente era de compañerismo. Jóvenes mujeres veladas distribuían la comida y agua que otros habían llevado.
«Aquí hay todo tipo de egipcios: comunistas, liberales, islamistas... Estamos todos unidos», se congratuló Jaled, de 23 años, un empleado del sector turístico en Sharm el Sheij y que, como muchos, llevaba un vendaje en la cabeza por un piedrazo.
Por su parte, grupos oficialistas interceptaban a opositores que se dirigían a la plaza, y si les detectaban comida, la arrojaban al Nilo.
El Ejército sigue «dejando hacer». Unos 50 militares se desplegaron por la mañana, a destiempo, para crear una zona de seguridad, pero los partidarios del régimen lograron desbordarla.
La presión internacional sobre Mubarak se hizo notar nuevamente ayer. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y los jefes de Gobierno de Alemania, Angela Merkel, y de Gran Bretaña, David Cameron, reiteraron el pedido de «iniciar un proceso de cambio» frente a las «reivindicaciones legítimas» de los egipcios.
La jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, consideró, en una conversación telefónica con el vicepresidente, el impopular Omar Suleimán, que el estallido de violencia del miércoles «era un hecho escandaloso tras muchos días de manifestaciones pacíficas», informó el Departamento de Estado.
Una nota más suave tocó el presidente ruso. «(Dmitri) Medvédev dijo que esperaba que el período difícil que está atravesando Egipto, un país amigo, sea superado en tiempos breves con medios pacíficos y legales», refirió el Kremlin a la agencia de noticias Interfax.
La revuelta, primero tunecina y luego egipcia, se expande por el mundo árabe. El presidente yemení Alí Abdalá Saleh, en el poder desde hace 32 años, no logró apaciguar los reclamos con su promesa de no aspirar a un nuevo mandato y decenas de miles de manifestantes a las calles para reclamar reformas.
En Siria, donde a través de las redes sociales hubo llamados a manifestaciones el viernes y el sábado, el presidente Bachar al Asad, que en 2000 sucedió a su padre, afirmó que quiere «continuar el cambio a nivel del Estado y de las instituciones».
En Argelia, el presidente Abdelaziz Buteflika anunció ayer que el levantamiento del estado de urgencia, en vigor desde hace 19 años, ocurrirá «en un muy cercano futuro». Argelia vivió en los años 90 una década de violencia islamista que causó decenas de miles de muertos.
Por su parte, en Marruecos, el Gobierno expresó su determinación a mantener las subvenciones para los productos básicos. También fueron convocadas manifestaciones en Cisjordania, que fueron prohibidas. El portavoz de las fuerzas de seguridad palestinas anunció que «todas las reuniones en apoyo a cuestiones regionales quedan prohibidas».
Agencias EFE, Reuters, AFP, DPA y ANSA


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